¿Por qué la popularidad de Moreno va de mal en peor?

El Presidente Moreno decidió no enviar una delegación a Venezuela para la posesión ilegítima del dictador Maduro: un acierto.
El Presidente Moreno recula sobre el alza de los combustibles y modifica su propio decreto: un error que resta autoridad a su gobierno.

Quizá eso explica por qué baja en los sondeos. Lenín Moreno es tan indeciso que milita contra su propia función que es generar certezas. Se distanció de Correa y eso le valió adhesiones. Pero, al mismo tiempo, protegió amigos suyos, correístas corruptos  como Richard Espinosa, que casi quiebra al IESS. O como María Fernanda Espinosa, que defendió las dictaduras de Venezuela y de Nicaragua que, ahora, finalmente, él condena.

Moreno ha quemado parte de su capital político por esa actitud vacilante que lo lleva a declarar que es un Presidente que hace lo que nadie se atrevió a hacer (meterse con los subidios a los combustibles) y, dos días después, recula ante la presión de transportistas que, sin pestañear, amenazaron con caotizar el país si él no daba marcha atrás.

Sus asesores dicen que Moreno bajó sus índices de popularidad y de credibilidad por haber atacado temas tabú como los subsidios. Es inexacto. El está en una pendiente jabonosa desde agosto del año pasado, cuando los subsidios no hacían parte de la agenda pública del gobierno.

El Presidente baja por muchas otras razones que tienen que ver con otras preocupaciones, que según los sondeos, atenazan a los ciudadanos y que su gobierno no ha resuelto: la crisis económica, el empleo y el desempleo, la seguridad… Esto significa que, tras la salida de Rafael Correa, el país premió la posición de ruptura de Moreno con su antecesor. Les sedujo el tono tolerante, algunos cambios de rumbo y la promesa de una cirugía mayor que, dijo, iba a emprender contra la corrupción. Pero luego vino un ola de desencanto. Nadie dudaba de que, tras la etapa de desnudamiento al correísmo, su gobierno necesitaría un nuevo motor. Parecía obvio que la economía terminaría siendo un motivo de impopularidad. Razones sobraban: crisis, estrechez económica, imposibilidad de cumplir con promesas de campaña (como la construcción de 250 mil viviendas por año), recorte presupuestario en inversión pública…

Pero Moreno y sus estrategas no encontraron una locomotora conceptual y política para mantener el capital político que es clave para sacar el país de la debacle institucional, social, política y moral provocadas por el correísmo. Eso explica que haya vuelto, con los informes de la ONU y la acería china en Milagro, a la etapa anticorreísta que le fue provechosa políticamente. No le bastará. Moreno necesita otro escenario en el cual se denuncie y se castigue la corrupción pero también procese las angustias presentes en los sondeos: ahí se retrata la realidad diaria de los ecuatorianos.

Esa escenario -4Pelagatos lo señaló desde hace meses atrás- puede ser un acuerdo político nacional. Un acuerdo mínimo. Ese acuerdo debió haber precedido las medidas que anunció el gobierno porque requiere medidas y compensanciones: pero no compensaciones para los grupos de presión ante los cuales el gobierno cedió sino para proteger a los más pobres.

Voceros del gobierno, como Juan Sebastián Roldán, han dicho que esa propuesta de acuerdo nacional está en camino y que estos días será formulada. Pero lo que se oye hace temer que sea otra propuesta que nazca muerta. Primero porque al parecer se la van a encargar al vicepresidente, Otto sonneholtzner. Es evidente que es el Presidente Moreno en persona quien debe liderarla. Sonnenholtzner ha dicho que se trata de sacar las conclusiones de los diálogos que ha habido desde el inicio del gobierno. Y no, no se trata de eso: es un diálogo político, acotado, nuevo, específico, con pocos interlocutores pero suficientemente representativos de la sociedad y la política. No grupos de presión.

El Vicepresidente y Juan Sebastián Roldán también han hablado de una agenda 2020-2030. Si así plantean el acuerdo nacional, de seguro será otro saludo a la bandera. Lo que el país necesita es un acuerdo para este momento de fragilidad extrema institucional, crisis económica y grave dislocación social en la cual sacan partido los grupos de presión. Ese acuerdo no debe ser 2020-2030 sino 2020. Para centrarlo en cuatro o cinco puntos que muevan el país y evitar toda la hojarasca retórica, llena de buenos sentimientos y grandilocuencia vacua. Además si ese acuerdo es exitoso, haría pedagogía en un país donde los políticos suelen hacer plataforma electoral sobre las cenizas su predecesor. Si Ecuador es capaz de acordar en este momento, habrá tiempo suficiente para discutir agendas 2030 ó 2050…
Un acuerdo mínimo beneficiaría al país y si Moreno lo impulsa y lo saca adelante, de carambola, le serviría. Haber dicho, como lo dijo anoche en cadena nacional, que no participará en las próximas elecciones, es una buena señal para generar confianza entre sus interlocutores. (José Hernández – 4 Pelagatos)

Foto: Presidencia de la República

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