¿Y qué menú ofrece, presidente?

¿Y qué menú ofrece, presidente? Veinte meses cumplió el gobierno del presidente Moreno y no ha logrado encontrar la velocidad de crucero en tres frentes esenciales: su identidad política, su gestión administrativa y su capacidad de comunicar.

La semana pasada hubo un nuevo ensayo para afinar la orquesta. El Gobierno volvió sobre la conformación del gabinete estratégico que se había anunciado en mayo de 2018. José Agusto Briones, secretario general de la Presidencia, recordó el viernes, en Teleamazonas, que el Gobierno se dividió en seis gabinetes sectoriales a cargo, cada uno, de un ministro responsable; que el vicepresidente coordina las acciones de esos gabinetes y que él articula toda la gestión pública para garantizar que las decisiones y metas establecidas por el presidente de la República se cumplan. Nada nuevo. A menos que tengan razón aquellos que dicen, comparando los decretos, que lo que buscan es que Otto Sonnenholzner no se desgaste… por si acaso.

Veinte meses después, el Gobierno arrastra y no resuelve los pasivos de siempre. Porque, si al fin organiza la gestión del Ejecutivo, los ciudadanos siguen sin saber cuáles son las metas que el presidente ha trazado a esos gabinetes sectoriales. Anunciar, sin más, la articulación interna del Gobierno hace pensar en el dueño de un gran restaurante que pone orden en su equipo de chefs y cocineros pero no anuncia el menú. Cualquier comensal le respondería que no le importa cómo administra su cocina: le importan los platos que prepara.

El mensaje del Gobierno comunica obviedades. Que la organización gubernamental da consistencia y dinámica a la gestión de la función Ejecutiva. Que está agrupando actividades afines para lograr eficiencia. Que si hay multiplicidad de funciones, por responsabilidad debe optimizarlas. Que cuando hay escasos recursos se requiere mejor gestión para obtener mayor impacto público. Que hay que acompasar demanda ciudadana con capacidad de gestión y posibilidades reales presupuestarias. Que deben organizarse internamente porque el cuello administrativo impide que se cumpla la voluntad del presidente…

José Agusto Briones puede ser un planificador y puede tener experiencia pues estuvo en Senplades. Pero ni él ni el vicepresidente, que fungen de cabezas de esta reingeniería en el Ejecutivo, se hacen cargo del enorme vacío que acarrea el Gobierno: no definir los objetivos de esta supuesta nueva etapa política y no informar qué prioridades tiene cada uno de esos gabinetes sectoriales. Richard Martínez es el líder del sector de la economía y de la producción. ¿Y? ¿Qué metas le ha fijado el presidente y en qué plazos? Las mismas preguntas se antojan pertinentes para cada uno de los otros cinco sectores: Social, Seguridad, Gobernabilidad y Gestión Política, Recursos Naturales e Infraestructuras y Proyectos de Alto Impacto. En este último campo, que lidera Juan Sebastián Roldán, secretario particular de la Presidencia, Briones sí dio pistas: Roldán debe responder por el tren playero y el metroférico de Quito. Dos obras anunciadas por el presidente y que han suscitado serias dudas sobre su financiamiento.

El gobierno de Moreno sigue bailando en la misma baldosa. Políticamente no sale de la primera etapa de distanciamiento con Correa, no concreta las prioridades de su gestión administrativa, no aprende de sus errores y comunica mal. Esta vez volvió a decir cómo organiza la burocracia en Carondelet y el gobierno, pero los ciudadanos siguen sin saber qué pueden esperar de este nuevo baile de sillas ministeriales. (José Hernández – Diario Expreso)

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