¿Qué querían los que se lamentan por Assange?

Los partidarios de Julian Assange están consternados luego de la decisión del gobierno ecuatoriano de retirarle el asilo político y permitir que la justicia británica lo aprese. Una detención que abre la puerta, sin duda, a que sea extraditado y juzgado en los EEUU por haber participado, junto a Chelsea Manning, en la desclasificación y publicación de documentos secretos del gobierno de ese país en el 2010. El tono de las condenas ha ido desde “infame” como lo tachó el político de izquierda Alberto Acosta hasta “traidor” como dijo el ex canciller del correísmo, Ricardo Patiño.

“Pido disculpas al mundo entero por este acto vergonzoso para la historia de la humanidad en nombre del pueblo del Ecuador”, exclama líricamente en Twitter la prefecta electa de Pichincha, Paola Pabón. Guillaume Long, otro de los cancilleres del correato, dice que la entrega de Assange “será recordada por las futuras generaciones de ecuatorianos y ecuatorianas como un acto de servilismo, de vileza y de degradación ética del poder político en nuestro país”.

Pero el coro de lamentos y condenas que ha venido básicamente del correísmo se ha quedado en eso: lamentos y condenas.  No ha dicho qué es lo que quería que se haga con Assange o cómo debía solucionarse un problema que convirtió en tema inmanejable para la diplomacia ecuatoriana.

¿Querían que su héroe se quede en la Embajada por los siglos de los siglos? Cuando Assange decidió asilarse en la Embajada ecuatoriana en Londres, él y su defensa quemaron todas las posibilidades de una salida que no fuera la que finalmente ocurrió y que ahora lamentan con tanta estridencia. Assange violó la ley británica y tenía que pagar por ello no importa cuándo o cómo. La única salida posible era con un operativo de la policía británica y con la sombra de un pedido de extradición de los EEUU de por medio. Tal como sucedió.

¿Querían que Assange continuara usando la Embajada del Ecuador como centro logístico de su agenda pro rusa? Assange había convertido a la sede diplomática como un centro de operaciones de su programa anti USA. Desde ahí coordinó las filtraciones que Wikileaks hizo de los documentos robados al Partido Demócrata y que influyeron en las últimas elecciones presidenciales de los EEUU. Desde ahí, apoyó los esfuerzos independentistas de los nacionalistas catalanes. Assange recibía en la Embajada a oscuros operadores internacionales y desde esas instalaciones dirigía en los hechos a Wikileaks.

¿Querían que el Ecuador destinara para siempre las instalaciones de su Embajada como domicilio de Assange? Tal y como estaban las cosas había una sola alternativa para el fundador de Wikileaks: quedarse en la Embajada hasta que Inglaterra decida no procesarlo o EEUU olvide las filtraciones; expectativas que no iba a concretarse jamás. Las instalaciones de la Embajada son pequeñas y particularmente caras por la zona exclusiva de Londres donde se encuentra. El trabajo diplomático se había distorsionado y el equipo de la Embajada tenía grandes problemas para cumplir con sus responsabilidades que son financiadas con dineros de los contribuyentes ecuatorianos.

¿Querían que el Ecuador asuma los costos para el resto de la historia? Se calcula que durante todos estos años, el costo de mantener a Assange en la Embajada fue de 6 millones de dólares. Esos costos iban mantenerse hasta que exista una solución al problema: es decir nunca.

¿Querían que las relaciones del Ecuador con otros países estuviera eternamente tensadas por el caso Assange? Las relaciones diplomáticas entre el Ecuador e Inglaterra se habían assangenizado, dejando poco espacio para temas productivos e indispensables para ambos países. Cuando Ecuador le dio el asilo, Assange había violado las leyes británicas al romper el arresto domiciliario y eso resintió a las autoridades inglesas. Lo más grave: de seguir Assange asilado las relaciones con EEUU, principal socio comercial del Ecuador, estarían por siempre atravesadas por el tema. No se puede descartar que, en algún momento, los demócratas volverán al poder y querrán ajustar cuentas con la organización que, dicen, robó documentos para favorecer el triunfo de Donald Trump. Assange también había tensado las relaciones con España por su apoyo al independentismo catalán. Y jugaba abiertamente en el equipo dirigido por Vladimir Putin.

¿Querían que el Ecuador siga involucrado en el complot ruso en contra de la democracia mundial? El proceso de nacionalización y posterior acreditación de Assange como diplomático ecuatoriano en Moscú es uno de los capítulos más oscuros de la diplomacia ecuatoriana. Todo se hizo en la más absoluta opacidad y violando normas legales.  Ese es un capítulo que las autoridades ecuatorianas tendrán que investigar para establecer responsabilidades. Lo cierto es que el proceso de nacionalización del fundador de Wikileaks se hizo el mismo momento en el que hubo un operativo del gobierno ruso pare sacarlo de Inglaterra y llevarlo a Moscú, donde le esperaba el cargo de diplomático ecuatoriano gentilmente otorgado por la canciller María Fernanda Espinosa. Assange fue parte de todo ese operativo que contraría las leyes ecuatorianas por más que Espinosa haya cambiado reglamentos y haya hecho piruetas burocráticas para protegerse. Con Assange metido en la Embajada, su impunidad y la de los funcionarios que participaron estaba protegida.

Los dolientes ecuatorianos, los que reclaman por el retiro del asilo nunca dieron alternativas para solucionar el problema, a no ser quizá por el fallido pero ilegal y desvergonzado, plan operativizado por María Fernanda Espinosa para sacarlo a Rusia usando fraudulentamente las nacionalidad ecuatoriana.

Cuando estaban en el poder, los hinchas a muerte de Assange montaron el operativo su asilo como una forma de lavarle la cara al gobierno de Rafael Correa que era visto como enemigo de la libertad de expresión. Usaron a Assange durante años para promocionar el presidente Correa convirtiéndolo en un fraudulento prócer de las libertades y la transparencia pública cuando, en realidad, acosaba a periodistas y ocultaba con celo brutal la información oficial.  A los que ahora se lamentan por lo ocurrido, jamás les importó Assange porque el asilo era, en el fondo, el inicio de un encarcelamiento sin posibilidades de final feliz. Ahora se quejan, pero nunca tuvieron otra alternativa que no fuera, en realidad, que Ecuador lo dejara actuar según su antojo, montara las guerras que quisiera al lado de los rusos y sus aliados y creara todo tipo de problemas al Ecuador. Total, Correa y sus amigos y ex aliados nunca pagan las facturas. (Martín Pallares – 4 Pelagatos)

Foto: Cancillería del Ecuador

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