La violencia de género ronda también en la Amazonía

Una de cada cuatro mujeres de Napo han sufrido violencia. Esta es la historia de las que vencieron el miedo. 
 

POR: Esteban Cárdenas Verdesoto

Llega la hora de la cena. María y sus nuevas compañeras preparan bolones para ellas y sus hijos. Son cinco mujeres; mientras una pela los verdes, otra los hierve y, cuando están listos, María los machaca para la preparación. 

Es en estos momentos del día en los que ella se siente feliz, en familia. Pero tan solo tres años atrás, con la llegada de la tarde, el miedo de recibir un golpe, insultos e, incluso, de ser encerrada en su habitación por su esposo no le permitía estar tranquila.

El olor del verde majado y frito avisa que pronto todo estará listo. La casa que ahora María y sus dos compañeras llaman hogar les brinda la oportunidad de compartir en el comedor. Tras haber escapado de sus realidades de violencia, hoy viven tranquilas en ‘la casa de las hermanas’ (‘Wasi Pani’, por su nombre en kichwa), ubicada en Tena; un centro de acogida para mujeres que han sufrido violencia de género, una realidad que crece en la Amazonía.

Sus hijos también son parte de esta gran familia, que se formó hace un año, con la apertura de la casa. Ocho niños pequeños y juguetones, además de un joven de 13 años, le dan color a este lugar. Carros de todos los tamaños, peluches y juguetes de todo tipo regados por el piso. Sin contar con los cuadernos y esferos que, al llegar de la escuela, ocupan para hacer sus deberes en su lugar favorito. 

DECORACIÓN. Las manos de los hijos de estas mujeres se plasmaron en una tarde de diversión en un mural que ilumina la casa a un lado del comedor.

María, mujer kichwa de una comunidad a dos horas de Coca, agradece por estar con vida y ver cómo crecen sus cuatro hijos. Ahora, feliz y tranquila, es la misma mujer que hace tres años vio a los ojos de su esposo mientras él le apuntaba con una carabina. Es la misma mujer que un viernes, desorientada en medio del bosque y después de haber quedado inconsciente tras ser pateada en repetidas ocasiones; amarrada a un árbol, asegura haber visto a Dios. “Me dijo que debo seguir luchando por mis hijos y que yo no iba a morir”, cuenta con voz la entrecortada. 

“Ese día perdí el miedo. Me paré, algo mareada, y lo enfrenté. La única condición para no matarme era que le llevara a una chica de 12 años que le gustaba”, dice. “Acepté para ganar tiempo”. Esta no era la primera vez que el esposo se fijaba en menores.  Ese último fin de semana que pasó en su casa fue devastador. Recuerda haber pasado encerrada en su habitación sin comer hasta el lunes por la mañana, desnuda y amarrada recibía visitas constantes de su esposo, quien la violó, según su narración, en dos ocasiones. “El lunes, cuando él salió, me decidí por escapar”, relata. 

Cuando llegó a su primera casa de acogida, después de 13 años de vivir con su esposo, al fin pudo dormir en paz.

Rutina. Imagen del sitio favorito de los niños para hacer tareas.

Realidad cada vez más clara 
El 25% de las mujeres en Napo ha sufrido de violencia sexual, según el Comité de Derechos Humanos de las Mujeres del Napo. De nuevo: una de cada cuatro mujeres han sufrido de este tipo de maltratos. 

Marlene Cabrera, coordinadora provincial del Comité, explica que la realidad en esa zona del país se camufla por varios factores. Entre estos, la falta de estudios forenses a los asesinatos. “Napo no registra femicidios, pese a que existen. El único caso que se registró como femicidio fue en 2014”, cuenta.

Elena Ayala, sargento segundo de la Policía, agrega que parte de su trabajo se enfoca en pelear por los derechos de las mujeres y el tratamiento de este tipo de delitos. Ella ha sido fundamental para la casa de acogida. 

– La gente desconoce que la violencia familiar es sancionada. Aunque para nosotros es imposible pensar que los hombres no consideren que se puedan ir presos por violentar a una mujer, en las comunidades ignoran esto. No es parte de su cultura y contra eso tenemos que luchar. 

Parte de esta lucha llevó en 2017 a sentenciar a 12 años de prisión a un hombre por este delito, según explica Ayala. “Esto ha servido para que las personas de Napo sepan que no hay impunidad. Que iremos hasta las últimas consecuencias”. 

Myiriam, facilitadora de ‘Wasi Pani’ y una de las mujeres egresadas de esta casa explica que en las comunidades la educación naturaliza este tipo de violencia. “Se inculca que, pese a lo que pase, marido es marido”, dice. 

El mensaje que ella da es no soportar nada: “Hablar y denunciar, pese al miedo. Si callamos, podremos ser las siguientes”. 
 

Eventos solidarios que contribuyen 
° ‘Wasi Pani’ y la fundación Patou Solidarité, junto con el Comité Provincial por los Derechos Humanos de las Mujeres del Napo, el Municipio de Tena, el Ministerio de Turismo, entre otras entidades, realizarán hoy dos eventos solidarios en esa ciudad para recaudar fondos para la casa de acogida. 

Una carrera solidaria de 10km inaugurará las actividades. Las categorías serán: personas con discapacidades (5 dólares de aportación), personas de 15 a 18 años (5 dólares de aportación) y de 19 años en adelante (10 dólares de aportación). Esta partirá a las 08:00, del Parque Lineal de Tena.

Para cerrar la jornada y celebrar el primer año de funcionamiento de ‘Wasi Pani’, un baile solidario de disfraces se tomará el edificio de Casa Bonuchelli. El costo de la entrada es de 15 dólares por persona. 

“Todo lo recaudado será utilizado en la casa de acogida”, aclara Myriam Vieillard, directora de ‘Wasi Pani’. (Diario La Hora)

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