Claudio Campiti, el solitario pistolero que desató la matanza de vecinos en Roma: «Bienvenidos al infierno, sois unos ladrones»

Roma, afueras de Fidene, un suburbio en el extremo noreste de Roma. Aunque es domingo, a primera hora de la mañana, una comunidad de vecinos se reúne en un bar de la vía Monte Giberto. De repente, uno de los propietarios irrumpe al grito de «¡Mafiosos, os voy a matar a todos!».

Abre fuego contra los administradores de la finca y después contra sus vecinos. Dispara unos 4 o 5 tiros, todos a corta distancia, a quemarropa. Pero el arma se encasquilla. Silvio Paganini, de 67 años, se lanza sobre el asesino y resulta herido, pero, con la ayuda de otros, le reducen. El resultado, tres personas muertas y cuatro heridas, una de ellas grave por un impacto en el cráneo del que ya ha sido operada. 

«Entró, cerró la puerta tras de sí, sacó la pistola y pensé que quería amenazarnos. En su lugar, disparó inmediatamente a la primera mujer sentada en la mesa de la silla, luego a la segunda, a la tercera. Fue terrible… Alguien saltó sobre él y yo corrí a abrir la puerta para que saliéramos todos», ha explicado al Corriere della Sera uno de los presentes, el Sr. Giovanni.

El autor de los disparos es un hombre de 57 años llamado Claudio Campiti, que al parecer mantenía un litigio con la comunidad en la que vivía solo y -cuenta la prensa italiana- en precarias condiciones. Las fallecidas son Sabina Sperandio, Elisabetta Silenzi y Nicoletta Golisano. Son, respectivamente, concejala, secretaria y contable de ese consorcio de viviendas. Se da la circunstancia de que Nicoletta era una amiga personal de la primera ministra italiana, Giorgia Meloni.

Sacó la pistola y pensé que quería amenazarnos. En su lugar, disparó… Fue terrible. Alguien saltó sobre él, corrí a abrir la puerta para que salieran todos»

Aunque se reunían en ese suburbio romano, los vecinos lo eran de Valle Verde, una urbanización (consorcio le dicen en Italia) a 70 kilómetros. Enclavado entre los pueblos de Ascrea y Rocca Sinibalda con vistas al lago Turano, en la provincia de Rieti, se vendía como una urbanización tranquila y casi paradisiaca. Pero Campiti tenía una visión muy distinta.

En la urbanización sólo vivía él

En su blog lo pintó como un infierno. En una entrada de noviembre de 2021 escribe: «Bienvenidos al infierno… Aquí, con el código penal, el Estado se va al retrete […] son todos unos ladrones«. Según el asesino el consorcio es una asociación mafiosa en la que incluye a todos: inquilinos, administraciones locales, prefectura y fiscalía, que -escribió- «legalizaron el pago del pizzo exigiendo las cuotas del consorcio». El pizzo es la forma de extorsión de la mafia a los comerciantes.

Pagos e impagos. Campiti acusaba a sus vecinos de maltratarle y ellos a él de no pagar sus cuotas. El alcalde de Ascrea, Riccardo Nini, asegura que el hombre «había recibido una subvención para compensar sus carencias y realizar la conexión al alcantarillado, pero las obras nunca se llevaron a cabo, por lo que se le pidió que devolviera el dinero».

La farola que hay delante de mi casa se apaga… Me tienen sin alumbrado público. En la oscuridad se ve menos y se puede disparar con tranquilidad»

Él, en cambio, se quejaba de más deficiencias y amenazaba con lo que acabó pasando: «La farola que hay delante de mi casa se apaga regularmente, dejándome a oscuras toda la noche. Me tienen sin alumbrado público. En la oscuridad se ve menos y se puede disparar con tranquilidad».

Es que sólo Campiti vive en esa urbanización. Prácticamente el resto de propietarios residen en Roma y lo de Valle Verde es su segunda residencia. Y así están las casas. El homicida ocupa un cubo de hormigón con la puerta y las ventanas enrejadas. El piso superior sigue siendo una obra en construcción con una antena parabólica y la vivienda está sin aseo, ni electricidad ni gas, cuenta La Repubblica.

Le habían denegado la licencia de armas

Campiti quería hacer, literalmente, lo que gritó: matar a todos. El cargador de la pistola Glock semiautomática que utilizó contenía 16 balas, pero llevaba cien más en el bolsillo, según el Corriere della Sera. Persona conflictiva, en marzo de 2020 le habían denegado la licencia de armas precisamente por sus problemas con los vecinos, de los que ya tenían constancia los Carabinieri.

Era un tipo extraño, solitario y marcado por el drama de un hijo adolescente que murió en las pistas de esquí hace diez años»

El arma y las balas se las había llevado esa misma mañana del campo de tiro de Tor Di Quinto. Se las entregaron para disparar a las dianas, como otras mañanas, pero esta vez Campiti se desvió hasta su coche y salió raudo hacia el barrio de Fidene.

Aunque la relación era difícil y Campiti un hombre propenso a meterse en peleas, nadie creía que las cosas fueran a llegar a tanto. «Un tipo extraño, solitario y marcado por el drama de un hijo adolescente que murió en las pistas de esquí hace diez años», explica Giovanni. «Hubo discusiones, pero todas por motivos triviales, nunca nada serio», recuerda este vecino que, como casi todos los demás miembros del consorcio, vive en Roma.

Campiti residía en Valle Verde desde la muerte de su hijo Romano, de 14 años, en 2012, cuando estrelló su trineo contra un árbol en la pista de esquí Val Pusteria. Por aquel incidente fueron condenados el responsable de las instalaciones y dos monitores de esquí.

Esa tragedia lo había torcido todo. La amargura fue afeando el carácter de Campiti, quien poco a poco se fue enrabietando con todo y con todos. Los periódicos italianos recuerdan que en su perfil de Facebook había fotos de miniaturas de Hitler, Mussolini y del fascio littorio que il Duce adoptó para su Partido Fascista.

Al parecer, Campiti tenía intención de huir: llevaba su pasaporte, una mochila con ropa y 6.000 euros en efectivo

«No quiero caer en lo banal, pero es así: me levanto por la mañana y ahí está Romano; me acuesto por la noche y ahí está otra vez. Puede parecer absurdo, pero hoy mi hijo está más presente en mi vida que antes. Pienso en lo que podría haber hecho si, tras aquel trágico accidente, no se hubiera convertido en un recuerdo», declaró Campiti en 2016 al diario Alto Adige.

Hoy, tras su masacre, el fiscal le acusa de triple homicidio con alevosía y de tentativa de homicidio por los heridos, así como por tenencia ilegal de armas. Podría sufrir un cargo más, el de riesgo de fuga, porque el hombre llevaba su pasaporte, una mochila con ropa y 6.000 euros en efectivo.

Fuente: 20minutos.es