Correa manda a un canalla para que lo defienda

El operativo más reciente para allanar el regreso de Rafael Correa llega bajo el membrete de «seminario internacional Caso Sobornos». Y comenzó hoy en Guayaquil en medio de un costoso despliegue y con el auspicio de dos universidades abiertamente correístas: La Bolivariana de Guayaquil y la de Santa Elena. Ese seminario tiene un propósito: articular una tesis jurídica para desprestigiar la sentencia del caso Sobornos y luego, cuando el terreno esté abonado, presentar el recurso de revisión en la Corte Superior de Justicia donde se pretende su anulación. Se prevé también apuntalar la demanda internacional que Correa presentó ante el Comité de Derechos Humanos de la ONU, en Ginebra.

Las dos contrataciones estelares que el correísmo trae para el tal seminario son un par de joyas de la militancia y el lobby internacional del bolivarianismo chavista: el juez argentino Eugenio Zaffaroni y  el ex juez (ex, porque está prohibido de ejercer su profesión en España por prevaricato) Baltasar Garzón.

La figura de Baltasar Garzón está quemada por su estridente actividad de abogado del régimen del carnicero Nicolás Maduro y de su testaferro Álex Saab y las escenas bailando en la Embajada del Ecuador en Londres junto a Ricardo Patiño cuando ahí vivía Julian Assange. A Zaffaroni el aparato de propaganda correísta lo hace aparecer como el jurista más legitimado para lavar la cara de Correa.

Zaffaroni no puede, sin embargo, esconder las huellas que ha dejado su empatía con las causas de Correa. Lo hizo de forma desembozada como juez de la Corte Interamericana de Derechos Humanos cuando emitió el voto salvado en el caso de la apelación del diario El Universo y Emilio Palacio, por la condena que recibieron de la justicia correísta. Se trata de un voto salvado que, bajo un lenguaje y tono judicial, es un simple y grosero alegato político.

En su voto salvado, Zaffaroni critica al régimen transitorio de Julio César Trujillo y también al proceso del caso Sobornos, que no tiene la más mínima relación con el tema de El Universo y Emilio Palacio. Es tan burda su argumentación que dice que «la sentencia del caso ha sido fuertemente criticada con sólidos argumentos en un reciente libro del Profesor ecuatoriano y defensor en la causa, Dr. Alfonso Zambrano Pasquel». Es decir, no solo habla de un caso que no tiene la más mínima relación con el tema sobre el que tenía que pronunciarse, sino que cita para apoyar su tesis a uno de los abogado de Correa.

En ese fallo, Zaffaroni mete insólitamente a Jorge Glas. «No está claro si el ex-vicepresidente electo popularmente fue destituido según el procedimiento constitucional, o si fue reemplazado por el mero hecho de que estando preso no podía ejercer sus funciones». Y aunque parece chiste, critica en ese alegato a la Contraloría y las glosas como si aquello hubiera influido en algo en el caso El Universo.

Su interés, como se ve en su voto salvado -que más parece redactado por los abogados de Correa, Gutemberg y Alemberg Vera, que por un juez de la CIDH- está sobre todo en lo político: dice que los otros jueces de la Corte que dieron la razón a El Universo no consideraron que el artículo de Palacio no es «una simple calumnia corriente en que deben ponderarse únicamente los valores del derecho al ejercicio de la crítica periodística y del honor del funcionario, sino que en la ponderación entra en juego la descalificación del rol del poder ejecutivo en defensa del orden constitucional y la minimización o subestimación de una rebelión armada». Casi un clip del equipo de propaganda de los hermanos Alvarado.

El juez argentino tampoco puede escapar de sus adhesiones políticas con los socios ideológicos de Correa en su país. Hace poco, alborotó el sentido común cuando dijo que si a Cristina Kirchner llegase a ser condenada en los casos de corrupción que le siguen, no quedaría más alternativa que el presidente Alberto Fernández la indultara. Para salvar la democracia, dijo. También es abogado del ex presidente de Bolivia, Evo Morales.

Zaffaroni también carga cruces éticas. En 2021 estalló un escándalo al descubrirse que tenía seis departamentos alquilados a prostíbulos en Buenos Aires. Si bien fue exculpado porque sus colegas jueces le echaron toda la culpa a su administrador, la prensa argentina anotó que era imposible que el juez no se enterara lo que pasaba en seis de sus 15 propiedades inmuebles en Buenos Aires, sobre todo por las protestas que habían hecho los vecinos. «Mientras Zaffaroni sea juez, ningún otro magistrado lo va a investigar», dijo Mario Ganora, abogado de la ONG La Alameda que hizo la denuncia.

Lo más horrendo en el palmarés del juez Zaffaroni es, sin duda, el famoso caso Tiraboshi. En 1989 cuando era juez en Argentina, animado por su «garantismo» redujo de 7 a 3 años de condena al portero de un edificio que abusó sexualmente de una niña de ocho años. Según el garantistas Zaffaroni, el portero no merecía la máxima pena porque la violación excluye «la penetración por la boca» y porque la niña «ignoraba qué podía ser». En su canallesca y nauseabunda sentencia, dijo que «no tengo dudas que la penetración bucal no es dolorosa” y que “en la fellatio no existe pérdida de la virginidad, que tiene profunda raigambre cultural por la extinción prematura de la virginidad”.

Este es, en resumidas cuentas, el teórico que han traído a Guayaquil para expiar a Correa. (MARTIN PALLARES – 4 PELAGATOS)

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