Sr. Vargas, es Ud. un necio

Señor Jaime Vargas: lo suyo es temerario. Primero fue el despropósito inconstitucional del decreto de excepción en los territorios indígenas, que firmó usted de su puño y letra y que incluía la despótica barbaridad de imponer pena de secuestro a policías y militares. Luego, antes de que el gallo cantara tres veces, lo negó usted todo, con la cobardía que lo caracteriza; en la Asamblea Nacional se lavó las manos; se desentendió de las consecuencias de semejante arbitrariedad. Con esta historia del decreto, lo mismo que con el bochornoso episodio de su pedido de destitución de los jueces constitucionales, que también negó usted a pesar de haberlo firmado, dejó claro que su palabra, incluso escrita, no vale nada. Y ahora, ya en la cresta de la ola de su propia desvergüenza, anda usted por las comunidades, paseado su catadura de Mussolini trasnochado, ofensivo y arrogante, decidiendo quién entra y quién no, quién puede transitar y quién no, quién en este país tiene derechos y quién no; administrando, respaldado en la muchedumbre sin la cual usted no es nadie, la libre movilidad de la gente como si el territorio de la República del Ecuador fuera su traspatio.

Su ascenso a la cúpula de la Conaie, señor Vargas, es un síntoma de la decadencia de lo que alguna vez fue el movimiento indígena más importante de América Latina. Su falta de formación política y su ignorancia resultan insufribles. Confunde usted Estado con nación y circunscripción con territorio. En cuanto a la Constitución de la República, la ha leído a medias y la entiende mal. Esta ignorancia mantiene hechizado al movimiento indígena a tal extremo que hasta Nina Pacari se presentó en la televisión hablando disparates sobre la ubicuidad de los territorios indígenas. Una vergüenza.

En su peregrino pensamiento, las palabras “territorios indígenas” le dan a usted derecho a todo. Pues sepa que está muy equivocado. Del artículo primero de la Constitución, leyó usted la parte del Estado plurinacional y se saltó la del Estado unitario. Se saltó el artículo 56, donde se establece que las comunidades indígenas “forman parte del Estado ecuatoriano, único e indivisible”, lo que significa que a usted puede no gustarle la Policía pero no puede desconocerla ni imponerle condiciones.

Leyó lo que le convenía del capítulo cuarto del título segundo, sobre los derechos de los pueblos indígenas, donde se les garantiza la propiedad de las tierras comunitarias y ancestrales; pero se saltó el capítulo segundo del título quinto, sobre la organización del territorio, donde se instituye el procedimiento que deben seguir las nacionalidades si quieren ejercer el gobierno autónomo de esos territorios: consulta popular aprobada por las dos terceras partes de los votos válidos de la circunscripción, previa solicitud al Consejo Nacional Electoral con el respaldo del diez por ciento de los empadronados. Y eso, señor Vargas, ese procedimiento que conduce a la formación de una circunscripción territorial indígena (de las que solo hay dos en el Ecuador: una quichua, en Pastaza; otra shuar, en la cordillera del Cóndor), no sirve para decretar estados de emergencia y secuestrar militares y policías, como cree usted en sus delirios, sino para asumir competencias de gobierno. ¿Está listo usted para algo parecido o solo entiende de bloqueos y amenazas?

Así que entérese, señor Vargas: usted es un líder social, importante si se quiere, pero no es autoridad de nada en el territorio ecuatoriano. Usted no prohíbe ni permite a nadie circular por ningún lado. Nadie le debe explicaciones, nadie le debe obediencia. Y al paso que va, nadie le profesará respeto. (Roberto Aguilar – Diario Expreso)

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