Sin favor ni temor

Alguien dijo que desde un ático en Bélgica se escuchaban gritos desesperados porque ella, el terror de los corruptos, fue nombrada fiscal general.

La flamante funcionaria, Dra. Diana Salazar, ha manifestado que, sin favor ni temor y con total objetividad, manejará los casos que tenga bajo su responsabilidad. ¡Enhorabuena! Deseo fervientemente que la nueva fiscal tenga éxito en su gestión. Siempre fue necesaria la imparcialidad en el manejo de tan delicadas funciones, sin importar quién esté sentado en el banquillo de los acusados, teniendo claro que los casos que le tocará tramitar, tendrán consecuencias trascendentales para el futuro del país. Con sus dictámenes acusatorios sentará precedentes para todos los políticos ecuatorianos; deben saber que ya nadie saldrá bien librado en caso de que cometa actos reñidos con la ley.

Por sus declaraciones es evidente que la Dra. Salazar tiene claro lo que debe hacer y predeterminada la ruta a seguir para manejar con pulcritud y celeridad los procesos candentes. Ha mencionado que priorizará los procesos que tengan mayor importancia y gravedad, de entre los cientos de casos represados y heredados por las administraciones anteriores. Bien por esas expresiones y plausible si se cristaliza todo lo que ha prometido. Los procesos que tiene que enfrentar involucran a altos funcionarios del gobierno de la década perdida y del actual. Siempre fue sospechoso que muchas de las personas que ocuparon cargos de alta jerarquía dentro del anterior gobierno, con participación muy activa y cercana en los colosales actos de corrupción del correato, hasta la fecha no hayan sido involucradas en ninguno de los casos que investiga y tramita la Fiscalía. Todos saben quiénes son y dónde están los peces gordos y sus testaferros; de tal manera que no podemos más que desearle a la fiscal éxito en tan delicadas funciones y que finalmente logre encaminar los procesos penales, para conseguir la sanción de todos los responsables de los innumerables delitos execrables cometidos durante los 10 años más oscuros del Ecuador. (Diana Acosta – Diario Expreso)

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