El alcalde Yunda no hace nada ante los vándalos

¿Hay alcalde en Quito? La pregunta se torna más preocupante cuando se oye a Jaime Nebot, que ya no es alcalde de Guayaquil, comunicarse con sus conciudadanos y decirles, alto y fuerte, que se tienen que organizar para evitar que manifestantes que quieren entrar a la ciudad, atenten contra la ciudad. Habrá una marcha.

¿Qué hace Yunda? Constatar que grupos de manifestantes saquean, irrumpen ilegalmente en entidades públicas, bloquean vías públicas, destruyen el ornato de la capital. Lo constata como si se tratara de un vecino cualquiera, desprovisto de la autoridad y el margen de maniobra que le otorga su cargo para tomar medidas. Para organizar la ciudad o para consensuar con las autoridades nacionales, con la policía y con las Fuerzas Armadas la defensa de la capital.

El lavado de manos del alcalde de la capital tiene una explicación: no toma posición y esa es la forma de tomar la única que le interesa: sobrevivir y sacar el mejor partido de cualquier situación de conflicto. Lo hizo cuando se dividieron las aguas entre Rafael Correa y Lenín Moreno. Salió a decir que no sabía si irse con la mamá o irse con el papá. Así flotó con un pie de cada lado.

Yunda por supuesto no anda corto de argumentos y los exhibió, otra vez, esta mañana en Radio Democracia. Lo que ocurre en Quito, y que explica a sus ojos su ausencia y falta de acción en estos días aciagos para la ciudad, es la decisión del gobierno de eliminar los subsidios a la gasolina extra y al diésel. Una decisión que no comparte y que él quisiera que el presidente derogue. No lo dice abiertamente. Se retuerce en medio de alusiones e invocaciones, pero eso es lo que él quiere: que Moreno retroceda. Que componga que con los transportistas. En definitiva, que volvamos a lo que había. Porque la paz es lo más importante.

Yunda, con cara de vecino, no se hace cargo del déficit fiscal. Del acuerdo con el FMI. De la deuda externa. De las finanzas del país. Del destino a mediano plazo para la economía y el campo laboral si por las presiones, de las cuales él hace parte, Moreno tuviera que retroceder. Porque el problema para él no está en la penosa situación fiscal: está en las actitudes radicales entre transportistas y el gobierno. Y con esa simpleza que desarma, él se ofrece de intermediario. Y si no es él, que sean las universidades que lanzan comunicados y que, al parecer, no ha leído pues asegura que no tienen intereses políticos…

Yunda no solo torna simple lo que es complejo sino que, además, no responde por nada. ¿El tráfico en Quito? Es culpa del decreto de Moreno. Además han agredido a 200 agentes y han quemado 10 motos. ¿Y qué hace la alcaldía? Pues pedir, como él lo hace, que actúe la policía y también los militares. Aunque agrega que ya han sido desbordados. Dicho de otra manera, como alcalde constata que la ciudad está en manos de los propiciadores de caos. Lo cual tumba su coartada de que él no se mete en el tema porque no quiere tomar un partido político. ¿Atentar contra el Centro de salud del centro histórico es político? No. Es vandalismo. ¿Qué hace Yunda? En resumen, llamar al 911. Como cualquier vecino. Y como el alcalde de Quito siente que el agua le sube hasta el cuello, porque las críticas a su inacción arrecian, ensaya una coartada: no solo en Quito están ocurriendo esas cosas: en todo el país. Como si eso bastara de descargo ante el quiteño que, como es obvio, está concernido por el país pero está particularmente afectado por lo que sucede en su ciudad. Y para aquellos que no estén convencidos de que lo mejor que puede hacer el alcalde de Quito en este momento es no hacer nada, ensaya una excusa que se antoja inapelable: hasta el Presidente de la República se fue a Guayaquil.

¿Podía, aunque fuera, liderar un frente de resistencia quiteño, una marcha convocada por el alcalde, ante las hordas que pululan en la ciudad? Tampoco eso.  Y esgrime otra coartada: él no quiere tomar partido entre bandos rivales. Incluso acude, como quien no quiere la cosa, a la imagen de una guerra civil entre conciudadanos. Como si oponerse a los vándalos tuviera color político. Quizá para él sí, por haber sido correísta… Y saber que tras los vándalos también está Correa.

Así queda claro lo que el alcalde Yunda hace por Quito en momentos graves como el actual: nada. Porque constatar, señalar con el dedo a militares y policías y ofrecerse de mediador entre las partes, es no hacer nada. Es jugar al vecino simplón mientras las hordas hacen y deshacen en Quito. Y Yunda no es un vecino: es el alcalde.

Fuente: 4pelagatos

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