Petro es el mayor desmentido al correísmo

Rafael Correa y sus amigos viven de mitos. Uno de ellos -quizá el más reciente- es hacer creer que son íntimos (Correa en lo personal y los demás doctrinariamente) de los presidentes ubicados en la tendencia de izquierda que han sido elegidos últimamente en el continente: Gabriel Boric, Luis Ignacio Lula da Silva o Gustavo Petro. 

Ese afán se materializó, por ejemplo, el 7 de agosto pasado en la Plaza de Bolívar de Bogotá. Ahí, en medio de miles de simpatizantes del presidente colombiano reunidos para acompañarlo en la toma de posesión, aparecieron, entre otros, Andrés Arauz, Gabriela Rivadeneira, Paola Pabón, Virgilio Hernández. Y celebraron como si Petro se identificara con el proceso político del correísmo. O ellos con el del ex guerrillero del M-19 y nuevo inquilino de la Casa de Nariño. 

Esos correístas, que lucieron radiantes para las fotografías, hicieron gala de una ignorancia supina. O de un atrevimiento digno de ellos para cometer una enorme estafa política. Porque si hubieran examinado la historia del presidente de Colombia, sus posiciones y su marco ideológico-político no habrían ido. O no habrían celebrado: Petro es su mayor desmentido político.

¿Cuál fue (y sigue siendo) el mayor esfuerzo estratégico de Correa? Dividir el Ecuador. Polarizarlo. Generar una guerra fría interna y levantar muros de Berlín entre los ciudadanos. Diez años estuvo en eso. Señalando enemigos y estigmatizándolos en una guerra que fraccionó más al Ecuador y hoy todavía lo afecta. Empresarios, banqueros, políticos, sindicalistas, indígenas, militares, periodistas… Correa no dejó a nadie por fuera de su guerra; una empresa tan desgastante como inicua.  

¿Qué hizo Petro apenas llegó al poder? Proponer una paz total e invitar (con cita y hora) a Álvaro Uribe (contendor de siempre) y Rodolfo Hernández (contendor en la campaña) a hacer parte de ese acuerdo nacional. Unir a Colombia y cuidarla es parte de su apuesta estratégica. Unirla para hacer entre todos las reformas que requiere. Esa promesa incluye crear un nuevo clima político y se ha dado un año, como máximo, para mostrar resultados. Ese es el reto que está en curso y del cual responderá ante los colombianos: tramitar las diferencias luchando contra los sectarismos de derecha e izquierda, porque sabe, y lo ha dicho, que el sectarismo conduce a la polarización y a la violencia. 

¿Qué hizo Correa durante diez años? Negar la historia del país. Convertir a todos los presidentes que le precedieron en liliputienses de opereta, los ex ministros de economía en malos contadores, los diplomáticos en momias cocteleras, los periodistas en políticos disfrazados… Mientras él y sus amigos, enceguecidos por la soberbia, se sentían los adanes de un país sin historia y los próceres predestinados a salvarlo. 

¿Qué está haciendo Petro? Entender el momento histórico que vive Colombia. Entender que si llegó al poder es para hacer reformas y que no las podrá hacer sin el concurso de todas las fuerzas políticas. Por eso reconoce lo que otros hicieron; incluso su predecesor, el presidente Duque. Él sabe que debe morigerar el volumen y la profundidad de las reformas, pero hacerlas. En eso anda. No hay lirismo en la forma como encara su labor. Él sabe -y lo dice- que su revolución es desarrollar el capitalismo en Colombia; el “gran disparador de las fuerzas productivas”. Petro no hace oda alguna al Estado, como hizo Correa: solo piensa en un capitalismo democrático y regulado.

Correa refritó todas la viejas utopías. No solo la lucha de clases; también los relatos contra el imperio, contra los TLCs, contra la globalización; en ese estilo insufrible de “Las venas abiertas de América Latina” que tanto gusta a los mamertos adoradores de los Castro. 

Petro hace décadas regresó de esos mitos. Y ahora preconiza insertarse en el mundo a partir de ideas contemporáneas, internacionales y globales. A la revista Cambio le dijo que quiere “hacer un gobierno en medio del mundo; no sin el mundo”.

¿Qué celebraron Arauz, Rivadeneira, Pabón y Virgilio Hernández el 7 de agosto en la Plaza de Bolívar? Petro es ciertamente un hombre que viene de la izquierda; Correa no. Y ha evolucionado. El presidente de Colombia  piensa que rechazar la democracia liberal (que es el credo de Correa) lleva a la dictadura. Y se lo dijo a Maduro. Y critica al dictador Ortega, mientras Correa y los suyos los siguen apoyando.

Entonces, ¿ignorantes o estafadores? ¿O los dos?. (JOSE HERNANDEZ – 4 PELAGATOS

Foto: Facebook de GPetro.