Assange: Moreno decidió volver a ser Presidente

Lenín Moreno, el caso de Assange parece probarlo, solo actúa bajo presión. El desenlace de Assange estaba escrito y él mismo lo hizo fatal para sus intereses. Sabía que no podía obviar la justicia británica, que el Foreign Office no le otorgaría salvoconducto y que ese espacio, diminuto para operar como embajada y apartamento, se iba a convertir para él en una cárcel. Decidió agravar su caso: contravenir las normas hasta forzar a la Cancillería ecuatoriana a levantar un reglamento de convivencia, que tampoco cumplió. En pocas palabras, disparó mecanismos en los cuales incluyó una guerra contra el gobierno que no había vacilado, para ayudarlo, en montar una estratagema infantil, operada por María Fernanda Espinosa, para engañar a los británicos. En él incluyó nacionalizarlo y hacerlo pasar por diplomático. Un supuesto cargo  le esperaba en Moscú.

Moreno aguantó 22 meses y forzó a José Valencia a seguirlo, aunque la Cancillería, puertas adentro, era partidaria de poner fin mucho antes a este diferendo. Por eso ahora la decisión de dar por terminado el asilo será visto por algunos -ya lo está siendo- como parte de una operación del Ejecutivo para menguar la presión que algunas denuncias han creado sobre él. En todo caso, esa presión que lleva a Moreno a tomar esta decisión, define para el país un problema que le heredó Rafael Correa por haber querido jugar en las grandes ligas mundiales. Basta con devolver la película: Assange, cuando quebrantó la prisión domiciliaria en Londres, estaba siendo requerido por la justicia sueca acusado de supuestas violaciones a mujeres. Correa defendió al hacker que golpeaba a Estados Unidos. No le importó el delito por el cual Assange debía ir ante las cortes: explotó el perfil de héroe de Assange enfrentado al imperio gringo y, por ese prejuicio político, metió al país en esa batahola cuyas consecuencias han sido graves.

Sin Assange en la embajada, Moreno saca a Ecuador de esa trama, en la cual Putin administra algunas cartas. Es obvio que habrá consecuencias internacionales para el gobierno ecuatoriano. Apoyo sin duda de Europa y de gran parte del establecimiento de Estados Unidos que se traducirán en el campo político y seguramente comercial. Pero acciones redobladas por parte de aliados de Assange que hoy hacen coro con Rusia y en los cuales hay que incluir a Correa y a las dictaduras que defiende, como la de Nicolás Maduro. Tienen un hecho más para endosar a Moreno y Correa y sus amigos lo usarán dentro de esas franjas de supuestos progresistas que han hecho de Assange un faro de libertades sin importarles que sea políticamente hemipléjico. Mamerto.

En el campo interno, Moreno vuelve a beneficiarse de la división que dejó instalada Correa en el país. Sin embargo, gran parte de la opinión aplaudirá esta decisión que lucía imperativa desde que llegó al gobierno. Se nota más apoyo que críticas y eso le crea, por un momento, un piso de legitimidad clave en un momento de cuestionamiento y de terrible debilidad política. El caso Assange  muestra, además -por si ese ejercicio fuera necesario- que las cosas en el gobierno no ocurren si el mandatario no las zanja y se juega por ellas. Solo Moreno sabe por qué tardó tanto en tomar la medida que las circunstancias perfilaron como única. Y solo él sabe si la motivación mayor no se desprende de la sospecha, basada en algunos indicios, de que el hacker australiano tuvo que ver en la filtración de las fotos que le hackearon de su teléfono y el de su esposa cuando vivieron en Ginebra. Ojalá no sea eso lo que lo llevó a decidir. Eso o que Wikileaks promocionó el sitio donde fue alojado ese contenido.

Seguramente esta decisión y lo que ocurra en la opinión servirán de precedente al gobierno en este momento. Porque el problema de Moreno es, precisamente, su enorme capacidad para posponer decisiones y vivir en la ambigüedad. Lo ha hecho en algunos temas: la cirugía mayor a la la corrupción, el famoso y aún irreal acuerdo nacional, en economía en la cual las medidas siguen siendo parches, o en política donde caminó de la mano socialcristiana, aún a sabiendas de lo que iba a ocurrir: que Nebot lo iba a abandonar, como ha hecho con todos los gobiernos, apenas sintiera que el viento gira: Moreno no contará con esos votos para hacer las reformas que negoció con el Fondo Monetario Internacional.

Tomar decisiones, y para eso está un Presidente, es crear certidumbres. Desde hoy el panorama luce claro en el caso Assange. Pero solo en ese. (José Hernández – 4 Pelagatos)

Foto: Presidencia de la República.

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