Derogatoria con palabrotas

Lo que empezó de la manera más técnica posible, con cifras de recaudación y cálculos fiscales, terminó con cajas destempladas y amagos de bronca. Los correístas gritaban improperios (en montón, como acostumbran) mientras del otro lado varios brazos se extendían para sostener a Eliseo Azuero, que parecía dispuesto a lanzarse en fiera y desigual batalla contra las líneas enemigas al grito de “¡De uno en uno!”. Y así, con esta chispeante escena que se aseguró un espacio en los resúmenes de fin de año, la Asamblea Nacional despidió ayer al impuesto verde instaurado vía decreto presidencial por Rafael Correa. Noventa votaron a favor de su derogación; 29 correístas, en contra. El eufemísticamente llamado “Impuesto ambiental a la contaminación vehicular” pasó a mejor vida.

Que ni es ambiental (porque lo recaudado no se usó con esos fines) ni grava la contaminación vehicular (sino el patrimonio), demostraron documentadamente sus detractores: Homero Castanier y Fabricio Villamar, de CREO, autores del proyecto de ley derogatoria, y el oficialista Esteban Albornoz, presidente de la Comisión de Desarrollo Económico, donde se trabajó para unificar ese proyecto con el enviado desde la Presidencia. El supuesto objetivo del impuesto verde, tal como defendía el correísmo en su momento, era triple: mejorar la calidad del combustible, adoptar procesos eficientes de chatarrización y financiar mecanismos de movilidad alternativa. “Nada de eso sucedió”, dijo Villamar.

Poco a poco fueron surgiendo datos significativos: que el 83 por ciento de los vehículos no están gravados por este impuesto; que sí lo están, en cambio, los vehículos que dejaron de circular; que la cartera vencida saltó de 33 millones a 109 millones en un año; que muchos vehículos no acceden a la chatarrización porque el pago del impuesto es un requisito para hacerlo; que 445 mil vehículos quedaron sin regularizarse porque no pagaron; que a pesar de haberse recaudado más de 900 millones desde que el impuesto entró en vigencia, la gasolina que se consume en el país sigue siendo de las peores: tiene hasta 650 partes por millón de azufre cuando la norma internacional fija un máximo de 40… Así transcurrió la mayor parte del debate.

Hasta que hablaron los correístas. Era como si no hubieran escuchado nada de lo anterior, porque no lo desmintieron. Simplemente se limitaron a proclamar lo mucho que les importa el medioambiente. “La casa grande”. “La Pachamama”. Juan Cárdenas llegó a lo inaudito: acusar a Lenín Moreno de echar a perder el Yasuní, el parque nacional donde el correísmo autorizó la explotación petrolera, con un informe favorable de la Comisión de Biodiversidad de la Asamblea, presidida por Carlos Viteri. Y precisamente Viteri sacó a colación la política petrolera del Gobierno para criticarla desde una perspectiva ambientalista. Para muchos que los escuchaban absortos, todo esto era demasiado.

Lo que ocurrió después fue producto de la indignación. Fernando Callejas le recordó a Viteri su triste papel en la historia petrolera del Yasuní. Eliseo Azuero habló de “cinismo puro” y dijo que Viteri “le dio la espalda a la tierra que lo vio nacer”. El correísta invocó su derecho de réplica y acusó a Azuero de haber hecho, cuando prefecto de Sucumbíos, “acuerdos extrajudiciales” con Texaco por medio de los cuales se comprometió a boicotear todo reclamo en contra de la compañía. Azuero perdió la cabeza. Lo amenazó con llevarlo ante los jueces. Dijo “Yo no trafico influencias, como algunos, no busco que mi hijo vaya a trabajar sin hacer nada”. Y fue subiendo el tono. Llamó a Viteri “seudoamazónico”. Y aludió a su adorno capilar amazónico: “Esas plumas le quedan sobrando”. Terminó gritándose con todos los correístas, que para ese momento ya estaban alebrestados. Y aunque bajó la voz, abrió bien la boca para que se notara (y todo el mundo lo notó) cuando le mentó la madre a alguien.

Fin del debate. Continuar habría sido demasiado peligroso. Es una suerte que en estos tiempos se prohiba fumar en el salón del Pleno. De lo contrario, ayer habrían volado ceniceros.

El detalle

El texto que se votó. El proyecto de ley derogatoria aprobado ayer tiene ocho artículos y unifica el enviado por el presidente con el presentado por CREO.

Beneficios

Los intereses se perdonan

La ley derogatoria aprobada ayer establece la remisión de la totalidad de los intereses, multas y recargas derivadas del saldo de las obligaciones pendientes y otorga facilidades de pago para los deudores: podrán pagar en cuotas anuales, hasta en un máximo de tres años, y someterse a las condiciones vigentes en 2018, cuando regía un descuento del 50 por ciento. (Diario Expreso)

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