¿Y ahora qué vale este Saquicela?

Mirada desenfocada, sonrisa nerviosa, titubeos, desvaríos, pérdida repentina de la memoria… Eso es lo mejor del video que presentó Fausto Yépez en Teleamazonas sobre el encuentro clandestino de los primos impresentables (Virgilio e Iván Saquicela) con Esteban Torres. Es lo mejor porque es fascinante pillar al presidente de la Asamblea, Virgilio Saquicela, y a Torres, jefe de la bancada socialcristiana, en su real dimensión: hipócritas consumados, negando al unísono un escándalo político-judicial del cual son los protagonistas.

Ellos se reunieron con Iván Saquicela, presidente de la Corte Nacional de Justicia pero, en realidad, un oportunista político contumaz disfrazado de sacristán de pueblo. Esto ya se sabía. Los dos primos han preferido cerrar la boca. Torres, experto en desvergüenza, creyó poder escurrir el bulto confundiendo las pistas y haciéndose el chistoso: en ese tuit redujo el encuentro a una reunión entre asambleístas y dijo que lo único que cabía preguntarse es qué pizza pidieron y con qué la acompañaron. La coartada le salió cara: las respuestas que recibió son adversas; muchas de ellas impublicables.

Torres podrá decir que, al fin y al cabo, en su caso, de socialcristiano por convicción o conveniencia, hay precedentes icónicos de cómo meter mano en la Justicia. También en su familia lo saben. En septiembre de 2003, pescaron a Febres Cordero saliendo de la casa Galo pico, magistrado y ex presidente en aquella época de la Corte Suprema Justicia.

Allí el líder socialcristiano, entonces diputado nacional, se reunió con 10 ó 12 magistrados -la mayoría de ese organismo- que respondían a sus intereses. Gustavo Noboa Bejarano contó, en 2009, en El Comercio, cómo Febres Cordero influía en la Justicia y cómo lo persiguió. Pico, pescado in fraganti, dijo algo que perfila el cinismo político que han heredado Torres y los primos Saquicela: “No hay razón para que se critique que yo invite a un ex presidente y a un grupo de amigos a mi casa”.

Iván Saquicela nada ha dicho, pero basta ver cómo se retrató, en Teleamazonas, el 29 de agosto pasado. Entonces Dalton Bacigalupo lo había denunciado por estar haciendo lobby en la Asamblea para, según dijo, destituir al presidente del Consejo de la Judicatura. 4P contó esa desvergüenza. Iván Saquicela, devoto también de la urbanidad de Carreño, se rasgó las vestiduras. Es su especialidad. ¿Qué fue a decir a Milton Pérez y Liz Valarezo? Que él es magistrado. Que es de una alta corte. Y que no permitirá que se entrometa la política y los intereses políticos en la Justicia. Y tiene razón: nadie se entromete. Él se ofrece. Él la ofrece.

Fue a decir que no es un actor político. Pero así se comporta y ese es, según cuentan sus próximos, el apetito que más lo consume. Fue a decir que ¿cómo van a creer que él está haciendo un acto con determinado partido político? Y, bueno, ese magistrado, que critica a los consejeros de la judicatura por no actuar “de manera profesional y técnica”, acaba de ser pescado reuniéndose con los operadores que, justamente, tenían que culminar en la Asamblea el juicio político contra esos consejeros.

¿Cómo se va a decir -preguntaba a los periodistas de Teleamazonas- que él estaba interfiriendo en otro poder del Estado; diciéndole lo que debe decir y hacer? Y también ahí podía tener la razón: quizá él no interfiere pero se presta para que los políticos metan la mano en la Justicia. ¿Acaso no se sabía que en esos días debía enviar la terna, de la cual el Cpccs escogerá un candidato que, ipso facto, se convertirá en el presidente del Consejo de la Judicatura? Esa terna nunca la hizo con los otros magistrados de la Corte Nacional; pero sí con los políticos. Además, el quería liquidar todo el Consejo mediante el juicio político y poner allí a los suplentes.

Si Iván Saquicela vuelve a ver esa entrevista, es claro que la Corte Nacional de Justicia se quedará sin presidente: tiene que renunciar porque esa institución tiene a la cabeza un político capaz de decir al país, alto y fuerte, exactamente lo contrario que hace, en forma clandestina, con los políticos. Su palabra -como la de su primo y la de Torres (aunque eso no sea novedoso)- queda valiendo menos de tres atados.

¿Por qué está tan desprestigiada la Justicia a los ojos del país? Por políticos vestidos de jueces como Iván Saquicela que tranza con políticos desvergonzados como su primo y Torres. Y porque los otros magistrados de la Corte Nacional nada dicen. (JOSE HERNANDEZ – 4 PELAGATOS)

Foto: Teleamazonas.