Las amenazas merecen una respuesta dura

No tengo duda de que la mafia movilizará personas y recursos para cobrar venganza contra la honrosa traición de Moreno. No con el propósito de botar al gobierno, porque es evidente que las condiciones políticas e institucionales no permitirían que esos suceda, pero sí con la intención de provocar alteraciones que agiten la convivencia social, generen caos e intenten fortalecer sus trincheras desde las cuales perseverarán en el intento de recuperar fuerza, neutralizar las amenazas judiciales que se ciernen sobre los líderes de la revolución corrupta y lograr la impunidad de la quieren gozar, a pesar de sus latrocinios. 

El desate de la violencia en las cárceles no es casual. Allí se alojan algunos los miembros de la camarilla que no descansará en su tarea de buscar razones para volver a recintos penitenciarios de excepción. Aparecen enmascarados que convocan a movilizaciones. El espionaje y chantaje con información hackeada o suministrada por los resentidos. El aparecimiento de ese Rasputín, dominico ranclado, cuyos exabruptos de tonto con poder son aplaudidos por Correa.  

El gobierno debe responder con fortaleza. Y reprimir aquella violencia ilegítima y sediciosa. Y articular apoyos para que las instituciones, los líderes políticos y la opinión pública cierren filas para enfrentar esos efluvios vengativos y perniciosos. Debe probarse, para tranquilidad del debido proceso, que sí  hubo articulación con redes internacionales de espionaje. Y esas mismas instituciones deben responder y neutralizar los intentos que emprende el tonto útil del correísmo para reversar los cambios producidos por el Consejo Transitorio. 

Las amenazas son contra las instituciones y contra la recuperación de las formas democráticas que fueron arrasadas por la impudicia correísta. Aparte de las que he mencionado, está también la amenaza a la integridad de los procesos electorales. El CNE, conducido como lo ha hecho la señora Atamaint, que recicla aliados encubiertos de los sediciosos, sin la certeza de un sistema informático adecuado y transparente, no es garantía para evitar que golpes de mano en las mesas electorales modifiquen los verdaderos resultados. Aquí debe confluir el gobierno y otra vez líderes políticos y opinión pública para denunciar y corregir las distorsiones. 

Alinear la policía con una verdadera agenda de protección ciudadana, fortalecer su capacidad de gestión y desarticular las alianzas con el sistema represivo, debe ser también un objetivo político. En recientes episodios, de lamentable desenlace, se ha hecho evidente que la formación y herramientas para reprimir el delito son insuficientes. Una forma de atentado contra la estabilidad política puede venir por el incremento de los niveles de inseguridad y por la incapacidad del Estado de garantizar niveles adecuados de seguridad de las personas y sus bienes. Construir esa agenda integral de seguridad pasa por conciliar los roles de la fuerza pública, de articular la previsión, la represión legítima, el procesamiento judicial y la prisión y rehabilitación de los condenados: todo esto es imperativo.  

Un sistema judicial que se siente y percibe aún alineado con las fuerzas oscuras de la revolución corrupta, genera incertidumbre sobre su eficacia en sancionar el delito y desarticula una estrategia integral de seguridad. Una Fiscalía sin recursos y capacidad para indagar y acusar, producirá efectos parecidos. Asegurar que estas instituciones operen para garantizar la seguridad, pasa por reformas legales y por movilizar otras instituciones para que la evaluación sea un medio para tener jueces idóneos y de elevadas cualidades y no un medio para ratificar nombramientos hechos por las corruptas formas usadas en el gobierno pasado. 

Es positivo el acercamiento al gobierno de Estados Unidos, específicamente para el apoyo en la detección de delitos. El uso de las Islas Galápagos como facilidad logística es correcto. Y todo lo que se haga en conjunto para atacar las alianzas delictivas que recibieron protección en el correísmo, ayudará a romper también alianzas políticas. 

Son muchas, como se ve, las amenazas que se ciernen sobre la de democracia y la seguridad, que deben ser enfrentadas por el gobierno, en primer lugar, y sobre las cuales debe existir un acuerdo político de largo plazo.  ( Diego Ordóñez – 4 Pelagatos) Rafa Caricaturista

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