Los aviones del Palacio: ¿una flota al servicio de Correa?

La lectura del borrador del informe de la Contraloría sobre los vuelos de la Presidencia en los últimos cinco años del correato evidencia una serie de posibles irregularidades cometidas por el personal del Palacio y la Fuerza Aérea, que es la que opera las naves presidenciales. El volar a sus anchas fue una de las preocupaciones de Rafael Correa desde el primer día. Se compraron dos aviones muy pequeños que no permiten llevar comitivas.

Volar a sus anchas fue, desde el primero hasta el último día de la dominación correísta, un asunto de absoluta prioridad. Para Rafael Correa, comprar un nuevo avión presidencial para los viajes del mandatario dentro y fuera del país fue un asunto clave. La Contraloría ha iniciado un estudio sobre la forma en la que los aviones del Palacio fueron usados durante los últimos cinco años del correato. En la Contraloría se explica que no pueden investigar toda la década porque sino los informes no se hacen en un plazo determinado, se vuelve imposible realizarlos por disposición legal. 

Por ello, durante este año, la Contraloría inició el examen especial sobre el uso de los dos «aviones orgánicos» de la Presidencia de la República, un jet de fabricación brasileña tipo Embraer Legacy y otro construido en Francia, un Falcon Dassault 7X, así como sobre la forma en la que el Gobierno usó naves de TAME y de Petroamazonas para sus viajes dentro y fuera de la República.

A la lectura del borrador del informe especial concurrieron el pasado viernes 14 de diciembre de 2018, un nutrido grupo de oficiales y tropa de la Fuerza Aérea, reconocibles por sus chompas de color azul, y algunos del Ejército, en traje de fatiga verde. También estuvo el ex secretario de la Presidencia y ex presidente del Consejo Nacional Electoral, Omar Simon Campaña.

A la lectura del borrador del informe especial concurrieron el pasado viernes 14 de diciembre de 2018, un nutrido grupo de oficiales y tropa de la Fuerza Aérea, reconocibles por sus chompas de color azul, y algunos del Ejército, en traje de fatiga verde. También estuvo el ex secretario de la Presidencia y ex presidente del Consejo Nacional Electoral, Omar Simon Campaña. Además de ellos, se permitió el acceso de algunos medios de prensa, que debieron tomar nota ante la imposibilidad de ingresar celulares a la lectura, cuyo objetivo, según precisó Sonia Sierra, la funcionaria de la Contraloría a cargo del tema, era que los involucrados puedan presentar precisiones o descargos. 

Pero la trama de los aviones presidenciales había empezado casi al primer día del correato, y fue uno de las formas en las que el ex profesor de economía de la Universidad San Francisco de Quito puso su impronta en el ejercicio del poder. 

El vuelo del «Camastrón»

Era diciembre de 2006, hace ya doce años. Rafael Correa y su grupo habían ya ganado las elecciones y se preparaban para asumir el poder en enero de 2007. El entonces presidente electo del Ecuador realizaba los primeros contactos internacionales previos a la asunción presidencial. En la Base Aérea, al norte de Quito, las principales figuras del correísmo van llegando una a una. Está Gustavo Larrea, designado ministro de Gobierno. Llega también Fander Falconí. Correa y sus seguidores se preparan para viajar a Venezuela, viaje al que han invitado a los medios nacionales, a pesar de su discurso antiprensa. Todos esperan en el casino de la FAE en la Base que un avión enviado por el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, aterrice en la pista del antiguo aeropuerto. 

El avión enviado por Venezuela es un viejo Boeing 737, que servirá todavía algunos años como avión presidencial, antes de que Chávez se compre un flamante Airbus 319. La población venezolana lo apodaba «El Camastrón» por ser antiguo y ruidoso. A bordo de esa nave subieron Correa y su comitiva y la prensa privada, todos respirando el mismo aire. 

No era la primera vez que se organizaba una gira presidencial de ese tipo. Quienes cubriámos el Palacio de Gobierno habíamos acompañado a varios ex presidentes, desde Fabian Alarcón hasta el flamante presidente electo, a bordo de los aviones de TAME, que la Presidencia pedía especialmente para la ocasión. Generalmente ocurría lo mismo que cuando viaja el Papa o el presidente de los Estados Unidos: en la parte delantera se sientan en las autoridades, en la sección económica las comitivas, la prensa y la seguridad. Hasta los tiempos de Lucio Gutiérrez, los viajes a los países cercanos se hacían a bordo de los Boeing 727 de TAME que la estatal operaba todavía. 

