Migrante fallecido habría gastado 12 mil dólares para viajar a Estados Unidos

Doce mil dólares le costó el viaje hacia la muerte. Eso fue lo que pagó Luis Oswaldo Quezada Aguilar, de 23 años, para poder cumplir su sueño de llegar a los Estados Unidos. Lastimosamente, la muerte se le cruzó en el camino y no pudo llegar a su destino.

Hoy, la familia del hombre que se ahogó cuando intentaba cruzar el río Bravo, en la frontera entre México y Estados Unidos, lamenta su decisión. Su cuerpo fue hallado el viernes 19 de abril pasado y se estima que llevaba al menos 5 días sin vida. Llevaba aún sus documentos personales, por los que pudo ser identificado que era un ecuatoriano, nacido en la parroquia San Lucas, de Loja.

Sentados en una banqueta de madera, fuera de la casa comunal del sector Cañi, a 15 minutos de la parroquia San Lucas, sus familiares planificaban cómo traer el cuerpo del joven padre que dejó en la orfandad a dos niños, una de 4 años y uno de 2.

En una pequeña sala, sobre una mesa están su fotografía y una vela, en una especie de altar creado para orar por su alma.

Eduardo Quezada, hermano del malogrado migrante, dijo que la última vez que tuvo comunicación con su ñaño fue el viernes 12 de abril pasado. Allí, Luis le habría contado que estaba en México, encerrado por seguridad hasta que los coyotes le indiquen cuándo podría cruzar la frontera.

Luis había viajado el 27 de marzo de este año. La ruta que hizo fue de Loja-Huaquillas para luego llegar a Lima (Perú), desde donde pasó a Cancún (México) y de allí pensaba llegar a los Estados Unidos.

El finado laboraba como ayudante de la Cooperativa de Transporte ‘Viajeros Internacional’. Hace un par de meses sacó la licencia profesional. Su familia se enteró de la muerte mediante las redes sociales.

El pago a la muerte

Ángel Guaillas, cuñado del occiso, contó el joven obtuvo un préstamo de 15 mil dólares en la Cooperativa de Ahorro y Crédito El Jardín Azuayo, dinero destinado para su viaje a Norteamérica.

De dicha cantidad le pagó cerca de 12 mil dólares al coyotero, quien sería conocido de la familia y habitaría en el cantón Saraguro. Hace pocos días, este hombre se había comunicado con Ángel diciéndole que su cuñado “había caído con la migración”, que tenía que conseguirse un buen abogado. No le dijo la verdad y ya no se comunicó más.

María Francisca Quezada Aguilar comentó que ella era como una madre para su quinto hermano. A muy tierna edad quedaron huérfanos y ella se tuvo que ser cargo de la familia. Recuerda Luis que era un niño muy travieso y juguetón, le gustaba jugar voleibol. Estuvo casado con Narcisa Mendoza, de quien se había separado y ya tenía una nueva pareja.

El pasado 27 de marzo se despidieron y lloraron juntos, diciéndole: “ñaña, cuida a mis hijitos”. El sueño de Luis era comprarse una vivienda y unos terrenos para dejarles a sus hermanos e hijos.

Cisne Guaillas, integrante de la Coordinadora de Organizaciones del Pueblo Kichwa Saraguro (Corpukis – Sakirta), se refirió a que la mayor parte de los jóvenes de la parroquia San Lucas viajan a Estados Unidos y Europa arriesgando sus vidas por “un mejor futuro” sin saber lo que les espera. (Diario Expreso)

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