Mentir para sobrevivir

Entre el océano de palabras deleznables vertidas en el Twitter por el expresidente Rafael Correa, hay una frase que conviene rescatar porque retrata mejor que ninguna otra la naturaleza del movimiento político que lidera desde el ático. Aquella que dirigió hace poco a los manabitas, exhortándoles “a defender tu refinería”. Ni siquiera la evidencia de que las avionetas del narcotráfico utilizan esa inexistente (pero carísima) refinería como pista de aterrizaje disuadió a centenares de seguidores de retuitear el mensaje. Para entonces, el asambleísta Pabel Muñoz, cuya firma consta en los documentos que autorizaron el negocio, ya lo había explicado en sus propias palabras: “¿Se botó la plata o se adelantó la obra? Lo que tenemos es un adelanto de la obra”. Esta patética persistencia en el espejismo es mucho más que un intento desesperado por cubrirse las espaldas (cosa que, en el caso de Muñoz, es una urgencia): es una apuesta ciega por la mentira como mecanismo de sobrevivencia política.

“El sujeto ideal de la norma totalitaria -escribió Hannah Arendt, que algo entendía de estos trotes- no es el nazi convencido o el comunista convencido, sino la gente para la cual la distinción entre hecho y ficción, verdadero y falso, ya no existe”. Una refinería (incluso una de 1.500 millones) existe o no existe. No hay dónde perderse. ¿O sí? Pues sí: hay personas, cientos de miles a juzgar por los últimos resultados electorales, que se niegan a sacar conclusiones de esa elemental constatación. Son los irreductibles que continúan votando por el correísmo y para cuyo consumo es necesario, es imprescindible, mantener la mentira viva y saludable en el debate público.

Creer a toda costa. Persistir en el espejismo. Negarse a ver. ¿La quiebra de la seguridad social después de diez años de saqueo? Son las políticas neoliberales del nuevo gobierno. ¿Los 18 exfuncionarios correístas procesados por corrupción y los tantos que eligieron la fuga y permanecen prófugos? Persecusión política. ¿Los gigantescos sobreprecios en la obra pública? Mentiras de la prensa mercantilista. Cada quien elige a quién creer y muchos prefieren a los trolls. ¿Autoritarios, fanáticos, gente peligrosa? No. Ciudadanos comunes y corrientes, buena gente, personas inteligentes, incluso: no es que no sean capaces de sumar 1+1. Es que no quieren. Ellos son la materia prima y el sustento de todo despotismo y de todo régimen corrupto. Y son una fuerza electoral. La mayor, les dicen aunque los números lo nieguen. Y ellos lo creen, de verdad lo creen.

Y sobre ellos, una élite bien cuidada fabricando mentiras al uso para mantenerlos cautivos. Y cubrirse las espaldas, de paso. Asambleístas y dirigentes políticos que se rasgan las vestiduras por la paja en el ojo ajeno e inventan casos y denuncias para mantenerse vivos. ¿Cree de verdad Pabel Muñoz que el proyecto de la refinería es viable? ¿Desconoce Marcela Aguiñaga, convertida en jueza de la presidenta de la Asamblea, que lo que ella y los suyos hicieron en la anterior legislatura fue mil veces más arbitrario, más ilegítimo, más inmoral que aquello de lo que se acusa a Elizabeth Cabezas? ¿Piensa de verdad Rafael Correa que este gobierno es más corrupto que el suyo? Imposible. Ellos tienen la suficiente información, ellos saben lo que hicieron. Simplemente, mienten porque no les queda más remedio. (Roberto Aguilar – Diario Expreso) Caricatura: Chamorro La Hora

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