Cabezas y la multiplicación de remiendavirgos

¿Elizabeth Cabezas perdió la posibilidad de repetir en la Presidencia de la Asamblea? Su conversación con María Paula Romo, que ha circulado en un video, ha permitido no solo conocer su lenguaje florido sino su lealtad, al parecer ferviente, al Ejecutivo. En su esfuerzo para evitar que se examine una denuncia contra el Presidente, perdió el apoyo socialcristiano y oxigenó a los correístas. Hay que ver con qué ímpetu Marcela Aguinaga pretende rehacer su virginidad política y la de los suyos y afirma que, por esa conversación, Cabezas debe dejar la Presidencia de la Asamblea. Hay que ver igualmente a Ronny Aleaga demandándola por “tráfico de influencias”. Aguiñaga y los suyos, Aleaga incluido, son expertos en lo que denuncian. Durante diez años, emplearon todo tipo de argucias para amarrar votos, evitar juicios políticos y usaron esa Asamblea para defender ladrones y condecorar dictadores. Esa es la categoría moral de estos nuevos portavoces de la ética pública.

El gobierno ha reaccionado ante las denuncias que involucran al Presidente sin lógica ni sangre fría. La actuación de Elizabeth Cabezas en la Asamblea se inscribe en la misma agitación que llevó al Presidente a ponerse ante las cámaras para defenderse, quedándose sin fusibles, o que llevó al embajador en España a viajar a Alicante para entrevistar a un supuesto vecino y así exculpar al Presidente. Una metida de pata, tras otra. ¿Qué bases legales tiene Aleaga para demandar al Presidente? Hasta ahora no las ha esgrimido. Pero el gobierno, dando pruebas de un nerviosismo que se presta a cualquier interpretación, luce desbocado ante denuncias periodísticas y los tuits o el show mediático montado por Correa y los suyos. Hay un amateurismo político formidable en el gobierno que no osa decir su nombre. Amateurismo que, en algunos casos, puede ser confundido, con razón, con rabo de paja.

El hecho cierto es que Cabezas entró en ese baile. El espionaje del cual es víctima -y que habla del ambiente putrefacto de chantajes y amenazas que hay en la Asamblea- no invalida los mecanismos usados para desconocer una denuncia, en vez de responderla. También esto ilustra el déficit político del gobierno, de los asambleístas que le son leales y la dificultad ontológica que tiene el morenismo de encarar al correísmo con holgura ética. En su caso, Cabezas fue pillada haciendo méritos políticos: de esta manera, adelantó, en los hechos, el debate y las negociaciones que debían darse en la Asamblea sobre su posible continuidad y los cambios pendientes que afectarán al reducto correísta que hoy, con pocos asambleístas, tiene una sobrerrepresentación en las comisiones y el CAL. Lo que se viene es el ajuste político en la Asamblea que debió darse tras la llegada de Lenín Moreno y que, por cálculos políticos, disfrazados de legalismo, el gobierno no aupó y el socialcristianismo ignoró.

Por ahora Cabezas sigue siendo la candidata de su partido, y del gobierno, para sucederse a sí misma. Esa es una ventaja. Que se puede sumar a otra: la necesidad irremediable que tiene el gobierno de concertar el acuerdo mínimo anunciado por el Presidente en enero y que nunca convocó. Al parecer sigue siendo considerado como una necesidad que adquirió un particular significado tras la visita de Juan Guaidó, presidente interino de Venezuela. Es claro que la situación dramática a la que ha llegado Venezuela -sin electricidad, sin colegios, sin agua, sin atención en los hospitales- empuja a las fuerzas políticas a llegar a acuerdos sobre lo fundamental. La Asamblea tendría que viabilizarlos.

La continuidad de Cabezas a la cabeza del legislativo no depende, entonces, de su metida de pata o de su lenguaje florido para referirse al socialcristianismo. Si el gobierno da cuerpo al acuerdo mínimo (más aún ahora que necesita operar el acuerdo con el FMI), tiene un dilema por resolver: poner allí un asambleísta capaz de llevar a cabo ese acuerdo. Curiosamente los mejores aliados de Moreno, ante la nueva elección de dignidades en la Asamblea, no son los militantes de su partido: podrían ser personas capaces de desmontar la arquitectura constitucional del Correísmo y devolver a los remiendavirgos que han aparecido, como Marcela Aguiñaga, la memoria. Al menos eso. (José Hernández – 4 Pelagatos)

Foto: Asamblea Nacional.

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