Altas tasas de la deuda: el alto precio para la sociedad

Cuando un país gasta más de los ingresos que recibe, genera déficit en sus cuentas públicas. Para cubrir el déficit se deben obtener préstamos tanto en el país como en el exterior. A través del tiempo, la acumulación de los déficits de cada año, conforman la deuda pública interna y externa. A su vez, por los préstamos para cubrir los déficits de cada año, se pagan intereses a los prestamistas internos y externos.

El pago de intereses de la deuda pública en el Presupuesto del Estado, desde 2014 hasta 2019 crece 150 por ciento, al pasar de $1.397 millones a $3.500 millones. El pago de los intereses externos, en los mismos años, aumenta el 250 por ciento, de $715 millones a $2.500 millones. El explosivo aumento en el pago de los intereses de la deuda pública y su alto costo, es absolutamente incompatible con una economía estancada y una inflación cercana a cero.

En 2019, los $3.500 millones destinados al pago de intereses de la deuda pública, supera los $3.100 millones destinados a la salud y más que triplica los $1.100 millones asignados al sector bienestar social. El país tendrá que utilizar el 30 por ciento de los ingresos tributarios para servir la amortización e intereses de la deuda externa, así como el 35 por ciento de las exportaciones no petroleras.  Mientras, los tenedores de los $14.500 millones de Bonos Soberanos recibirán en 2019 $1.400 millones por intereses, y, en total, hasta 2028 celebrarán haber cobrado por tal concepto alrededor de $11.000 millones.

En 2019, el gasto en intereses en el presupuesto, será superior a los gastos en bienes y servicios de la administración pública y casi tres veces los $1.240 millones asignados para el pago al IESS por el 40 por ciento de las pensiones. Al mismo tiempo, supera lo destinado para los Municipios y Consejos Provinciales y casi es equivalente al Plan Anual de Inversiones. En relación con la producción, el pago de intereses de la deuda pública representa el 3,1 por ciento, a la par que equivale casi a la recaudación del impuesto a la renta y al 50 por ciento de los recaudos por IVA.

Más allá del agobiante pago del servicio de deuda pública, unos $8.000 millones entre amortización e intereses, es obligación de la sociedad toda, tomar conciencia de las causas estructurales que lo generan y cuyas raíces están en el elevado déficit público. Al tenor de esta reflexión, es imperativo encontrar los acuerdos económicos, políticos y sociales para equilibrar las cuentas públicas y hacerlas sostenibles para reducir el riesgo país y concretar acciones de mercado que permitan disminuir el peso del citado servicio.

Mientras existan déficits elevados, el pago de intereses y amortizaciones seguirá en aumento, además, el Ecuador tomará nuevas deudas para pagar los intereses, parte de los cuales provienen de créditos externos para obras signadas por hechos de corrupción. La ineludible obligación de reducir, sólida y progresivamente el elevado déficit público, sólo es posible con generación de ingresos y reducción de gastos o una combinación de los dos elementos.  No obstante, esta obvia reflexión, tiene en el escrutinio público diversos pareceres e interpretaciones, de acuerdo a la visión e interés de cada persona, sector o élite representativa de la sociedad.

Hay quienes sostienen que recuperar los dineros de la corrupción sería suficiente para arreglar el grave desajuste fiscal. Sin duda, causa una rabia infinita la dilapidación e irresponsable manejo de los fondos públicos, a cuyos responsables debe sancionarse con todo el rigor de la ley. Sin embargo, la recuperación de tales recursos es incierta y jamás proveería ingresos permanentes al fisco. Otros se oponen a reducir los subsidios a los combustibles, al tiempo que reclaman más fondos para la educación y la salud. Hay sectores que lamentan el elevado servicio de la deuda, producto del elevado déficit, al tiempo que se oponen, por dogmatismo e interés, a cualquier medida para reducirlo. El babel de contradicciones e intereses, sólo refleja la pobreza de un debate nacional anclado en viejas costumbres y conductas sociales, que han sumido al país en el subdesarrollo y en la inconsciencia de los retos que debe enfrentar.

El país requiere con urgencia elevar la calidad del debate público, dotándolo de rigor técnico y miras superiores, a fin de superar la liviandad en la percepción de la crisis en ciernes y en la definición de políticas que, inevitablemente, tendrán costos elevados para toda la sociedad. (Jaime Carrera – 4 Pelagatos) Caricatura: Chamorro 4 Pelagatos

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