Los inmuebles más costosos del país están en Samborondón

Vivir lejos del centro de las ciudades es una práctica que se arraiga desde la última década. Es una tendencia. Los compradores buscan estatus, confort, seguridad, aunque por ello se deba invertir en mayor tiempo de recorrido entre la casa y el trabajo y, por supuesto, más dinero.

Y es Samborondón en donde la inversión es más alta. La isla Mocolí encabeza el ranking de las propiedades de mayor plusvalía, con un metro cuadrado de construcción que llega a costar $ 2.172, superando así a otros sectores exclusivos de las principales urbes del país. Así lo señala un reciente estudio de la plataforma inmobiliaria Properati que busca medir el costo de los bienes a nivel nacional. En el caso de Guayaquil, el valor del metro cuadrado de la vía a la costa ($ 1.200), el de mayor valor, sigue estando por debajo del que reporta Samborondón. Lo mismo pasa si se observan otras zonas de mejor clase, como la del Valle de Tumbaco, en Quito ($ 1.502). “Cuando se habla de un terreno que no tiene mayores servicios, estos se mantienen con un valor bastante estable en el transcurso del tiempo; pero si en ese sector se implementan obras de infraestructura urbana y una alta dotación de servicios, este va a tender a aumentar de valor porque su demanda será mayor”, explica Sue Murillo, representante y secretaria de la Federación Nacional de Corredores de Bienes Raíces del Ecuador (Fenacbre), para explicar el éxito que hoy tienen zonas tan exclusivas como Samborondón.

A Mocolí, una isla habitacional de cinco estrellas que está rodeada de lagos artificiales y amplios jardines, se le atribuyen como plus desde su clima fresco (tres grados menos de temperatura de lo que tiene Guayaquil), hasta el diseño arquitectónico de cada inmueble, que incluye retiros frontales de hasta 5 metros y más calles y veredas, también anchas. Y eso, dice Murillo, no lo tienen todas las urbanizaciones. Todo eso, añade, ha hecho que vivir allí se convierta en un tema de estatus. “A la gente le gusta decir que vive en Samborondón. No importa si vive en una casa de $ 150.000 o una casa de medio millón. La cuestión es vivir allí”.

Quito

Es un parámetro de vida que empezó a marcarse hace más de 17 años con la creación de las urbanizaciones amuralladas, rodeadas de seguridad y servicios, lo que ha ido replicándose o creciendo a la par en otros lugares del país.

Es el caso de zonas como Tumbaco y Cumbayá (nororiente de la capital), cuyo desarrollo fue impulsado por la llegada de universidades, hospitales y centros comerciales. Silverio Durán, presidente de la Cámara de la Industria de la Construcción (Camicon), recuerda que el Valle de Tumbaco en principio fue concebido como un espacio para segundo hogar de descanso de los quiteños. Una mudanza que, de a poco, fue atrayendo nuevas inversiones e hizo que nuevos servicios comenzaran a proliferar. Ahora la zona cuenta con servicios de punta, dice, y eso ha hecho que el costo de las viviendas en el sector sea elevado.

En Cuenca, a diferencia de Quito y Guayaquil, se viene dando un fenómeno contrario, sostiene Adrián Rodríguez, presidente de la Asociación de Corredores del Azuay. La renovación del servicio de transporte, con la llegada del Tranvía, y la regeneración de la avenida 1 de Mayo han generado que zonas urbanas como Misicata o la Ordóñez Lazo ganen valor. “En Misicata antes usted compraba un terreno a 150 dólares el metro, ahora lo adquiere en 400. Hablamos de que casi se ha duplicado en solo 5 años”, dice. Esta zona, antes considerada rústica, hoy en día es el blanco de un desarrollo urbanístico que ha permitido el levantamiento de los edificios más altos de la ciudad.

Henry Ríos, agente de bienes raíces, destaca que cuando una gestión municipal es positiva y ordenada, llega a impulsar la inversión privada. Un ordenamiento territorial vanguardista, dice, es clave a la hora del crecimiento inmobiliario.

Con ello concuerda Omar Quintana, promotor de varias edificaciones en Mocolí. No obstante, advierte que de los Gobiernos Autónomos Descentralizados (GAD) también depende que la inversión se siga dando.

Construir o adquirir un bien en zonas de alta plusvalía tiene un factor en contra, y este está relacionado a los elevados impuestos prediales que se deben pagar por la misma plusvalía. “Acá, por una casa o un terreno (según su dimensión), con alcabala y todo, a veces se llega hasta los $ 19.000. Estamos hablando de un dineral”. Todo está en quién los asuma, indica: el vendedor o el comprador. (Diario Expreso)

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