Ventanas que son tendederos

Martes, 10:00. En la sala de información del Centro de Rehabilitación Social (CRS) de Latacunga hay un grupo de mujeres que usan camisetas blancas y zapatillas. Impecables. Frescas. El cabello recién secado y los labios de rojo carmín. No es un conjunto de artistas ni tampoco personal de la cárcel. Es día de visita “íntima”. Sus esposos las están esperando… ¿Limpios? Sí. O quizás no, pues dentro no tienen lavanderías. Ni tendederos.

Al cruzar el primer filtro: un escáner, otro escáner, revisión de los guías… aparece de frente (y ante los ojos de un Jesús del Gran Poder) un parque. A solo unos metros de allí está la sala de exposiciones. Hay infinidad de cosas: muebles para dormitorios y un pesebre construido solamente con madera; hasta el burro. De uno de los cuartos sale David Piña, sentenciado por el crimen de Karina del Pozo. Recorre el sitio y explica cuánto cuestan las figuritas, los cuadros.

Cerca de allí, EXPRESO accede por primera vez al centro de monitoreo: expertos miran los televisores conectados a las cámaras del centro. Menos los de las celdas, por respeto a los derechos humanos, dicen. Hay excepciones. El hombre venezolano que asesinó a Diana Ramírez, en Ibarra, frente a policías y curiosos, tiene una cámara en su habitáculo porque ya intentó suicidarse. Lo vigilan.

A unos pasos están las celdas de Transitorio, donde está el exvicepresidente Jorge Glas en una habitación en la que cabe una cama de una plaza, un escritorio en el que estudia su maestría y un dispensador de agua. Al fondo saca la cabeza Jorge Zambrano, el líder de la banda Los Choneros. Orgulloso dice: “Miren mis libros, estoy estudiando Derecho, ya voy en el último semestre”.

En este centro de cuatro etapas (mínima, media, máxima seguridad y el bloque de mujeres) hay 1.800 estudiantes de primaria y secundaria que reciben clases, hasta de inglés, de sesenta profesores del Ministerio de Educación. Hay una biblioteca.

Además, el director del CRS Latacunga, Eduardo Coloma, cuenta que los economatos (tiendas de los centros) comenzarán a vender productos más saludables, como chochos y frutas. Se siente satisfecho. Aunque no del todo, porque, por ejemplo, asegura que el CRS necesita más psicólogos y trabajadoras sociales. ¿Y cuál es la idea del sistema de rehabilitación social actual? Que el ppl (persona privada de libertad) se rehabilite, pero, asegura, “desgraciadamente con grupos tan numerosos se vuelve complejo”. Es por eso que de los más de 5.000 presos que hay, solo el 50 % accede a participar en actividades. Hay gente a la que no le interesa, pero más porque el “sistema no alcanza a cumplir”.

Hace calor, pero generalmente es una zona en la que el frío traspasa la piel y llega a los huesos. ¿Es un sitio adecuado para un CRS? David Barahona, arquitecto y especialista en infraestructura penitenciaria, explica que un centro de privación debe partir de un estudio de prefactibilidad: debe haber socialización con la gente, un marco económico que justifique y recomiende la inversión, infraestructura… y, según su criterio, “no hubo un estudio” para la construcción de los CRS de Latacunga, Guayas y Cuenca. Y por eso hay muchas deficiencias que se van notando sobre la marcha.

Barahona cuestiona las consideraciones de implantación que hubo para la ejecución de este proyecto. Existen tres puntos importantes que se deben cumplir: que no esté en una zona de riesgo, que tenga cobertura de servicios básicos y que esté cerca de un perímetro urbano. El centro de Latacunga, dice, no cumple con estos. Hay problema de volcanes, depende del agua que les da el Gobierno Autónomo Descentralizado de la localidad y está alejado, al menos de Quito, por 100,3 kilómetros.

