Los violadores de Manresa usaron la violencia para “vencer la resistencia”

Primero uno, después otro, un tercero y hasta un cuarto. Uno tras otro, cuatro hombres marroquíes de entre 18 y 24 años accedieron la madrugada del domingo a la habitación en la que yacía sobre un colchón una menor de 17 años que voluntariamente había llegado horas antes al piso, pero que tras beber demasiado, aceptó la sugerencia de retirarse a un cuarto a descansar. Ayer, la joven reprodujo ante la titular del juzgado número 7 de Manresa lo que ya contó a los Mossos d’Esquadra tras la agresión sexual. Apenas hubo contradicciones, y la magistrada destacó la coherencia de un relato que la víctima hiló en sede judicial durante tres horas con la ayuda de una psicóloga del Servei d’Emergències Mèdiques (SEM) que la atiende desde que sufrió la violación.

Tras escuchar a la víctima, y sólo a uno de los cuatro detenidos –porque tres se acogieron a su derecho de no declarar– además del relato de un testigo que estuvo un rato en el piso en el que sucedieron los hechos, la magistrada atendió la petición del fiscal y decretó prisión provisional, comunicada y sin fianza para los cuatro.

En el auto de prisión, la magistrada sostiene que existe riesgo de fuga de los cuatro, de los que destaca algunos antecedentes, sin domicilio fijo, ni trabajo, ni arraigo. También alerta del riesgo de la reiteración delictiva de unos hechos que el fiscal califica de cuatro agresiones sexuales con “acceso carnal”, castigados con hasta 15 años de prisión. Además, la magistrada considera que cada presunto violador coopera con el resto. Y tiene en cuenta la “intimidación y violencia” que presuntamente usaron contra la menor para “vencer cualquier resistencia” colocando “todo el peso de su cuerpo, de mayor complexión” sobre la joven para agredirla. En su escrito, la magistrada también reproduce las insistentes negativas de la joven a mantener relaciones sexuales con unos jóvenes que acaba de conocer aquella misma noche y con los que accedió de manera voluntaria a acudir al piso en el que se cometió la presunta violación.

La magistrada relata como la joven se sentía “aplatanada” por el consumo de alcohol y un par de caladas a un porro, y como uno de los agresores le aconsejó ir a descansar a una habitación. Estirada sobre un colchón, el hombre la desnudó, dejándola sólo el sujetador, y la violó, pese a la negativa de ella. Después entró otro, un tercero y hasta un cuarto al que la víctima no es capaz de concretar si llegó a penetrarla.

En cualquier caso, la juez da absoluta veracidad al relato de la víctima, corroborado además por las dos llamadas de auxilio que realizó desde sendos móviles al 112. Unas llamadas que ayer se escucharon en sede judicial y que ayudaron a los Mossos de Manresa a poner en marcha las patrullas de seguridad ciudadana y de investigación que lograron dar con ella y con los cuatro sospechosos.

El auto desvela que tras la denuncia, la j oven acompañó a los investigadores hasta el piso en el que sufrió la agresión, y que a pie de calle, la víctima fue capaz de identificar, sin género de dudas, a tres de sus agresores. El cuarto fue arrestado dos horas después.

La víctima de Manresa ofreció un “relato veraz” de la violación

La joven de 17 años víctima de una violación grupal la madrugada del pasado domingo en un piso ocupado de Manresa detalló a los investigadores de los Mossos d’Esquadra un relato “coherente y veraz”. Unas palabras que ofrecieron a los policías absoluta veracidad. Hoy, la adolescente que se recupera arropada por su familia, volverá a detallar el calvario sufrido ante la jueza que dirige la investigación. Tras su declaración, se personarán en esos mismos juzgados de la capital del Bages los cuatro presuntos agresores sexualescuatro hombres marroquíes de entre 18 y 24 años, que el lunes se negaron a dar su versión a los Mossos, que los hicieron regresar al escenario de la agresión durante la nueva inspección ocular que realizó la policía científica.

