Babel

.. el correísmo no ganará ni una sola de las alcaldías en disputa. La gran masa electoral no votará por ellos y debería sellarse así su desaparición final del escenario político.

La palabra que encabeza este artículo alude a la confusión sufrida por seres humanos que fueron dispersados al resto del mundo por orden de Jehová (Génesis 11.1-9) luego de construirse en Babilonia una torre de ladrillos y asfalto que con sus supuestos 91 metros de altura alcanzaría el cielo. La torre terminó albergando a individuos que hablaban diferentes lenguajes y no podían comunicarse entre sí gracias al castigo divino. Pueril fábula condenada a desecharse, pero que hasta hoy, curiosamente, mantiene vigencia cuando se quiere describir con ella la confusión y falta de entendimiento entre nosotros, los humanos. Y menciono su vigencia porque en nuestro país, tras miles de años del inverosímil acontecimiento, la expresión subsiste y parece repetirse aunque en otro escenario: el político.

Me refiero a la multiplicidad absurda de candidaturas para las elecciones seccionales de marzo próximo. Resultan ser más de cien mil los aspirantes a las dignidades provinciales, cantonales y parroquiales , incurriéndose democráticamente en un exceso de democracia que perturbará a la ciudadanía electora. Todos hablan el mismo idioma, todos ofertarán lo mismo y todos forjarán disimilitudes que crean favorecerles. Pero una buena parte de ellos ignora o no le importa ignorar que el momento histórico al que hemos llegado nos impone sensatez frente a la exigencia ética de acabar de una vez por todas con el inescrupuloso movimiento revolucionario del siglo XXI . Tal es el reto que debe afrontar la democracia ecuatoriana.

Contrariamente, el correísmo en vías de extinción, derrotado por el sentir ético de la ciudadanía, aislado y desplazado por los electores que sueñan con la real aparición de una democracia en firme que garantice nuestra recuperación, se mantienen cohesionados, demostrando que la corrupción revestida de revolución y de cuatro palabrejas encendidas resulta ser un factor unificador entre quienes la profesaron y usufructuaron o simplemente la admitieron cobardemente. Es revelador el fervor con que algunas de sus compañeritas piden y proclaman que se les permita reanudar la revolución de una década infeliz, trastocando este insulto a nuestra inteligencia cívica en un clisé electoral de barricada. Las fuerzas democráticas, al igual que los ocupantes de la Torre de Babel, aparecen dispersas auspiciando a sus candidatos y olvidando precisamente a quienes les está prohibido olvidar. Las perspectivas electorales podrían estar generando el inadmisible resultado de una votación mayoritaria, aunque atomizada, contendiendo contra una minoría repudiada, aunque consolidada. La ética nacional podría quedar burlada una vez más porque sus defensores no habrían sabido cómo hacerlo, cediendo a sus particulares intereses en un tema electoral que básicamente se refiere a obras y servicios , donde las ideologías no cuentan para nada.

Mediciones recientes descubren que el correísmo no ganará ni una sola de las alcaldías en disputa. La gran masa electoral no votará por ellos y debería sellarse así su desaparición final del escenario político. No se trata, pues, de un evento electoral rutinario y periódico, sino de una trascendental oportunidad para culminar una labor de aseo nacional. Le ha llegado la hora al correísmo… y Correa y los suyos lo saben. Por ello observamos su desesperación y acentuada audacia. No es la hora de debutantes ni, peor aún, de seres casi anónimos propuestos por organizaciones ‘ad hoc’. Por ello, ante los hechos consumados de sus inscripciones, sepamos votar por gente probadamente leal a la democracia, para no asombrarnos luego de una eventual torpeza más en nuestra historia republicana. (Francisco Cuesta – Diario Expreso) Caricatura: Chamorro 4 Pelagatos

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