Diésel: una pésima decisión del Gobierno

A finales de diciembre, el ministro de Energía y Recursos no Renovables, Carlos Pérez, anunció que el precio del diésel para vehículos privados aumentaría, mientras que el precio para el transporte público y de carga pesada se mantendría subsidiado mediante un mecanismo de compensación. A su vez, el consejero del Gobierno, Santiago Cuesta, anticipó que el nuevo precio del diésel se ubicaría en torno a $2,30 o $2,40 por galón, es decir, el precio internacional. Sin embargo, en un decreto firmado el lunes de esta semana, el Presidente Lenín Moreno establece que el precio del diésel se mantendrá en $1,037 por galón “para vehículos de transporte terrestre público y comercial y vehículos particulares”. Esta decisión constituye claramente un paso atrás de parte del Gobierno, no sólo en el sentido de que recula frente a una medida ya anunciada, sino también porque la reducción de los perniciosos subsidios a los combustibles, en la que el Gobierno se mostraba decidido, es una medida necesaria para el país.

Por el lado fiscal, la decisión de mantener intocado el precio del diésel para todos los vehículos es claramente negativa. Según el Banco Central, sólo entre enero y octubre de 2018 (última información disponible), el subsidio al diésel importado costó $769 millones. En 2013 y 2014, años con un alto precio del petróleo, ese subsidio rondó los $2.000 millones anuales. Al mantener el subsidio para todos los vehículos de transporte terrestre (según el INEC, en 2017 había 282.143 vehículos a diésel en el país), el ahorro que se genere con la revisión en el precio para otros sectores va a ser muy limitado.

Por otro lado, si el precio del diésel para todos los vehículos se mantiene en $1,037 por galón, entonces ese combustible, que es altamente contaminante, seguirá costando casi la mitad que las gasolinas extra y ecopaís y casi la tercera parte que la gasolina súper. Eso claramente constituye un incentivo para que algunos usuarios, sobre todo aquellos que consumen mucho combustible, consideren adquirir vehículos a diésel. Según la información del INEC, apenas el 0,3% de los automóviles que circulan en el país usan diésel, pero el porcentaje aumenta a 2,3% en el caso de los jeeps y a 21,5% en el de las camionetas. Por tanto, si esa diferencia en el precio de los combustibles se mantiene, no es descartable una paulatina migración hacia el diésel, lo que generaría un aumento en las emisiones contaminantes y una mayor carga para el fisco.

En el caso del transporte público de pasajeros, si se llegaba a elevar el precio del diésel se necesitaba algún tipo de compensación. No por el pésimo servicio que dan los buses urbanos e interprovinciales (peligrosos y groseramente contaminantes, sin que ninguna autoridad haga algo al respecto), sino porque para los hogares de las clases populares el gasto en transporte es un componente importante de su gasto total. En ese sentido, lo deseable habría sido compensar directamente a los usuarios a través de alguna transferencia directa, para que el subsidio no llegue al mañoso y extorsionador sector del transporte.

Históricamente los incrementos a los precios de los combustibles generan aumentos de precios en otros productos. Esta era una preocupación para el Gobierno, que por ese motivo anunció, originalmente, que los subsidios no se limitarían al transporte de pasajeros sino también al de carga, incluyendo camionetas. Ahí empezó a gestarse lo que terminó siendo la decisión de no aumentar el diésel para ningún vehículo. Si bien un aumento generalizado del precio de los combustibles líquidos (incluyendo la gasolina para los taxistas, que no tienen por qué ser favorecidos) habría provocado un salto en la inflación, hay que tomar en cuenta algunos aspectos que hacen pensar que el actual era el mejor momento para tomar esa importante decisión. En primer lugar, la inflación anual en 2018 cerró en 0,3%, muy por debajo del aumento salarial de 2,9% (demagógicamente) aprobado para ese año. Es decir, el poder adquisitivo de quienes ganan el salario básico aumentó en 2018 y para los trabajadores que no vieron incrementados sus ingresos, el poder adquisitivo de éstos no se redujo por segundo año consecutivo. Además, según el INEC al cierre de 2018 había un ligero excedente en el ingreso familiar (considerando un hogar de cuatro miembros con 1,6 perceptores de ingresos que ganan el salario básico) frente al costo de la canasta básica. Si a esto se suma el nuevo aumento salarial aprobado (sin ningún sustento técnico) para 2019, entonces había, al menos para los trabajadores formales, una suerte de colchón en cuanto al poder adquisitivo de sus ingresos ante un eventual salto en la inflación. En otras palabras, sabiendo que otros precios podían aumentar (por una sola vez) como consecuencia del necesario encarecimiento de los combustibles, ahora era el momento menos dañino para los consumidores.

Finalmente, más allá de los ofrecimientos del Gobierno de controlar la especulación (tarea harto difícil, por no decir imposible), también es obligación de los propios consumidores hacerse valer. Hace pocas semanas, un economista de izquierda que actualmente es candidato a la Alcaldía de Quito advertía sin sonrojarse en un programa de televisión que si se elevaban los precios de los combustibles, un almuerzo de dos o tres dólares pasaría a costar seis o siete dólares. Con ese nivel de argumentos, obviamente los especuladores sienten que tienen cancha libre y los consumidores tienen motivos para alarmarse. Pero si un local de almuerzos (o cualquier otro negocio) hubiera llegado a elevar de esa manera sus precios (lo que no se correspondía en lo absoluto con su estructura de costos), los clientes de ese local podían (o incluso, debían) no someterse a un abuso semejante y empezar a almorzar en otro sitio.

Pero eso es solo un escenario hipotético, porque lo cierto es que el Gobierno finalmente cedió a las habituales amenazas de los grupos de presión y la necesaria medida de revisar a fondo los costosos y socialmente injustos subsidios a los combustibles quedó nuevamente postergada. (José Hidalgo – 4 Pelagatos) Caricatura: Chamorro 4 Pelagatos

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