Elecciones 2019: un baño de realidad

El período electoral que terminó, ha sido uno de los más sui géneris y raros en la historia del Ecuador.

Primero, por la cantidad  de candidatos, muchos de ellos desconocidos y de quienes nos tocó pescar al vuelo alguna información para votar medianamente informados;  después, por que tuvimos que elegir representantes a un Consejo de Participación Ciudadana, cuya existencia la mayoría rechaza y con un método de conteo muy polémico; y finalmente,  porque los resultados obtenidos fueron totalmente inesperados para todos,  más aún, para quienes siguieron y confiaron religiosamente en lo que las encuestas les dijeron.

Una vez que ya se sabe quiénes recibieron en las urnas la voluntad popular para gobernar en el ámbito local, y con los datos en mano, nos damos cuenta de que los ecuatorianos no solamente estuvimos obnubilados por las encuestas, sino que, tampoco alcanzamos a ver y entender bien la realidad política del país.

Los resultados nos han dado un golpe de realidad, de esos que nos damos cuando andamos por la vida creyendo que las cosas son como queremos que sean, y pensando que los demás tienen que hacer el trabajo que a todos, como ciudadanos, nos corresponde: informarnos, conocer, interesarnos, participar. Queda claro que llegamos a las urnas a votar confiados en lo que las cifras decían; ¿total, para qué informarnos si ya teníamos ganador desde hace rato y, además, doblaba y triplicaba a la intención de voto de los demás?

Durante este proceso, y a falta de debates, es evidente que los ciudadanos estuvimos todos transitando en una realidad ficticia, colgados de las redes sociales, creyendo ingenuamente que la campaña se libraba en twitter, en nuestros teléfonos y en la chispa de los memes. Y justamente esa distorsión en tiempos de campaña, por parte de la ciudadanía, dio ventajas a quienes se batieron en la calle, que es donde pasan las cosas en la vida cotidiana, y lograron márgenes elevados de votación. Su secreto: acercarse a la colectividad, conectar con ella, alejarse de la agresión, manejar códigos diferentes.

Los resultados obtenidos nos muestran muchas cosas; entre ellas, que el ciudadano, aprecia y busca liderazgos políticos que se coloquen a su mismo nivel; es decir, personajes que no escatiman en sentarse en la calle, caminar mezclados entre todos, identificarse con los mismos problemas y necesidades: seres de carne y hueso que escuchan las mismas canciones que el resto. Los prefieren a ellos por sobre las imágenes y videos que presentan estereotipos de personas perfectas y exitosas.

Conviene analizar con seriedad y humildad estos resultados y quizás afrontar que el concepto elitista del político de buena figura y gustos finos perdió, versus el del ciudadano común que conversa con la gente.

Ahora que estamos cerca del 2021, los partidos y movimientos tienen una gran tarea, más allá de la catarsis que seguramente les provocará estas elecciones: quizás sea una oportunidad para, de una vez, mirar las alianzas y la articulación entre afines como estrategia factible –aunque esto signifique sacrificar egos imposibles–; retomar el debate como elemento fundamental de una campaña sería lo óptimo y vivisar de nuevo las propuestas y argumentos para poder presentarse con programas que respondan de verdad a las necesidades de todos sin ser muy sofisticados.

Estas elecciones nos han traído algunas lecciones, pero tal vez la más importante va para nosotros los ciudadanos. Es necesario que nos involucremos, que leamos, que queramos saber qué mismo pasa en nuestro entorno y en la vida pública del país.

Mientras no tomemos la decisión de participar activamente en la vida política del país, desde nuestro rol ciudadano, nos seguirán despertando a sopetones aquellos que sí están organizados, que sí tienen bases alertas y que, para 2021 con seguridad, querrán venir por más. (Ruth Hidalgo – 4 Pelagatos)  Caricatura: Chamorro 4 Pelagatos

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