La salida histórica es enfrentar el caudillismo

El partido Socialista se reunifica. El historiador Enrique Ayala Mora, elegido nuevo presidente del partido, conversó con 4P. sobre los retos para la reinstitucionalización del partido, la ruptura con el correísmo y el caudillismo y las tareas que se fija: participar en un gran proyecto nacional y buscar consensos sobre temas económicos, el  seguro social, la reforma laboral…

Ahora eres el Presidente Nacional del Partido Socialista.
Sí. Hace un año los socialistas del sector oficial hicieron un congreso en Cuenca, pero tuvieron muchas disensiones internas y hubo impugnaciones. A esas impugnaciones se sumaron también los dirigentes antiguos del partido con Manuel Salgado a la cabeza y la Renovación Socialista, que es el sector de quienes estuvimos siempre contra Correa. Ante eso, el Consejo Electoral no inscribió la directiva que ellos presentaron, más bien formó una comisión, integrada por representantes de cuatro sectores, encargándole que prepare un congreso de unidad. Esa comisión trabajó un año. Formó un reglamento, presentó un proyecto de reforma de estatutos, de línea política e hizo asambleas en todas las provincias. Se renovó la dirección del partido en 18 provincias y al final al congreso vinieron 20 calificadas por el Consejo Electoral.
El congreso fue masivamente anticorreísta y salí con un respaldo muy amplio. Y desde el discurso de incorporación, les advertí que para el partido la única salida histórica era romper con el correísmo, denunciar la corrupción, enfrentar al caudillismo y tener una línea autónoma.

Entonces ahí arranca la nueva etapa.
Claro. Se aprueba una línea política muy dura contra el caudillismo y contra el correísmo, muy unitaria y de oposición a las medidas del gobierno de Lenín Moreno.

¿Qué es ser hoy socialista a la luz de la historia y de lo que pasó en los últimos años con el Socialismo del Siglo XXI?
Cuando nos constituimos en una fracción que se llamaba Renovación Socialista, publicamos un librito: Reinventar el socialismo. Los principios no cambian, pero las propuestas tradicionales ya no regían. Reconocimos que el socialismo en muchos lugares ha devenido en regímenes autoritarios, abusivos y antidemocráticos y que, por lo tanto, teníamos que partir de una fuerte autocrítica y de la propuesta de construcción de un planteamiento socialista distinto.

¿Autocrítica sobre qué exactamente?
Por ejemplo, no considerar que la naturaleza de los trabajadores del mundo ha cambiado. Hay una buena cantidad de obreros y seguimos identificándonos con ellos, pero la mayoría de la gente no tiene trabajo, trabaja en su casa o son pequeños empresarios. Y hay que darles una respuesta.

Esa es una noción nueva de lo que es el trabajo. Pero había una autocrítica que hacías sobre lo que consideraban democracia formal. ¿Quedó en la nueva doctrina?
La segunda parte es qué es la participación social. Ahí hemos reconocido que la participación social no puede ser solamente electoral: tiene que haber formas de presencia y participación que no son las que instauró el correísmo, pero que no conocíamos ni aceptábamos y ahora tenemos que hacerlo. El socialismo no se entiende sin que consideremos que la sociedad está integrada por sindicatos, por federaciones indígenas pero también por colegios profesionales, cámaras industriales, cámaras de la producción e incluso clubes deportivos. Una concepción más amplia de la sociedad nos lleva a una forma distinta de organización.
Por otro lado, es evidente que nuestro partido se transformó, como todos los otros, en una clientela electoral. Eso no es obra de Correa; él fue beneficiario de eso. El sistema político que se intentó establecer hace cuarenta años cayó en pedazos y nos quedamos con caudillismos nacionales, mini caudillismos locales, que hacían elecciones a base de mecanismos atrasados de clientela pero que resultaban eficientes, y el partido cayó en esa lógica.