Las costumbre se repitió en este caso también, y el «Camastrón» enfiló hacia Caracas, en lo que sería uno de los primeros contactos del nuevo presidente ecuatoriano con su homólogo de la República bolivariana. Tres horas después, cuando la nave llegó al aeropuerto de Maiquetía, está al pie de la escalerilla el mismo Hugo Chávez. Primero bajó Correa, vestido de traje y corbata -aún no imponía su dudosa moda étnica de camisas bordadas- y luego los integrantes de la comitiva. Como el «Camastrón» tenía una sola salida delantera, el presidente electo vio pasar ante él y su anfitrión a todos los que habían llegado en ese viaje. Chávez saludaba muy atento con todos; Correa, en cambio, no podía evitar evidenciar la molestia de tener que presentar a los reporteros de la prensa privada. 

Como el «Camastrón» tenía una sola salida delantera, el presidente electo vio pasar ante él y su anfitrión a todos los que habían llegado en ese viaje. Chávez saludaba muy atento con todos; Correa, en cambio, no podía evitar evidenciar la molestia de tener que presentar a los reporteros de la prensa privada.

El Gobierno bolivariano fue espléndido: todos los ecuatorianos que llegaron a bordo del «Camastrón» fueron conducidos al hotel Meliá Caracas, uno de los principales hoteles de lujo de la ciudad. En el camino, grupos de personas con camisetas rojas esperaban a lo largo del trayecto desde el aeropuerto hacia la ciudad al pie del Ávila para saludar a los mandatarios. El alojamiento y todos los demás gastos los pagó el Gobierno de Venezuela, que movilizó agentes del Ejército para la custodia de los reporteros. Ellos mismos admitían que la ciudad era peligrosa y recomendaban no abandonar el hotel. 

Tras la gira, la delegación ecuatoriana embarcó de nuevo en el «Camastrón». Correa accedió reticente y agresivo a pasar a la parte de atrás del avión para hacer lo que hacen hasta los papas cuando salen de gira: hablar con la prensa. Respondió con evasivas, cuestionamientos y advertencias. Ya en esa época, una mujer joven lo acompañaba para ajustarle el nudo de la corbata. Cuando el «Camastrón» llegó a Quito, Correa desembarcó rápido. Los vuelos con comitivas de prensa privada estaban a punto de ser cosa del pasado.

Dos nuevos aviones

Tan pronto llegó al poder, Rafael Correa empujó la compra de dos aviones presidenciales. Si las salidas internacionales se hacían en un avión de TAME, los vuelos internos debían hacerse en un antiguo avión AVRO que databa de la época de Velasco Ibarra. Por ello, se decidió por la compra de un pequeño jet ejecutivo para menos de 15 personas, que debería servir para los desplazamientos en el interior del país. En diciembre de 2008, se compró un Legacy en 28 millones de dólares. 

Lea también: Un Falcon 7X para Correa

El jet presidencial era tan pequeño porque el Gobierno correísta consideró que no era necesario llevar más que al presidente, algunos funcionarios y miembros de la seguridad. El concepto venía de los años 80 y 90, y se basaba en la consideración de que el presidente necesitaba solo un avión pequeño para uso doméstico capaz de operar en pistas cortas del interior del país. Fue ese criterio el que motivó las compras de anteriores aviones presidenciales, como el Beechcraft King Air en el que encontró la muerte el presidente Jaime Roldós en 1981 o los jets Sabreliner que se usaban en tiempos de León Febres Cordero (1984-1988). 

Pero pronto se hizo evidente que el pequeño jet ejecutivo, por su automomía y falta de espacio, era muy poco práctico para vuelos internacionales. Esa es la razón por la que la mayoría de países de la región usan aviones grandes con más sillas y autonomía de vuelo. Por ello, en 2013 se adquirió un avión más potente y con mayor autonomía, el Falcon, a un costo de USD 50 millones. En total, se gastaron USD 78 millones en ambas naves. La comparación entre el rendimiento de ambas naves es significativa: en un vuelo transatlántico Quito-Madrid, el Legacy demora 18 horas (hace dos escalas debido a que lleva menos combustible), mientras que en el Falcon toma 10 horas con 30 minutos (no necesita escala).


Este es el primer jet comprado por el ex presidente Correa, un Legacy 600 de fabricación brasileña. 

La comparación entre el rendimiento de ambas naves es significativa: en un vuelo transatlántico Quito-Madrid, el Legacy demora 18 horas (hace dos escalas debido a que lleva menos combustible), mientras que en el Falcon toma 10 horas con 30 minutos (no necesita escala).

Pero no se trata solo de tener dos aviones: también se necesita pilotos, mecánicos, repuestos y gastos distintos para cada modelo de aeronave. Mientras otros países de la región como Chile, Colombia, Argentina o México tienen un solo avión presidencial con autonomía suficiente para vuelos largos y asientos para llevar a las comitivas, el Ecuador de Correa adquirió dos aviones pequeños que, sin embargo, parecen ideal para volar «discretamente» y al capricho de las órdenes del Palacio. 

La «venta del avión presidencial» se convirtió en un tópico de campaña durante las últimas elecciones presidenciales. Al llegar al poder, el presidente Lenin Moreno anunció en agosto de 2017 la venta de una de las dos aeronaves, que no se ha concretado. Varios analistas pensaron en ese momento que sería mejor deshacerse del Legacy y quedarse con el Falcon, pero vender el pequeño jet brasileño podría significar que no den por él más de 14 millones de dólares. 

Los reparos de la Contraloría

La Auditoría Central de la Contraloría le ha puesto la lupa al uso de las naves presidenciales del correato, pero solamente entre el 1 de enero de 2012 y el 24 de mayo de 2017, es decir, durante los últimos cinco años del Gobierno de Correa.

Uno de los ejes del borrador de informe destaca que además de despegar el avión presidencial en vuelos internacionales, se enviaba toda una flota de naves ecuatorianas conformada por aviones de TAME y Petroamazonas. La razón salta a la vista: en ese tipo de viajes oficiales se necesitaba un avión más grande que los pequeños jets en los que Correa volaba con su entorno más íntimo. Hasta 15 veces el Ecuador envió toda una flotilla de tres aviones: el jet de Correa y su entorno, un avión de TAME y otro de Petroamazonas, llegando en una ocasión hasta sumar 208 asientos en el aire. 

Así, el llamado Grupo de Transporte Aéreo Especial (GTAE) que está conformado por militares de la Fuerza Aérea, además de operar las dos «naves orgánicas» del Palacio, debía conseguir vuelos de TAME y hasta el avión de Petroamazonas, que eran enviados al exterior transportando comitivas en un despligue digno de un país del primer mundo. 

El informe analizó 261 vuelos internacionales y por lo menos 2372 nacionales y tomó en cuenta el trayecto completo y no las escalas. De 214 vuelos de los aviones presidenciales, en el 29,44% estuvo el propio presidente, y en el resto otros altos cargos del Gobierno. Los aviones, ha precisado la Contraloría, son exclusivamente para el traslado del presidente, vicepresidente, primera dama de la Nación y miembros del Gobierno, y hay que ser funcionario público para volar en ellos. Por ello, para la Contraloría, en varias ocasiones se «desvirtuó el uso de los aviones presidenciales». 

Los aviones, ha precisado la Contraloría, son exclusivamente para el traslado del presidente, vicepresidente, primera dama de la Nación y miembros del Gobierno, y hay que ser funcionario público para volar en ellos. Por ello, para la Contraloría, en varias ocasiones se «desvirtuó el uso de los aviones presidenciales».

Aunque los auditores admiten que el ex presidente «no era el custodio de los aviones», responsabilizan a Correa por una serie de irregularidades en el uso de los aparatos, que han provocado millones de dólares de perjuicio al Estado. Y esbozan una cifra: por lo menos 13 millones y medio de dólares gastados demás en los vuelos presidenciales. 

La Contraloría pone varios reparos. En primer lugar, que los jets salían sin las autorizaciones y coordinaciones debidas entre el Palacio, el GTAE y la Fuerza Aérea. No se precisaba en muchos casos quiénes iban a bordo y a qué viajaban. Los responsables de eso, afirman los auditores, eran los funcionarios de la Secretaría General del Despacho Presidencial, que era los encargados de la logística del mandatario y del control de las «aeronaves orgánicas» del Palacio. 

Pero como les faltaban asientos, debían recurrir a pedir aviones a TAME y a Petroamazonas. TAME explicó a la Contraloría sobre 24 vuelos y Petroamazonas sobre 12, pero la información sobre quiénes iban a bordo y por qué no está todavía clara en los llamados «Vuelos de cortesía» en especial del avión de la petrolera, que es otro Embraer. La Contraloría admitió que aún cuenta con información fragmentaria, en especial, por parte del GTAE y la Fuerza Aérea. 


Correa ha defendido el uso de los aviones del Palacio para sus vuelos: ¿era de ir en flota Pelileo? ironizó. 

¿Escalas técnicas o «paraísos fiscales»?

Otro eje que investiga la Contraloría son los vuelos de las naves presidenciales a los llamados «paraísos fiscales», clasificación que toman de las normas del Servicio de Rentas Internas. A la Contraloría le preocupa que las naves del Gobierno -no se precisa  si el Legacy o el Falcon- hayan tocado tierra en países como Panamá, Barbados, Cabo Verde o Luxemburgo, así como otras islas del Caribe. El borrador no precisa si se trató de escalas técnicas -el abogado de Correa, Alexis Mera, ha señalado que esa era la razón de las escalas, simplemente repostar combustible- pero destaca que los viajes a los «paraísos fiscales» fueron principalmente del ex canciller Ricardo Patiño y de varios ministros de Finanzas del Gabinete correísta. «Se desconoce el objeto» de los vuelos, que incluyen destinos como Bahamas, Dubai o Barbados. 

