Los asaltos tienen vía libre en las carreteras de Guayas

Raúl Panchana, de 27 años, quien por trabajo debe viajar a Guayaquil desde su recinto natal, Jesús María, situado en la vía a Naranjal, recuerda que hace un mes, dos supuestos vendedores ambulantes abordaron el bus donde retornaba, en el kilómetro 26. Subieron con fundas de galletas en las manos, pero cuando el vehículo de transporte intercantonal pasaba por una zona despoblada, se transformaron en delincuentes.

Uno de ellos, con una de sus manos cubrió la cámara de video del automotor y con la otra sostenía una pistola apuntando a los pasajeros, mientras su cómplice, portando otra arma de fuego, arrebataba relojes, celulares, anillos y billeteras, carteras y bolsos de los viajeros. “Fue una escena traumática. Pensé que uno dispararía. No tenía en esos días celular, entonces solo les di mi reloj”, narra el joven.

Después del robo, los antisociales desembarcaron en otro punto desolado de la vía y huyeron en un carro pequeño.

Ese asalto, en el que fue víctima Raúl y otros 39 pasajeros, no es un caso aislado. Entre robos a buses y camiones, desde inicios de año, se han reportado 23 a la Policía Judicial (PJ) del Guayas, en las vías de la provincia. En 2018, de enero a agosto, hubo 44.

Aunque las cifras muestran un descenso, eso no quiere decir que este delito se haya frenado. Simplemente, la mayoría de las víctimas prefiere ‘no perder el tiempo denunciando’, explica el coronel Dorian Calderón, jefe de la PJ Guayas (PJ), a cargo de las carreteras.

De todas las vías que unen a 25 cantones y más de 1.300 parroquias y recintos de la provincia, hay dos donde los asaltos son constantes: la vía que pasa por Yaguachi y la que une Naranjal y Balao. En la lista de arterias más peligrosas le siguen las que van a los cantones El Triunfo, El Empalme y Balzar, dice el oficial de Policía.

Específicamente, esos puntos son pasando El Triunfo, cerca de El Corazón y San Carlos; y en el sector de Tres Postes, de la vía a Yaguachi. Y se dan sobre todo en las noches.

Según explica, los asaltos casi siempre se suscitan en puntos despoblados, donde no existe alumbrado público, cobertura de telefonía celular ni cámaras de monitoreo del ECU-911.

La mayoría de veces son a los buses intercantonales. Calderón señala que esto ocurre, en gran parte, porque estos vehículos, a diferencia de los que viajan a otras provincias (interprovinciales), paran entre los poblados.

Uno de los modos de operar de los delincuentes es camuflarse entre los pasajeros que toman el bus en la vía o hacerse pasar como vendedores informales.

Sin embargo, indica el coronel, tal como también lo han denunciado conductores y usuarios, otro modo es tomar el bus desde la terminal y viajar como un pasajero más. Pero al llegar a cierto punto de la vía, cometen el delito.

Esto ha hecho que asociaciones de buses, como al que pertenece Fernando Buenaño, miembro de la Asociación de Cooperativas Milagreñas, que la conforman tres empresas, tomen sus propias medidas de seguridad. “Tenemos detectores de armas para controlar que nadie suba con pistolas a las unidades, sin embargo nos falta ayuda por parte de las autoridades”, expresa.

Los antisociales operan en la carretera u obligan a los conductores del bus a ingresar a una guardarraya (desvío).

En lo que va del año la Policía ha detenido a 10 asaltantes de camino. En 2018, a 13.

Sin embargo, desde el punto de vista del oficial de la institución, hay varias trabas por la que el trabajo para desarticular a más bandas no se ejecuta o no da el resultado esperado.

Primero es la falta de cámaras de videovigilancia en algunos buses, lo que impide tener pruebas para las investigaciones. Otra, teniendo las imágenes, es el desinterés de las víctimas por poner la denuncia; y por último, el lento proceso que se da por parte de los operadores de la justicia para llegar a ejecutar las detenciones.

Según lo mencionado por la Policía, para evitar más robos, los conductores deben evitar hacer paradas en la carretera.

Pero Miguel Anchundia, dirigente de la Unión de Cooperativas de la provincia del Guayas, indica que los buses deben parar en la vía donde hay poblaciones, porque precisamente ese es parte del servicio.

“Sí se camuflan los ladrones. Pero paramos para llevar a las mujeres con sus hijos y otras personas honradas que necesitan el servicio”, expresa el transportista, quien destaca que hasta ahora los conductores no han tenido ayuda por parte de las autoridades para disminuir este delito, a pesar de sus constantes reclamos.

Por ello, sobre todo quienes tienen los últimos turnos, viajan a diario con el temor de ser asaltados durante el trayecto. (Diario Expreso)

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