¿Con cuál Moreno se queda usted?

Desde que se fue del poder, muchos ciudadanos exigen no hablar más de Rafael Correa. Tienen la presunción de que si se ignora lo que hace, o dice, el país terminará por liberarse definitivamente de él. Curioso pedido que choca precisamente con la actitud del expresidente: usar todos los mecanismos que dejó instalados para seguir interviniendo en la coyuntura política y preparar su retorno.

Cada día surgen, además, denuncias sobre su gestión y la estela de corrupción de sus gobiernos. La herencia del correísmo es tan voluminosa que es imposible, por ahora, que el país vire esa página. La prueba más reciente es el lío que enfrenta el presidente con el financiamiento de la campaña de 2017, junto a Jorge Glas. Una campaña diseñada por las cúpulas del gobierno y del partido, de las cuales Correa era el líder.

Lenín Moreno es, entonces, producto del correísmo y su beneficiario político. Pero a la vez podría decirse su víctima. Y, claro, su sepulturero incontestable. Ese triple papel lo convierte en un caso dramático para el país.

Se entiende que sin Correa, sin Alianza PAIS, sin ese aparato del Estado cooptado y al servicio del caudillo, sin Juan Pablo Pozo en el CNE, sin esas chequeras empresariales que apoyaron ese gobierno autoritario y corrupto, Moreno no estaría en Carondelet.

Para él, Correa y los suyos habían delineado un rol de marioneta. En ese punto, Moreno podría aducir (ya lo ha hecho), desconocimiento absoluto del enorme flujo de billetes en su campaña. Todo se hizo -escribió en su cuenta de Twitter- sin su conocimiento y sin su consentimiento. En fin, Moreno es en los hechos y en forma incontestable, el sepulturero de un sistema productor de estatismo y autoritarismo. El mundo democrático le agradece por haber quebrado esa dinámica que, en forma irremediable, hubiera llevado el país por la senda venezolana. Y le agradece por haberlo hecho sin ningún tipo de violencia.

Moreno aprovechado; Moreno víctima del invento en que participó y Moreno enterrador de Correa: de ese tríptico Estados Unidos y buena parte de las élites empresariales parecen propensas a premiar su papel de sepulturero de Correa y del correísmo. De ahí su apoyo irrestricto y el nerviosismo evidente que se respira en ciertos mentideros políticos y empresariales donde no se puede emitir crítica alguna contra este gobierno. Es más: muchos están esperando que la tarea de enterrador la selle la Justicia castigando la mayor parte de delitos de Correa; lo cual lo tendría muchos años en la cárcel. O fuera del país para siempre.

En ese guión, estaba prevista la vulnerabilidad del gobierno de Moreno; sus inconvenientes para lidiar con las tareas propias de una transición en los frentes económico, institucional y político. Pero no estaban contemplados sus problemas con la Justicia. La revelación hecha por el portal La Fuente crea un escenario inesperado, dramático para el país que ahora tiene que incluir la posibilidad de que el presidente sea investigado por las cuentas de su campaña.

Esto es ineludible. No hay cómo investigar las cuentas de campaña de Correa-Glas en 2013 y no hacerlo con las de Moreno-Glas en 2017. Y como dice el académico Simón Pachano, puede que Moreno no haya tenido que ver con el dinero, pero debía inquietarse de la cantidad de dinero que corría en su campaña. Y de su origen.

Todo esto deja presagiar que el país seguirá hablando de Correa y de Moreno, pero no solo como su sepulturero: también como el político que se benefició de un sistema que corrompió todo lo que tocó. (José Hernández – Diario Expreso) Caricatura: Chamorro La Hora

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