El Estado correísta en la picota

El gobierno de Lenín Moreno quiere echar abajo la estructura administrativa del Estado que heredó del correísmo. Y la Asamblea (con los correístas por delante, por supuesto, pero no solo ellos) se ha puesto en alerta. El acuerdo interinstitucional que el pasado 24 de junio firmaron la Secretaría de Planificación y los ministerios de Economía y Trabajo (un documento de diez páginas para cuya comprensión se requiere el concurso de un traductor especializado en jerga tecnocrática) aterrizó ayer en la sesión plenaria por pedido del oficialista Rubén Bustamante. El enconado debate concluyó con la aprobación de una resolución que dividió el voto correísta: llamar a Sandra Argotty, delegada de la Presidencia en la Secretaría de Planificación, para que explique las intenciones del gobierno ante la Comisión de Régimen Económico. Y ejercer con rienda corta el control político del proceso.

El acuerdo interinstitucional lleva por título ‘Directrices para la reorganización de la presencia institucional en territorio y la reestructura orgánica de la administración pública central’, y pretende acabar con todo rastro de duplicación de funciones en los organismos descentralizados. Esto implica la eliminación de ciertas entidades y organismos zonales o distritales, así como el despido (“desvinculación”, dice el documento, en su eufemística jerga burocrática) de un número no establecido de servidores públicos. “Miles”, dijo el asambleísta Ángel Sinmaleza. Otros no dudaron en aplicar la muletilla “despidos masivos”. El oficialismo ni confirma ni desmiente.

José Agusto Briones, secretario de la Administración, acudió al Pleno para hablar sobre el alcance del acuerdo interministerial. Pero precisamente aquellos que más interesados se mostraron por recibir explicaciones, es decir los correístas, no estuvieron ahí para escucharlo. Minutos antes habían abandonado la sala para ofrecer una rueda de prensa cuyo tema central era… ¡el acuerdo interministerial!

Briones no se tomó más de diez minutos, la mayoría de los cuales empleó en enumerar las buenas intenciones del gobierno. Dijo “mejorar”, “optimizar”, “ahorrar”. Dijo “se mantendrán las competencias descentralizadas”. Dijo “se garantizarán los derechos adquiridos”. Anunció que en 45 días se habrá eliminado las funciones duplicadas en el nivel de asesoría y apoyo. Y en 120 días las entidades públicas “deberán formalizar la actualización de los instrumentos institucionales referentes a la presencia institucional y de sus estructuras orgánicas”, cita textual del documento que cada quien entendió como pudo. O no entendió en absoluto. Enumeró algunos logros del gobierno en el proceso de reducción del tamaño del Estado. Por ejemplo, “en el CNT se suprimieron 52 gerencias funcionales, 22 gerencias provinciales y siete gerencias regionales” sin que el servicio se viera afectado. Y puso un ejemplo de Ripley: el Ministerio de Salud tiene más comunicadores que la Secom y más abogados que la Procuraduría.

Para los correístas, sin embargo, se trata de un retroceso al esquema de los años 80, un atentado contra el modelo de descentralización y desconcentración del Estado, una imposición del Fondo Monetario Internacional. En el otro extremo del hemiciclo, el acuerdo interministerial es bien visto. A Fernando Callejas, de CREO, le basta con que se trate de reducir el tamaño del “Estado obeso” para sentirse conforme. En el medio, la idea de los despidos no termina de gustar a todo el mundo. En fin, esto recién empieza. La representante de la Presidencia en la Secretaría de Planificación vendrá a dar sus explicaciones y es más que seguro que las comparecencias continúen.

Homenaje

El correísmo y su estética

El arte contemporáneo ecuatoriano tardó veinte años en liberarse del fantasma de Guayasamín. Cuando lo había logrado, el correísmo lo trajo de nuevo. Y fue una correísta, Amapola Naranjo, quien impulsó el homenaje de la Asamblea Nacional por los cien años del pintor. Ayer se le entregó, de manera póstuma, la condecoración General Rumiñahui. (Diario Expreso)

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