FMI: un virus surrealista persigue a Moreno y a Martínez

Esta es la historia de un enfermo que va al médico, le diagnostican una grave enfermedad y, tras largos meses de angustia y pago a chulqueros, topa un grupo de bancos que le prestan dinero a bajo interés. Eso le permite comprar medicinas que, si las aplica bien, supuestamente le garantizan su restablecimiento.

¿Cómo cuenta el paciente esta noticia? Puede hacerlo en forma descarnada: está enfermo, pero tiene médico y plata para el tratamiento. Y su restablecimiento será largo y penoso, pero seguramente saldrá adelante. O puede hacerlo trasladándose a un mundo de ensueño en el cual sus palabras adquieren otra significación. No hay enfermo: él es un magnífico Plan Prosperidad. Los bancos que financian el tratamiento no son prestamistas: solo se suman a tan magnífico plan. Y por supuesto el restablecimiento ni será doloroso ni enmarañado: será lo más parecido a una fiesta en la cual habrá plata para repartir. Lo dijo el Presidente con tono emocionado: habrá casas y más casas para todos, trabajo para cada joven, bonos “Mis mejores años” para los viejitos, pagos más expeditos a los proveedores, dinero para municipios y universidades…

Richard Martínez dio un tono épico a la noticia: no vaciló en decir que “estamos viviendo un momento histórico en el país”. Y el Presidente, en vez de obligar a los ciudadanos a poner los pies en el suelo, mirando crudamente el presente, dio la noticia trasladándose al futuro. Así, para anunciar un nuevo momento económico, el gobierno prefirió ampliar los límites de la realidad: los artistas llamaron surrealismo precisamente al ejercicio hecho por el Presidente y su ministro de Economía.

¿El gobierno tiene derecho a estar satisfecho con el acuerdo con el FMI? Posiblemente. Hay que seguir su itinerario económico para comprobar que, después de mantener la receta de Rafael Correa (concebir el Estado como motor de la economía y financiar inversión y déficit con deuda); después de pedir préstamos a los chulqueros internacionales, comprobar el incremento del déficit fiscal y el riesgo país, después de constatar el deterioro de los índices de la economía, al fin tomó una decisión estructural: recurrir a los organismos multilaterales  y, entre ellos, al más decisivo, el FMI. Durante 20 meses el gobierno asumió este proceso endeudando al país y sin poder detener los índices que anuncian daños reales en la producción, la inversión, el comercio exterior, el desempleo… En estas circunstancias, tener un socio que garantiza un norte puede ser un alivio político. Sobre todo cuando el gobierno ha estimulado, por el síndrome surrealista que lo persigue, que el país real viva de espaldas a la profundidad del desbarajuste económico y del costo que tendrá que enfrentar para superarlo.

El gobierno puede estar más aliviado, pero recurrir al surrealismo para anunciar la noticia tiene y tendrá consecuencias. Por supuesto que es histórico, como dice Richard Martínez, el momento que vive el país. Pero quizá lo es por razones ajenas a las que él evoca: los $10.200 millones representan un salvataje nunca antes visto en el país y en el que intervienen organismos multilaterales y agencias de desarrollo: el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM), El Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el Banco Europeo de Inversiones (BEI), el Fondo Latinoamericano de Reservas (FLAR), La Corporación Andina de Fomento (CAF), La Agencia Francesa de Desarrollo…

El gobierno no habla de salvataje alguno por ese monto, lo cual ilustra la gravedad de la situación que busca paliar. Se habla de libre disponibilidad de 6700 millones, pero no se dice que el dinero llega condicionado a tareas específicas que el gobierno y el país tendrán que cumplir como parte del pago de la factura del derroche correísta. Esa etapa, que durará años, está lejos, por supuesto, de poder ser comparado con una fiesta: el ajuste no solo generará grandes tensiones sociales: requiere, para ser asumido por el país, una visión global para que se entienda el objetivo, los mecanismos, las etapas, los sinsabores y los beneficios de esta medicina que hoy se presenta como un hito histórico. Lenín Moreno y Richard Martínez no hicieron esa pedagogía antes del acuerdo y tampoco la hacen ahora: prefieren la creatividad del surrealismo al deber que tienen como servidores públicos de hablar claro a los ciudadanos. (José Hernández – 4 Pelagatos)

Foto: Presidencia de la República. 

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