Y parecen insólitos

La lavada de manos de Poncio Pilato, prefecto romano de Judea, es la más celebre. Los del poder judío, encabezado por Herodes Antipas, que gobernaba Judea, pero sometido al Imperio Romano, aprovecharon la Pascua judía –celebración por el fin de la esclavitud de los judíos en Egipto– para capturar a Jesús, que asumía ser el hijo de Dios y que tenía seguidores. Lo acusaron de blasfemia –ofensa a Dios– y lo llevaron ante Pilato, el único que podía disponer la pena capital.

Pilato se negó a juzgar la supuesta blasfemia. El Dios judío no era el de Roma. Envió a Jesús ante Herodes, este lo retornó a Pilato, acusando a Jesús de sedición, que se castigaba con pena de muerte. Pilato, presionado por los judíos, se allanó a condenar a Jesús, pero se lavó las manos, exclamando: “No soy responsable por la sangre de este hombre”.

Los lectores pueden encontrar coincidencias de lo relatado, con entornos y actores del poder y la política del siglo XXI, porque miserias en los comportamientos humanos, aprovecharse de coyunturas, intereses no confesados, elusión y evasión de responsabilidades se dieron entonces y se han replicado a través de los siglos.

“Yo no fui”, “yo no supe”.

¿Será posible que actores de campañas políticas –candidatos y dirigentes– inmersos en el gasto de millones de dólares, no estén enterados de quienes son los que contribuyen para el efecto y de los compromisos a que se vinculan las contribuciones?

Odebrecht supuestamente perfeccionó el mecanismo de vinculación “poder-contratación pública” en la Región. El apoyo de Lula y del modelo político del socialismo siglo XXI potenció lo que ya esa macro empresa hacía en la región, con gobernantes de todas las ideologías.

En el Ecuador, las anotaciones de los cuadernos de Pamela Martínez y su delación como colaboradora eficaz –quizás por sentirse abandonada– suman evidencias de que los actores del poder en el correato fueron parte del toma y daca de contribuciones y negocios. Y no sólo se trata de las contribuciones de Odebrecht, sino también de numerosas empresas. Tampoco se limitaron las entregas de valores a los tiempos de campaña.

Los rezagos del correato son una realidad, igual que la debilidad de las actuaciones de quienes podrían tener rabo de paja.

Tenemos una fiscal feneral, Diana Salazar, que ha demostrado eficiencia en su trabajo, a quien debe dársele el respaldo que requiere.

¿Podemos confiar en los jueces de la Corte Nacional de Justicia?

¿Impunidad pre-pactada?

Durante el correato –desde el 2008, hasta el 2018– se firmaron contratos con empresas chinas que superaron a los USD 8.000 millones.

En la ejecución contractual, en casi todos los casos, ha habido graves problemas, lo que se suma a la falta de transparencia de las condiciones que se pactaron.

China le habría dado el carácter de confidencial a la información que se requeriría para transparentar esos contratos y los negocios que involucran.

El presidente Moreno expresó –días atrás– que la impunidad es peor que la corrupción.

En el caso, la impunidad estaría pre-pactada. ¿Qué va a hacer el gobierno ecuatoriano? Su silencio lo haría garante de la impunidad.

El rol de las Fuerzas Armadas

Para los recintos de privación de la libertad, donde la delincuencia interna se ha desbordado, se pide la presencia de la Policía Nacional y de las Fuerzas Armadas. Doloroso es que también se la ha pedido para la Universidad de Guayaquil.

Cuando en el correato se preparaba el asalto a la producción petrolera, desde la exploración de áreas hasta las refinerías y los contratos de venta de petróleo, el 2007 se involucró a la Fuerza Naval, instrumentándose estados de excepción el 2008 y el 2009, los que en su momento cuestioné públicamente.

Las Fuerzas Armadas no deben convertirse en fachada de lo que en otros órdenes deben actuar las autoridades.

El Consejo de Educación Superior (CES)

El correato corrompió a varias instituciones estatales de educación superior. Quizás la Universidad de Guayaquil fue la más afectada.

Estuve vinculado a esta desde el inicio del año lectivo de 1960, como estudiante, profesor y autoridad. Fui su rector hasta julio del 2004, por cerca de diez años. En esta etapa, en lo académico y en lo ético, así como en el desarrollo constructivo y en lo financiero, siendo la Universidad de mayor alumnado del Ecuador se multiplicaron las realizaciones, a pesar del agravamiento de la crisis que sufrió el país con la quiebra bancaria, la devaluación y la desvalorización de los últimos años del siglo XX que obligaron a la dolarización

En los casi quince años posteriores se la ha deteriorado para convertirla en una universidad que da terror.

Una tradición de dignidad y democracia, forjada desde 1883, ha sido herida gravemente.

No justifico errores de la administración del doctor Carlos Cedeño, que siguió a la mía, pero desde que el CES del correato introdujo sus pezuñas en la Universidad de Guayaquil, y más cuando se la intervino, su deterioro se profundizó.

El estiércol se desbordó el 2018. Como ciudadano tuve esperanza que las cosas cambien con Moreno. En mayo de ese año, en una conversación con él, le relaté lo que conocía y le puntualicé que algo debían hacer las autoridades. Me reuní en Guayaquil con la doctora Catalina Vélez, presidenta del CES. Impotencia total.

Frente a la violencia que significó la salida del exrector Salcedo, el CES decidió formar una comisión interventora a la que entregaba toda la decisión de la Universidad. Taché aquello de ser una lavada de manos en colectivo, por no asumir el CES la responsabilidad de no haber actuado oportunamente. En tipología penal, antes se diferenciaba entre encubrimiento y complicidad, pero luego se ha considerado que el primero es forma de complicidad.

Por ahora, no quiero referirme a la Comisión Interventora.

Mi exhorto es a los que integran la comunidad de la Universidad de Guayaquil. ¿Tienen conciencia de que no están siendo consecuentes con el legado de su historia? Se requiere un diálogo amplio, de autoridades, maestros, estudiantes y trabajadores, sin prejuicio alguno, direccionado a que la Universidad recupere un cogobierno democrático y prestancia académica con nuevas autoridades. (León Roldós – Diario El Universo) Caricatura: Chamorro 4 Pelagatos

Para los recintos de privación de la libertad, donde la delincuencia interna se ha desbordado, se pide la presencia de la Policía Nacional y de las Fuerzas Armadas. Doloroso es que también se la ha pedido para la Universidad de Guayaquil.

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