Conviene volver a contar los hechos a partir del relato de la menor. El domingo, cuando faltaban pocos minutos para las cuatro de la madrugada, la joven logró hacerse con uno de los móviles de sus agresores sexuales y, a escondidas, llamó para pedir auxilio al 112. Contó al operador que estaba retenida en un piso con varios hombres que la habían agredido sexualmente, y que no la dejaban salir. A pesar de la insistencia del operador, la chica no pudo dar ninguna referencia de dónde se encontraba. Sólo atinó a decir que era dentro de un piso. En ese instante uno de los hombres que la retenía la descubrió telefoneando, le retiró por la fuerza el teléfono y advirtió al interlocutor de que la joven se encontraba bien. Después colgó con brusquedad.

Tras esa primera llamada de auxilio, se activaron las unidades de investigación del Bages, en Manresa, y Anoia, en Igualada; además de las patrullas de seguridad ciudadana. Los investigadores comprobaron el teléfono desde el que se había producido la llamada al 112 e identificaron a Mohamed H., de 24 años y con domicilio en Manresa. Unos policías se trasladaron a ese domicilio.

No habían transcurrido ni quince minutos cuando la víctima volvió a llamar al 112. Esta vez desde otro móvil, y asegurando que había logrado escapar del piso. Insistió en que había sido violada por varios hombres, y explicó que estaba junto a las piscinas municipales con un individuo que le había prestado el teléfono.

Desde el 112 ya se había activado además de la policía, el Servicio de Emergencias Médicas. La primera patrulla de mossos que llegó a las piscinas encontró a la joven sola. Los sanitarios llegaron inmediatamente después y le realizaron una primera asistencia. La joven fue trasladada hasta el hospital de San Joan de Déu de Manresa, donde fue atendida por el personal sanitario y por el médico forense de guardia que se trasladó hasta el hospital y que confirmó las agresiones sexuales.

Ya en compañía de sus familiares, la menor declaró ante los investigadores. Fue un relato “valiente, concreto y veraz”, indicaron fuentes al corriente de la investigación. Y contó lo sucedido. Explicó que el sábado por la noche había quedado con un familiar y que a la altura de La Seu, la principal iglesia de Manresa, se encontró con un grupo de jóvenes. Aseguró que no les conocía de nada, pero que le resultaron muy agradables y que empezaron a hablar. La joven contó que la condujeron hasta el inmueble, que debió de andar desde La Seu unos 15 o 20 minutos. Había bebido mucho y no recordaba el lugar.

Mientras unos investigadores seguían tomando declaración a la víctima, otros ya trabajaban en la calle a partir de los titulares de los dos móviles desde los que la menor pidió auxilio al 112.

Al otro lado del segundo teléfono respondió a los Mossos un joven que les aseguró que se encontraba en una discoteca de salsa de Manresa, pero que no tenía inconveniente de salir y quedar con los policías en la puerta. El hombre les reconoció que había prestado su móvil a la joven, a la que se encontró por casualidad frente a las piscinas, pero que una hora antes la había visto en el piso de unos amigos de la calle Aiguader, número 17. “Aquella escena no me gustó y me largué”, aseguró.

Los policías se movieron con rapidez. Sobre las seis de la mañana se presentaron en el tercer piso del número 17 de la calle Aiguader, en el destartalado y abandonado centro histórico de Manresa. Los sospechosos ni siquiera se habían movido del piso. Allí mismo fueron detenidos Mohamed H., de 24 años, Hamza Zefzaf, de 24 años, Anass E., de 19 años, y dos horas después y en otra dirección Mourad B., de 18 años. Al menos dos tienen permiso de residencia en España.

En la habitación en la que se produjo el ataque sexual, los mossos encontraron parte de la ropa interior de la joven y un máscara para las pestañas.

Durante la jornada de ayer, los investigadores trabajaron en el atestado que hoy entregarán a la jueza. Los cuatro hombres están acusados por igual de agresión sexual. Y los cuatro regresaron detenidos y esposados durante media hora a la habitación en la que se produjo la agresión sexual y que sigue precintada, como el piso, por orden del juzgado.

Durante las horas que permaneció tanto voluntariamente como retenida, la víctima no consumió drogas. Sí alcohol como declaró a los investigadores. Los agresores fumaron hachís, bebieron alcohol y esnifaron cocaína. (La Vanguardia)

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