Los diez y siete testaferros

El presente cañonazo pareciera orientado a comentar una novela de aventuras sobre la vida de unos cuantos ladrones dedicados a cubrir las operaciones de otros ladrones de cuello blanco, a los que les costaría mucho aparecer vinculados a cualquier tipo de actos delictivos, pues ello echaría a rodar por el suelo su bien ganado “prestigio”.

Cabe decir que aunque parezca un título referido a episodios novelescos, lo de los diez y siete testaferros es apenas un pálido reflejo de la vida real, ocurrido a lo largo de una década infame que recién unos pocos patriotas se están atreviendo a develar, luego de que las autoridades de control de esos tiempos fatídicos se hicieron de la vista gorda por complicidad o por conveniencia.

Es de esperar que los actuales responsables de la administración de justicia no actúen como sus similares del pasado inmediato y no le sigan dando largas al asunto utilizando aparentes tecnicismos legales.

Granda ha cumplido su obligación ciudadana de luchar contra la corrupción y lo que ha logrado detectar no constituye interferencia en otras funciones del Estado que pueda desvirtuar sus denuncias. Ha hecho bien en poner el tema en manos de la Fiscalía y es ella la que debe proceder en consecuencia, sin otro género de condicionamientos. El país está cansado de la forma corrupta en que actuaron muchos jueces poniendo sus fallos al servicio de la voluntad del gobierno anterior y exige ahora la merecida probidad en la administración de justicia, no en ánimo ruin de venganza pero sí para alcanzar el debido esclarecimiento respecto a la enorme cantidad de denuncias que se mantienen sin el adecuado procesamiento en manos de la función Judicial.

Bien sé que es duro sacudir la alfombra de un gobierno del que formaron parte muchos de los miembros del actual régimen pero, sé también que ese comportamiento será la mejor forma de probar la ausencia de actitudes complacientes con el mismo, que podrían calificarse como inaceptables muestras de complicidad.

El honor del régimen está en juego y por ello debería vigilar de cerca la acción de los tribunales de justicia. (Francisco Huerta – Diario Expreso)

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