El caso Gabela, prohibido olvidar

Algo más de siete años han transcurrido desde que un delito fue cometido en circunstancias bastante extrañas en contra de un Comandante de la Fuerza Aérea. Un hecho que fue atribuido a delincuencia común y que, más tarde, las investigaciones han demostrado que se trató de un crimen de origen político. Un crimen de esos que, cuando existe justicia independiente, es investigado con celeridad, rigurosidad, de forma transparente para identificar a los culpables de forma efectiva y sancionarlos sin privilegio alguno, caiga quien caiga.

Pero en este caso puntual, todo lo que debió pasar en un sistema de derecho respecto a la investigación no se dio. Más aún, dentro de los mismos órganos de justicia se cambiaron y forjaron documentos, se mutilaron partes de ellos y funcionarios judiciales entregaron a la familia documentación falsa. No solo faltaron a su obligación jurídica de actuar con la verdad y en derecho; se prestaron para cubrir una infamia.

El caso Gabela bien pudiera usarse como un caso de estudio, como un ejemplo de cómo puede llegar a actuar una justicia torcida, infiltrada hasta el tuétano de funcionarios que, todos, tienen un puesto en algún escalón en la escalera de la corrupción. Esa cadena de errores conscientes, cometidos a propósito, parece que tuvo un único fin: borrar las huellas del delito de asesinato.

Existió un informe original que pudo haber ayudado a esclarecer, de una vez por todas, la verdad de lo sucedido. Pero a ese informe le quitaron más o menos unas treinta páginas en las cuales se encontraban, justamente, no solo las causas del crimen sino los nombres y apellidos de los presuntos autores, cómplices y encubridores. Fue ese informe mutilado el que se entregó a la familia y sirvió para afirmar que la muerte del General Gabela fue producto de delincuencia común.

A partir de allí todo se ha vuelto opaco y la investigación transcurre en un callejón sin salida: que si regresa el perito Meza, que ya mismo aparece el tercer cuerpo, que se conformará otra comisión interinstitucional para investigar a fondo y sin presiones: lo cierto es que sigue pasando el tiempo y no hay visos de solución.

Sin embargo, y en medio de tanta confusión y truculencia, hay un personaje que no ha dejado de brillar y que, movido por su incansable valor, teniendo la verdad como escudo y luchando sola prácticamente contra todo el Estado, ha destapado ante la opinión pública los detalles del asesinato de su esposo y nos ha dejado conocer a todos el móvil del delito que, ni de lejos, responde a delincuencia común: Patricia Ochoa de Gabela. Para muchos quizás ella signifique la piedra en el zapato que fastidia los entretelones de un crimen que debía ser perfecto. Para otros sin embargo, merece llevarse el premio de personaje del año. Por su perseverancia y valentía seguramente muchos de los involucrados no podrán dormir tranquilos, pero aún siguen aferrados y confiados en la red de corrupción que tejieron y que todavía les rinde réditos para seguir en impunidad.

Solamente si edificamos una justicia efectiva, este caso y muchos otros podrán ver la luz y beneficiarán al país entero. La investigación de este caso debe continuar, no debemos condenarlo al  olvido y pensar que nunca sucedió.

Por eso, al iniciar el año pongamos en nuestra lista ciudadana de pendientes para el 2019 insistir en el esclarecimiento del caso Gabela. Que se haga justicia, en este caso en particular, podría significar un punto de partida para que la impunidad vaya perdiendo fuerza y la verdad empiece a abrirse paso entre las aciagas tinieblas en las que nos tuvieron a todos en la década perdida. (Ruth Hidalgo – 4 Pelagatos)

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