La Asamblea Nacional toca fondo

 Publicado en octubre 1, 2019  en Columnistas/Influencers4P  por Santiago Basabe

La legislatura ecuatoriana, denominada Asamblea Nacional a partir de la Constitución de los 300 años, vive uno de los momentos de mayor desprestigio desde inicios del siglo XXI. La confianza ciudadana en dicho Poder del Estado sigue en franco descenso y para ello basta observar las cifras de proyectos de investigación serios, como el de Latinobarómetro. La población no cree en la actividad de los asambleístas y tiene argumentos suficientes para ello. La legislación que se aprueba se sustenta en el dogma y el insulto antes que en el debate de ideas, la fiscalización funciona intermitentemente y con criterios de juzgamiento diferentes para cada caso. Los temas relevantes para el país son desplazados de la agenda sin ninguna justificación, más allá del hecho que el Presidente de la Asamblea Nacional (sí, existe un presidente) no encuentra mejor momento que el convulsionado panorama de las últimas semanas para irse de viaje a China.

A lo dicho se suma la actitud poco patriótica y carente de cualquier respeto a la ciudadanía de los asambleístas María José Carrión y Héctor Yépez. Ambos han sido llamados por diferentes sectores de la legislatura a dejar sus cargos como titulares de las comisiones de trabajadores y de gobiernos autónomos descentralizados, respectivamente. El argumento político es que no tienen respaldo ni confianza de sus colegas para presidir tales espacios. El argumento ciudadano es que la Asamblea Nacional tiene que cumplir a cabalidad con el encargo efectuado por el electorado. Una y otra razón, sin embargo, son irrelevantes cuando se trata de apetitos personales y disputas internas. Ni Carrión ni Yépez dan su brazo a torcer y prefieren mantener inerte a dos comisiones clave de la legislatura antes que asumir una actitud de mínima consideración con el país.

En medio de este desorden generalizado, entre hoy y mañana llegará a la Asamblea Nacional el programa de ajuste económico propuesto por el gobierno. Con toda seguridad, el debate de los asambleístas se centrará en cuestiones superficiales y se pasará por alto la discusión profunda de los cambios inminentes que se requiere dar al aparato productivo y al rol del Estado. Primará el cálculo electoral cortoplacista y las acciones de baja ralea, como las ausencias premeditadas, las abstenciones sin fundamento o los votos en dirección contraria a lo que el legislador sostuvo como orientación ideológica hasta minutos antes de pronunciarse. Desde los sectores de izquierda se antepondrá el caduco discurso de los sesentas respecto el imperialismo yanqui y las declamaciones contra los multilaterales, causantes de todos los males, desde siempre y hasta siempre. De ello tenemos experiencia ya. Lo más lamentable es que no hay motivos para creer que esas prácticas vayan a cambiar en este momento.

Es cierto que se dejó atrás la Asamblea Nacional de los alzamanos y ese es un paso importante de cara a la consecución de equilibrios políticos, sin duda. Sin embargo, de esa aciaga etapa de la legislatura llegamos a otra en la que las ideas y la argumentación legislativa han sido extirpadas por completo. Pasamos de un escenario en el que un pequeño grupo pensaba la política desde Carondelet y disponía las acciones a seguir, a otro en el que la desconexión del gobierno central con la Asamblea Nacional es tal que cuesta mucho predecir cómo se comportará la arisca bancada de Alianza País frente a cada tema.

En esas lamentables condiciones, lo sucedido hace pocas horas en el Perú debería servir como una señal de alerta a la Asamblea Nacional. La ciudadanía está harta de traficantes de cargos legislativos, de improvisados que desconocen hasta las cuestiones más elementales de la normativa jurídica y de quienes en actitud reñida con la ética pública se oponen a ceder sus posiciones. Léase María José Carrión y Héctor Yépez. Con nombres y apellidos. Por todo lo dicho y mucho más es que el país tiene poca confianza en que las reformas estructurales tan necesarias para el futuro económico del país reciban el debate que nos merecemos. Seguramente, la Asamblea Nacional volverá a comportarse en conformidad con lo que nos tiene acostumbrados: como un grupo de políticos no profesionales que no distinguen el argumento de la mera opinión, que anteponen los prejuicios a las necesidades no satisfechas de la ciudadanía.

En momentos tan trascendentales para el país, ya quisiéramos tener en la legislatura a los Wilfrido Lucero, Marco Proaño, Raúl Baca o Antonio Rodríguez. Sí, aquellos legisladores de antaño que defendían posiciones ideológicas con argumentos. Cierto es que de esas épocas también son los ceniceros voladores y las invitaciones a miccionar en el rostro de los colegas del Congreso Nacional. Con todo y eso, identificar en la Asamblea Nacional nombres respetables como algunos de los mencionados, es una tarea ardua, complicada y de difícil pronóstico. Se cuentan con los dedos de las manos a quienes efectivamente cumplen a cabalidad la tarea que los electores les hemos encomendado.

La ciudadanía tiene que estar atenta al debate sobre las reformas que enviará el gobierno: allí se podrán desnudar nuevamente los intereses particularistas de algunos legisladores y la supina ignorancia de otros. La opinión pública deberá estar alerta para exponer públicamente a unos y otros. Con nombres y apellidos.

Fuente: 4 pelagatos

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