Es obvio que esa crítica es contra Correa. Pero en Ecuador hay una matriz caudillista. Tú eres historiador. 
El Partido Socialista es la fuerza que más fuertemente combatió el caudillismo. Se enfrentó con los caudillos liberales, se enfrentó con Velasco Ibarra, se enfrentó con los Bucaram. En definitiva, el socialismo tiene como una de sus concepciones doctrinarias básicas que hay que enfrentar al caudillismo siempre. Hasta que llegó Correa. Y con el pretexto de que él era socialista, el partido terminó cediendo ante la presión caudillista y transformándose en parte de la clientela de Correa. Esa traición a nuestra propia tradición, que no es nada nuevo, es lo que nos ha costado lo que hoy estamos viendo: un partido desperdiciado.

¿Qué va a pasar con esos sectores que estaban representados por la señora Salgado y otros socialistas?
Esos sectores están derrotados. Además, no vamos a a hacer lo mismo que ellos hicieron: expulsarles sin más. Vamos a llamar a toda esta gente a rendir cuentas sobre su acción y les vamos a  someter a los procedimientos democráticos que tiene el  partido. Si es necesario depurar el partido, lo haremos con toda fuerza.

La izquierda ha adorado ese tótem llamado Estado. ¿Cuál es la autocrítica y la nueva visión en este tema?
Desde la doctrina socialista más tradicional nos han dicho que lo que hay que hacer es desmantelar el Estado para que la sociedad se reconcilie consigo misma. Pero en la  práctica, no sólo en tiempos de Correa, sino desde antes, sobretodo por la influencia cubana, se consideraba que estatizar es socialismo. Esa parte estalinista del socialismo nos llevó a pensar que mientras más se mete el Estado en la vida de la gente, mejor. Eso nos hizo perder de vista una  realidad: que la sociedad es autónoma. Que la sociedad se representa a sí misma. Que no puedes establecer organismos del Estado que representen a la sociedad. Eso lo vimos con claridad frente al correísmo que estableció un sistema de participación ciudadana que era teóricamente participación, cuando en la práctica era manipulación pura y dura.

¿Está visión también se aplica en el tema de la producción en cuanto al sector  privado?
Obviamente seguimos enemigos de los monopolios capitalistas que gobiernan el mundo. Seguimos enemigos de esos procesos de acumulación que concentran la riqueza en pocas manos, ya ni siquiera a nivel nacional, sino internacional. Pero eso no implica que no reconozcamos, por ejemplo, que la mayoría de los ecuatorianos no son obreros: son trabajadores por cuenta propia, son profesionales que tienen una forma de vinculación al aparato económico que debe ser reconocida y promovida. Hemos dado un discurso pero en la práctica hemos estado pensando que se deben estatizar todas las actividades económicas y eso es algo que debemos olvidarnos para siempre.

Como presidente del  partido, ¿cuáles van a ser tus aportes y los de tu partido en esta nueva etapa?
Varios. En primer lugar, no voy a comenzar a preparar las próximas elecciones. Mi tesis es organizar el partido como una fuerza doctrinaria y como  una fuerza estructurada, no como una clientela electoral. Segundo, voy a dedicarme con fuerza a la formación política. Personalmente, por temperamento, tengo dos tendencias que todo el  mundo me conoce: por un lado soy muy firme con los principios y por otra parte muy dialogante con gente que no  piensa como yo. Entonces, vamos a tener un partido que consolide sus principios, que consolide su línea ideológica pero, al mismo tiempo, que esté abierta al resto de la sociedad para participar en un gran proyecto nacional; en consensos como el que se dio sobre la paz con Perú. Sobre temas económicos, tenemos que tener un acuerdo base sobre la economía. Un acuerdo sobre el  seguro social. Acuerdos básicos de cómo se va a manejar la  reforma  laboral. Y todo eso implica voluntad de dialogar  y voluntad de innovar. (4 Pelagatos)

Foto: Plan V

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