El director Coloma lo reconoce. El agua que consumen los ppl es la misma que consume la población de Latacunga. “Recibimos ocho litros por segundo, llega a nuestro reservorio y de ahí se distribuye”. Eso les abastece para entregar agua, pero no todo el día. Hay horarios. Tres horas en la mañana y dos en la tarde. ¿Y el resto del día? No hay. En muchas ocasiones los presos dañan las llaves y, según Ricardo Camacho, exsubsecretario de Rehabilitación Social, eso provoca un desperdicio de un 30 %. “Sí ha habido un mal uso del líquido vital”, sostiene, y por eso han hecho una campaña para frenar este fenómeno.

Barahona indica que en el diseño de los CRS se debió plantear un sistema diferenciado de abastecimiento de agua: almacenar el agua lluvia para regar jardines o lavar patios; guardar las aguas grises (que son las que salen del lavabo o duchas); y el agua de consumo debe ser totalmente limpia, certificada con pruebas de sanidad. Tampoco se concibió, así como los comedores (EXPRESO lo contó ayer), o como las lavanderías: básico para los internos.

Caminando por los pabellones llama la atención la ropa colgada de las ventanas rectangulares: las típicas prendas anaranjadas. Camacho manifiesta que en Latacunga, por ejemplo, donde la temperatura es incluso más baja que en Quito, los uniformes de los reos tardan en secarse por las condiciones climáticas. Si bien es cierto, se ha dicho que por motivos de seguridad no la hicieron (al igual que los comedores), porque probablemente los presos romperían las piedras y las utilizarían como objetos contundentes. ¿Cuál es la solución? Dicen que es una cárcel moderna , pero… ¿dónde están los aparatos que ahora la mayoría tiene en casa? Se llaman lavadoras.

Según el Servicio de Contratación de Obras (Secob), tras verificar los planos y archivos, en los diseños de las tres obras se contemplaban las áreas de lavandería y secado. “Sin embargo, es necesario señalar que las funcionalidades y uso de los espacios de los centros carcelarios corresponden a la entidad requeriente”.

El experto en diseño e infraestructura penitenciaria dice que debería existir un lugar específico donde la gente pueda lavar de forma mecánica, en lugar de manual, para evitar el gasto de agua. Y no solo eso. En zonas como Latacunga, además, debería haber secadoras. En el centro no existen ni tendederos. Los ppl se han acostumbrado y lavan sus uniformes en los lavabos de sus celdas.

Pese a ello, todos andan con sus uniformes, como aquellos que atienden en el Tomatito, un proyecto que empezó en enero de 2016 y que hoy produce cerca de 400 platos diarios. De este se encargan 25 ppl. Allí comen policías, funcionarios públicos y guías… O como los reclusos que están en la carpintería donde, aunque las máquinas están dañadas, según Andrea Bautista, coordinadora del taller, producen muebles y obras de arte muy llamativas.

Al director Coloma le consultamos sobre la seguridad. En febrero una persona fue baleada. La semana pasada, en el CRS de Guayaquil dos internos fallecieron. ¿Se han tomado medidas ? “Desde luego, se está controlando. Hay algo importante: controlar el ingreso de armas. Desgraciadamente cuando se busca hacer mal, las alternativas no faltan”. ¿Y las mafias?, le preguntamos. “De las extorsiones hemos conversado con voceros y coordinadores, recibimos constantemente denuncias y tratamos de atenderlas, tomando las seguridades del caso”. Hay guías, al menos 210, al cuidado de los presos; hay policías, hasta 300. Lo cierto es que, como dice Coloma, “el encierro es duro… fundamentalmente para la persona que cometió un delito por las circunstancias de la vida”.

Las mujeres vestidas de blanco hacen fila para entrar en pequeñas habitaciones donde hay esponjas para acostarse y donde ya están sus esposos. Eso sí, dice el director, los presos siempre tienen sus visitas. Pasan una a una, y desaparecen…

Puntos destacados

Buena nueva

Próximamente, un equipo de periodistas empíricos que funciona dentro de la prisión hará un programa de televisión, por primera vez en la historia del Ecuador.

El Tomatito

Un ejemplo de superación. En este trabajan aquellos ppl que quieren rehabilitarse y salir. (Diario Expreso)

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