La ministra y sus funcionarios de alquiler

La noticia de Teleamazonas es elocuente: un grupo de personas se disponen a subir a un bus en la avenida de las Américas en Guayaquil. Una decena ha sido contratada para el viaje. Algunos reconocen ser parte del Ministerio de Salud. Incluso cuentan que pidieron permiso y que viajan a Quito a apoyar a la ministra. Un joven no sabe por qué está ahí, tiene los gastos cubiertos y dice que algo le dijeron de viajar a apoyar a alguien en Quito…

Al día siguiente las cámaras de Teleamazonas están en centros de salud pública en Guayaquil. Los pacientes se quejan amargamente porque llevan horas esperando a que les atiendan. La directora del dispensario seis admite que el retraso se debe a desplazamientos de personal a Quito. Y dijo que los que allí faltaban no habían pedido permiso. Es decir, dejaron abandonado su trabajo por “órdenes de arriba”.

En cualquier país, una ministra de salud que actuara de esta manera sería despedida del gabinete. Simplemente porque es inaudito que use su poder y su cargo, su jerarquía y capacidad de mando para disponer de esa forma de los empleados de su cartera de Estado. Aquí nada ha pasado. Tampoco Verónica Espinosa, en el supuesto de que nada tuviera que ver con esa comitiva de buses, ha despedido a algún supuesto agencioso que hubiera tomado ese tipo de decisión para hacer méritos a sus ojos.

Se debe entender que Verónica Espinosa es responsable políticamente por este atentado contra la salud de los pacientes más pobres de Guayaquil. En los hechos repitió, en el gobierno de Moreno, una de las peores prácticas del correísmo: usar a los funcionarios públicos para fines estrictamente políticos. ¿Quiere la Ministra apoyo para el Código Orgánico de Salud que se debate en la Asamblea Nacional? Muestre sus bondades a la opinión. Defiéndalo ante los asambleístas. Hágalo conocer.

Pero no: Verónica Espinosa, sobrina de María Fernanda Espinosa, sigue atada al modelo correísta en el cual la razón de sus tesis y su nivel de aceptación sigue siendo proporcional a la capacidad para acarrear gente, repartir sánduches y pagar una tarifa por día a los supuestos simpatizantes de su causa o de su política. Es una práctica manipuladora y falaz: esos ciudadanos que hacen bulto ante las cámaras y gritan consignas son funcionarios. No claman por derechos o convicciones legítimas: siguen libretos políticos diseñados por sus jefes o sus partidos. En el fondo, montan (no se sabe si con el concurso de dinero público) un show, totalmente embaucador, destinado a impresionar a la opinión, y en este caso a los asambleístas, para avanzar sus tesis, políticas, proyectos de ley o códigos.

Nadie, que se sepa, endosó responsabilidad política alguna a la ministra Verónica Espinosa. ¿Su ministerio puso plata para esta movilización? ¿Quién, de lo contrario, patrocina con dinero y logística, sus causas? ¿No es suficiente su cargo de ministra de Salud para aupar el Código de la salud y tiene que presionar, desde la calle, con un tinglado montado y absolutamente mentiroso?

Y luego no ha habido respuesta oficial a otros interrogantes: ¿puede la ministra de Salud (o funcionarios suyos) mover burócratas del sector, en plena semana laboral, para hacer plantones en Quito? ¿Lo puede hacer mermando servicios públicos de primera necesidad en centros de salud de Guayaquil? ¿No es aquello una irresponsabilidad que pudiera rayar con un delito administrativo? Y más sencillamente: ¿hasta cuándo un político, con cargo público, como Verónica Espinosa, puede disponer de los funcionarios para fines proselitistas, cualesquiera que se sean sus fines u intenciones? ¿O, en caso que diga que no dio ella la orden, tolerar que funcionarios suyos lo hagan?

Es inverosímil lo que mostró Teleamazonas. Pero ocurrió. Y hasta ahora todo parece indicar que aquello es tan natural que en el gobierno no ha reaccionado. La ministra de la salud dijo a Andrés Michelena, quien nos comunicó, no haber movilizado «buses ni personal médico». (José Hernández – 4 Pelagatos)

Foto: Ministerio de Salud.

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