Sugerencias a Lenín Moreno

Se amontonan hechos, aquí y en el exterior, que nos interesan para defender la democracia, la institucionalidad, librarnos de esa plaga perniciosa de los socialistas del siglo XXI y recomendar al gobierno responder apropiadamente a la característica del diálogo político.

  1. ¿Es posible el diálogo en Venezuela?

No es igual el escenario centroamericano que llevó a los acuerdos de paz de Esquipulas y de Chapultepec, al que se vive en Venezuela. Es un error creer, en consecuencia, que si se pudo terminar un enfrentamiento armado con un acuerdo, es posible lograrlo en Venezuela. En Guatemala se trataba de una lucha con grupos subversivos armados. El Salvador vivía una lucha de dos bandos enfrentados militarmente, equiparados por las capacidad de ataque y respuesta armada. Venezuela esta secuestrada por una mafia conectada con redes de narcotráfico y con una oposición desprovista de cualquier recurso de defensa y menos de ataque. El mayor acto subversivo ha sido nombrar un presidente interino sin ningún resguardo de fuerza que pueda enfrentar la arremetida represiva de las fuerzas armadas chavistas. El Papa Francisco, el Presidente mexicano y el expresidente Rodríguez Zapatero, se han convertido en coartada o en lobistas de la dictadura con su malintencionada convocatoria al diálogo sin prever o reclamar ninguna condición que lo haga posible: una primera y fundamental, que se realicen elecciones libres y transparentes. Y mientras encubren la represión y el pisoteo de la dignidad humana con los llamados a dialogar, crece la convicción de que, sin medidas de fuerza, la camarilla corrupta no devolverá el poder del que se ha enriquecido. En Venezuela es imperativo que suceda lo que ocurrió en Cuba en enero de 1959, cuando un ejército subversivo depuso a una dictadura. Y de allí, juzgar a Maduro y su troupé por los crímenes atroces que han cometido.

  1. Se debe eliminar el Consejo de Participación Ciudadana

Al convocar a la Consulta Popular que llevó a constituir un Consejo Temporal y cesar a los vasallos de correísmo que lo integraban, el presidente Moreno, que quizo sostener los mismos conceptos del modelo correísta, viabilizó la integración del Consejo de Participación Ciudadana, por vía electoral, bajo el ingenuo supuesto de que ese invento, que consolidó el autoritarismo y el secuestro institucional, funcionaría modificando el mecanismo de integración. Insisto, Moreno no atacó la esencia del problema, esto es, haber transferido a un ente sin ninguna representatividad la designación de magistrados de tribunales y titulares de los organismos de control. La elección por vía de las urnas, no cambia esa realidad. Se habrá entregado un gran poder a siete personas que autorregulan los procedimientos de selección. Con las dificultades que representaba, resulta evidente que fue mejor que el Fiscal, el Contralor y otros funcionario se elijan en la Asamblea, que requiere la conciliación de muchas más voluntades. Por otro lado, el ansia vengativa del energúmeno del ático y de su camarilla intentará usar ese nuevo Consejo, integrado por personajes anónimos sin ninguna aval, para deshacer lo realizado por el Consejo Transitorio y así enervar los procesos de investigación para garantizar impunidad. En esos eventos de efervescencia, clásicos del show político, se habló de hacer una reforma constitucional para eliminar al Consejo de Participación Ciudadana. Pero no prosperó la iniciativa y nos aprestamos a legitimar en la urnas a la peor herencia institucional del nefasto modelo correísta, al que poca mella ha hecho el gobierno, más alla de su frondosa y vacua retórica.

  1. ¿De qué diálogo habla, Presidente Moreno?

Durante el gobierno de Correa, luego de que fue reemplazado en la vicepresidencia por Glas, el entonces ex vicepresidente Moreno se hizo de contratos para dar charlas de motivación en entidades públicas, antes de recibir la beca para vivir en Ginebra. Esa fue su ocupación anterior: motivador. En su ejercicio como presidente mantiene esas formas. El motivador, habla y habla; crea fantasías y supone que eso es suficiente para que la realidad tome otro curso. Moreno dice que nos aprestamos a pasar del diálogo al gran acuerdo nacional. Algo así, como que se ha vivido un proceso estructurado, con temática e interlocutores que culminaron el debate para concretar acuerdos. En la realidad eso no existe.
Existe en la cabeza del motivador que reemplaza hechos por palabras. Luego de veinte meses de gobierno, Moreno no tiene la convocatoria ni el liderazgo para promover una agenda de diálogo que consolide la transición que esperábamos. El reemplazo concertado del autoritarismo por la República. No el acuerdo sobre una hipotético Ecuador del año 2030. No un acuerdo de políticas públicas para el “país que queremos”. No el reemplazo de una agenda tecnocrática por la agenda política que formule acuerdos que generen sostenibilidad y estabilidad institucional. Si hubiere en curso un proceso de diálogo ya esa agenda de acuerdos debería existir. Los diálogos a los que se refiere el presidente Moreno han sido con sectores de interés, como taxistas y camaroneros para mantener sus privilegios. Y otros diálogos con parcelas similares. Pero, sobre destruir el armaje correísta y reemplazarlo por otro que garantice la democracia, respeto a las libertades, independencia de funciones y justicia; sobre eso, sobran las buenas intenciones pero diálogo con la sociedad política y civil, no se ha producido. Entonces, ¿sobre qué y con quiénes quiere acuerdos?. (Diego Ordóñez – 4 Pelagatos) Caricatura: Chamorro 4 Pelagatos

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *