Calibre 38, la asesina de las calles locales

Cada hora hay entre una y dos muertes en Guayaquil. Una parte de estas ocurre como consecuencia de la inseguridad. Aunque las noticias hablan en estos días de crímenes por motivos pasionales (violencia de género, intradomiciliaria), son más los hechos generados por la delincuencia común: ajuste de cuentas, robos, asesinatos…

La clase de arma utilizada marca la diferencia entre los unos y los otros. En los que se dan entre las cuatro paredes de un hogar, casi siempre se utiliza un cuchillo, la misma herramienta que sirve para cortar el pan o partir las legumbres. En los otros, la herramienta asesina es el arma de fuego, desde pistolas semiautomáticas hasta revólveres. Y de todas ellas, es la calibre 38 Special la que ha dejado un extenso reguero de sangre en esta ciudad.

Con un arma de este calibre murió la mañana del pasado 16 de marzo una de las hijas de la familia Angulo, quien tenía 16 años. Dicen que se disparó de manera accidental dentro de una vivienda en la cooperativa Velasco Ibarra (Guasmo Sur). Con una de estas se mató también Roberto Silva Mendoza, de 29 años, quien la noche del 22 de abril tomaba con unos vecinos en su casa de la cooperativa Francisco Jácome. Se disparó mientras jugaba con la muerte en una ruleta rusa. La 38 estuvo implicada en algunas de las cuatro muertes suscitadas entre el 12 y el 14 de febrero en la isla Trinitaria, como parte de un supuesto ajuste de cuentas entre bandas criminales. Además de dos revólveres de este calibre, se encontró una subametralladora de 9 milímetros en el momento en que se capturó a dos personas.

“Ese tipo de instrumentos letales termina como deben terminar: hecho chocolate en el infierno de los hornos de Andec”, dice Jorge Velasteguí, de la Dirección de Control de Armas de las Fuerzas Armadas. Se refiere a las dependencias locales de Acerías Nacionales del Ecuador (Andec), adonde se traslada el arma a cuyo dueño la Justicia encontró culpable de la muerte de otra persona.

Ahí se las reúne hasta que les llega la hora: en diciembre o en junio. En esos días, por calendario, se las traslada al sur de la ciudad donde se las funde a 1.600 grados y así terminar una historia de crímenes, “porque ese tipo de instrumentos muchas veces tiene en su haber más de una muerte”, agrega el jefe policial, quien lleva el registro de armas legalizadas en la ciudad.

De 329 armas de fuego que fueron enviadas hasta este lugar para su fundición entre diciembre pasado y abril, el 49 % es del tipo revólver. Una tendencia que se mantiene en los últimos tres años.

El calibre 38 Special se refiere al tipo de munición que se usa en determinadas clases de revólveres. No implica solo una marca. En Guayaquil, las más usadas, según un especialista civil, coleccionista de armas, quien prefiere mantenerse en la reserva, son las estadounidense Smith & Wesson y las brasileñas Taurus.

De esto también da cuenta Dennis Cárdenas, jefe de la Dirección Nacional de Delitos Contra la Vida (Dinased) Zona 8, quien considera que esa clase de armas aparece relacionada con muchas de las muertes violentas que se suscitan en Guayaquil. Dice que los criminales le encuentran ciertas ventajas: no dejan la evidencia de los casquillos regados, como sí sucede con las pistolas.

La cantidad de balas dispuestas para el ataque marca una diferencia en estas armas. El revólver apenas tiene capacidad de seis disparos por carga. La pistola, de 10 a 13.

En la calle, un sicario nunca llega al lugar de los hechos con un revólver. Lleva pistola, deja en la víctima de cinco a seis disparos. Así lo reconoce Cristian Rengifo, jefe del Laboratorio de Criminalística de Guayaquil.

Algo en lo que coincide el especialista civil, quien es parte de una tercera generación de personas poseedoras de armas: “La pistola calibre 9 mm es para asaltos a agencias bancarias, a carros blindados y para cometer sicariatos. Los ladrones de esquina o que se suben a los buses usan revólveres. Estos no necesitan más de dos balas en el tambor de sus armas”.

La pistola ofrece otra ventaja al delincuente, aseguran los especialistas: las municiones -de contrabando o producción local- se consiguen con facilidad en el mercado negro. Con la 38 es complicado, porque la producción nacional es inexistente y las balas son más caras.

Aunque los revólveres de marcas como Smith & Wesson y Taurus tienen mayor presencia en los delitos, aún existen otros de producción artesanal. Esto ocurre, a pesar de que en 2007 el país revisó su política pública en torno al uso de armas en el plano civil. Desde mayo de ese año se inició una campaña de desarme: promulgó un conjunto de medidas para desincentivar la compraventa de armas pequeñas; aumentó hasta el 300 % el Impuesto a Consumos Especiales en la compra de estos artefactos; prohibió la importación y la producción local.

Algo que incidió en la economía de localidades como Chimbo (provincia de Bolívar), donde había familias dedicadas a este tipo de producción.

Desde el 28 de abril de 2011, el estado suspendió la entrega de permisos para porte de armas, no así la tenencia legal. Las personas a las que se les autoriza armas están obligadas a tenerlas en su casa o propiedad, pero no trasladarlas.

También está restringida su importación. Sin embargo, ingresan al país por caminos irregulares, en un viaje que inicia en la frontera con el Perú y luego de atravesar el país termina en territorio colombiano. “En el camino de una frontera a la otra se queda buena parte, las cuales las compran desde hacendados y ganaderos hasta delincuentes”, agrega un entendido en armas, quien prefiere mantener la reserva de su nombre.

Cada arma deja una huella única al disparar. Eso lo saben los técnicos del laboratorio de balística de la Policía Judicial, uno de los más modernos de Latinoamérica. Cuando el proyectil sale disparado a través del cañón del revólver, queda una huella indeleble que la personaliza.

El túnel del cañón, llamado ánima, tiene sobre sus paredes unas líneas en forma de espiral que provocan un movimiento giroscópico en el proyectil para ayudarlo a que tenga una trayectoria precisa, algo que no tiene el armamento artesanal.

Cada una de las armas de fuego ingresadas legalmente al país alimenta la información que recoge el Sistema Integrado de Identificación Balística (IBIS), base del Departamento de Criminalística de la Policía Judicial. Hasta el 2014, se habían registrado más de 100 mil datos de balas, vainas y armas. De ese total, 26 mil pertenecían a Guayaquil.

Ni siquiera en San Lorenzo (Esmeraldas), afectada por la narcoguerrilla, se usó más el arma de fuego en 2018. Representa apenas el 20 %; mientras en Guayaquil, el 73 %.

La cifra

1.183 armas de fuego fueron fundidas el 2018. En lo que va de este año, esperan turno 731.

Regulaciones

La de 1980

El Registro Oficial 311 determina que un ciudadano puede tener y portar armas de uso civil para defensa personal, luego de cumplir ciertos requisitos. El Decreto Ejecutivo 169 (1997) define tipo de armas prohibidas: revólveres hasta calibre 38, pistolas y subametralladoras semiautomáticas hasta 9 mm.

Reforma

En el Decreto Ejecutivo 1573 (2009) reforma a la ley y al reglamento existentes, pero mantiene la facultad de la tenencia y el porte de armas tanto para las personas naturales como jurídicas. Hasta ese año se habían entregado 128 autorizaciones emitidas para fabricantes artesanales de armas.

Un año clave

En el Decreto Ejecutivo 749 (2011) se suspende la entrega de permisos para el porte de armas, pero esto no sucede con los permisos para la tenencia legal. De acuerdo con estos cambios, la persona que obtenga los permisos puede tener armas en su domicilio o propiedad, pero no puede portarlas.

Norma actual

En el artículo 360 del Código Orgánico Integral Penal vigente se determina que la tenencia (con autorización de las Fuerzas Armadas) es el derecho a la propiedad legal de un arma, pero para un lugar específico. El porte permite la opción de traslado en una jurisdicción determinada.

El aspecto legal

Una ley que debe actualizarse

El Ministerio de Defensa, a través de la Dirección de Control de Armas del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas, vigila la importación, la exportación, comercialización, almacenamiento, comercio interior y fabricación de armas de fuego; municiones, fuegos de artificio, pólvoras o toda clase de explosivos, así como las materias primas que se usan para su fabricación.

De acuerdo al reglamento de esta ley, existen dos tipos de autorizaciones: el permiso de tenencia y el permiso de porte de armas.

Algunos especialistas entrevistados por EXPRESO aseguran que la actual normativa debe corregir algunos de sus puntos. Un ejemplo, la ley habla de actualizar el permiso cada dos años, pero ¿qué sucede si no se lo hace? No hay ningún tipo de sanción a quien incumple.

Es más, si el posesionario del permiso aparece luego de 6 u 8 años para renovar el documento, lo único que está obligado a presentar es el certificado anterior. No hay sanción de por medio.

En caso de que nunca aparezca el dueño del arma, el sistema le da la baja, pero existe el riesgo de que siga dando vueltas de manera irregular, dicen los especialistas.

A esto se suma que la tenencia del armamento es para un lugar determinado (dirección particular o domiciliaria), pero en el reglamento se agrega que se la puede llevar de un lugar a otro, siempre que se la traslade descargada, en funda o caja con las seguridades necesarias. Es decir, las armas y los proyectiles por separado.

Esto es lo que permite que un arma cuyo permiso es para una provincia determinada, aparezca en otra. En el caso del porte de arma, que solo se entrega a ganaderos y camaroneros, pero con una determinada jurisdicción (provincia), algo que tampoco se respeta. (Diario Expreso)

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