Comienza a caer la mafia

Ya parecía extraño que el caso de los sobornos de Odebrecht no le llegue a Correa. En efecto, en el Perú la red de corrupción de la constructora brasileña ha provocado el enjuiciamiento penal de varios expresidentes y el suicidio de uno de ellos que no soportó la vergüenza de verse tras las rejas. En Panamá, República Dominicana y Brasil, algunos de sus expresidentes han sido también enjuiciados. Y en Colombia parecería que va a suceder igual. En unos casos son políticos de izquierda; en otros, de derecha; algunos son populistas; otros, tecnócratas. Ahora finalmente le llegó el turno a la cabeza del régimen más corrupto del Ecuador.

Sin la dirección y coordinación de Correa, la red de sobornos descubierta habría sido prácticamente imposible. Tal como sucede en toda organización criminal, sin una cabeza de mando que controla a todos sus miembros y vela por su funcionamiento, como sucedió, por ejemplo, con Al Capone o el Chapo Guzmán –quienes, de paso, no tenían un centavo en sus bolsillos o cuentas–, sin esa cabeza, decía, las mafias o los carteles no podrían operar. Y así fue como funcionó por una década el gobierno correísta, como una mafia o un cartel. El poder que logró consolidar su líder máximo le permitió desarrollar un gobierno paralelo, una suerte de Estado dentro de otro Estado, para saquear así las arcas fiscales, despilfarrar nuestros recursos y perseguir cobardemente a las pocas voces –fundamentalmente de periodistas– que lo cuestionaban.

Y, sin embargo, nos falta mucho todavía. Aún quedan varios nombres que aparecen en la lista de los sobornos y que no han sido vinculados. Habrá seguramente una explicación de peso para esa decisión que el país tiene derecho a conocer. Además, las sumas involucradas en el caso de los sobornos no llegan ni al dos por ciento de lo saqueado. Los negociados en Coca Codo, Seguros Sucre, las comisiones de las preventas petroleras, las triangulaciones entre el lavado de dinero venezolano con empresas ecuatorianas simulando exportaciones, así como la compra de helicópteros chatarra son apenas una pizca de las decenas y decenas de atracos.

Faltan también las coimas que cobraban nada menos que magistrados de la Corte “cervecera”, los sobreprecios de los miles de kilómetros de carreteras, calles, avenidas y veredas construidos, entre otras, por las empresas que aparecen en la lista de sobornos, los beneficios obtenidos a cambio de entregarle a dedo al Sr. González un emporio de frecuencias en franca violación de la ley, los sobreprecios de los edificios judiciales, y así por el estilo.

Falta además recuperar lo robado. En efecto, las mafias (correístas y no correístas) seguramente recibieron con gran alivio el hecho de que el Gobierno no haya establecido una comisión internacional con amplias facultades de investigación, al estilo de Guatemala, y haya, en cambio, optado por una caricatura de ella. Falta endurecer las penas para los delitos contra la Administración Pública, como lo ha propuesto el asambleísta Fernando Callejas. Faltan muchas cosas. Pero fundamentalmente falta decisión política. (Hernán Pérez Loose – Diario El Universo) Caricatura: Chamorro La Hora

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