Un viaje que no tiene explicación, destaca la Contraloría, es el realizado entre Quito, Buenos Aires, Bankok, Dubai, París, Newark y Quito, aunque no precisó en que avión se hizo. La Contraloría admitió que se le entregaron los informes de viaje de los funcionarios que volaron, pero no las autorizaciones de la Presidencia para el uso de los aviones. 

Los pasajeros y los pesos

Además de las rutas y el papeleo requerido, la Contraloría se ha centrado en determinar quiénes viajaron en los aviones del Palacio y qué transportaban -además de su equipaje se presume- y para ello se han dedicado a investigar las listas de pasajeros y los manifiestos de carga de las naves. La Contraloría afirma que fue informado de que, según el Comando de Operaciones y Defensa de la Fuerza Aérea en todos los vuelos se revisaron los equipajes con rayos X y en busca de narcóticos y explosivos con canes amaestrados. Además, que las policías de todos los países visitados vuelven a revisar este tipo de aviones en busca de algún tipo de contrabando. Ahí les llamó la atención que hubo vuelos en donde no aparecen pasajeros y carga, y en que en por lo menos 15 vuelos la nónima de los pasajeros fue variando, pues las personas embarcaban y desembarcaban del avión presidencial. En junio de 2012, la Contraloría asegura que  el Legacy fue asignado para un vuelo del ex canciller Ricardo Patiño hacia Río de Janeiro, pero al final el avión fue y volvió sin pasajeros. Este insólito viaje le costó al país por lo menos USD 32.903. Si bien la nave es de fabricación brasileña, la planta principal de Embraer se encuentra en las cercanías de San Pablo, mucho más al sur. 

USD 32.903

Costó un vuelo del Legacy en junio de 2012. La Contraloría asegura que fue asignado para un vuelo del ex canciller Ricardo Patiño hacia Río de Janeiro, pero al final el avión fue y volvió sin pasajeros. 

En un vuelo en septiembre de 2013 hubo tres «invitados del señor presidente» que no se sabe quiénes son y viajaron en la nave presidencial con rumbo a Buenos Aires. 

Altos dignatorios de países como el Vaticano, Suriname, Uruguay, San Vicente y Granadinas, la República Dominicana, y otros volaron en los aviones de Carondelet, sin que la Contraloría haya podido encontrar ni las autorizaciones respectivas ni los nombres y cargos de los funcionarios, así como tampoco las razones por las que el Ecuador corrió con sus desplazamientos. 

La respuesta de Correa

Correa ha respondido tanto por medio de su abogado cuanto en Twitter. En el borrador se consigna que en noviembre de este año explicó que no le correspondía como presidente dar autorizaciones de vuelo y que «se debe tratar de errores».  En Twitter en cambio dijo: «¡Ya no saben qué inventar! Ente las “irregularidades” está el transportar personas que no son “funcionarios”. Entonces no se podría invitar periodistas, empresarios, etc. ¡Ridículo! (…) Alguna vez tuvimos que enviar el avión presidencial para traer a un deportista ecuatoriano que había sufrido un grave accidente compitiendo en el extranjero. Otra “grave irregularidad” (…) Por su corto alcance, para ir a Europa el Legacy tenía que hacer escala en Recife (Brasil)  y Cabo Verde (islas frente a África ), paraíso fiscal (…) 28 de sep. de 2015 teníamos Presidencia de Celac y reunimos urgentemente en Quito a presidentes Santos y Maduro,  para bajar fuertes tensiones. Enviamos avión presidencial para traer a T. Vásquez, presidente de Unasur y Uruguay (…) De ser cierto, 91 viajes con “costo” de 13 millones USD, es aproximadamente $143.000 por viaje. ¿Cuál es la alternativa? ¿Ir en flota Pelileo? Nos están convirtiendo en el hazmereír  del mundo. ¿No queda nadie decente en Contraloría? (…) Finalmente, hay seis viajes “irregulares” de Moreno como vicepresidente, que serán ocultados por la prensa corrupta. Funcionarios dignos de Contraloría: ya rebélense ante tanta politiquería. Celi es una vergüenza. ¡Hasta la victoria siempre!». 

De su lado, Omar Simon Campaña, ex secretario de la Presidencia presente en la lectura, cuestionó que se apliquen normas de control que, en su opinión, son para los aviones militares y no para los del Palacio, aunque en teoría las dos naves sí son aviones militares matriculados como tales: el Legacy tiene la matrícula militar FAE 051 y el Falcon FAE 052, que los identifican como aviones de la Fuerza Aérea Ecuatoriana. (Fermín Vaca – Plan V)

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *