Edison Cosíos seguirá vivo en el Instituto Nacional Mejía

El portero nos recibe con un café en la mano y dice: “Usted va por ese pasillo y al final a la izquierda verá el salón”. Dentro del Instituto Nacional Mejía, en Quito, la vida sigue, algunos estudiantes están en sus aulas, otros en la cancha principal y muchos en la sección 10mo C, donde desde ayer se devela una placa en honor a Édison Cosíos. 

Ese nombre: Édison Cosíos, es sinónimo de lucha dentro del Mejía. Todos saben que él fue aquél chico que “se enfrentó a la injusticia”, como rezan algunos alumnos que esperan entrar al salón de la conmemoración. 

El ministro de Educación, Milton Luna, junto al secretario de los Derechos Humanos, Marlo Brito; acompañaron a los padres de Cosíos: Manuel y Vilma. Su madre, con porte solemne y vestido negro, no habla, solo escucha lo que las autoridades han preparado en sus discursos. 

“Ecuador debe aprender. Esto no debe volver a ocurrir”, dice Luna; sentencia que minutos después reafirma Brito: “¡Qué nunca más pase esto!”. 

Nadie se mueve cuando Manuel Cosíos se levanta y toma el estrado.  

Homenaje 

De uno de los bolsillos internos de su chaqueta negra saca un hoja y comienza a leer: “Mi hijo tenía ideales de lucha, no quería ser parte de un bachillerato impuesto. Nuestro caso debe servir para que el Estado corrija sus procedimientos en la Justicia, para que los crímenes no queden impunes”. 

El Dato
Edison Cosíos falleció el 16 de abril de este año. Permaneció 91 meses en estado vegetativo. 
Una chica, en la primera fila, desmonta las gafas de su rostro y con un pañuelo limpia las lágrimas que caen por ambas mejillas. Llora luego de que el papá de Édison pide un aplauso para su hijo, pide que se celebre por lo que luchó: “La Justicia”. 

“El asesino de mi hijo no cumplió una condena justa. Al Estado le falta humanizar sus tribunales, sus jueces, su sistema de derecho. Ninguna familia debería sufrir más esto”, termina Manuel, mientras la mamá de Édison asiente con su rostro. 

Una pequeña cadena humana se forma alrededor de una de las columnas del salón. Es hora de develar la placa que informa cómo en septiembre de 2011 Edison fue herido de gravedad por una bomba lacrimógena lanzada por un policía. Pasó siete años en estado vegetativo hasta que su cuerpo se rindió. 

“Debido a la represión gubernamental, en el marco de un creciente autoritarismo”, dice una de las líneas de la placa enmarcada en madera y con un baño dorado, donde también se rinde “homenaje a su familia, que lo cuidó con amor y abnegación”. 

Se ponen ‘la camiseta’

Cuando termina el acto, hay más estudiantes afuera. Algunos caminan hacia otros salones, y unos tantos tratan de organizar una pequeña partida de fútbol en la cancha. Tanto Luna como Brito reciben chaquetas del Mejía para que las usen y sepan “el verdadero sentimiento de un estudiante”. Sin esperar, se quitan sus trajes formales y se colocan las chaquetas. 

Los padres de Edison miran la placa una última vez y agradecen a los maestros y estudiantes por el gesto. Sí, a pesar de todas las adversidades, la vida sigue en el Instituto Nacional Mejía. (Diario La Hora) 

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