La Conaie ve racistas hasta en la sopa

Montar una campaña mediática para posicionar la idea de que cualquier crítica a la dirigencia indígena es una expresión de racismo y clasismo es, por ahora, una prioridad en la agenda de los estrategas de comunicación de la Conaie.

La campaña se ha intensificado en los últimos días con la elaboración y divulgación de mensajes y memes en redes sociales en los que se trata de estigmatizar como racistas a los periodistas y líderes de opinión que han expresado críticas a la dirigencia indígena, por la forma en que ha conducido al movimiento desde el paro de octubre.  Se trata de fotografías  acompañadas de frases, en unos casos descontextualizadas, que pueden ser percibidas como expresiones de odio racial o de clase. También hay memes con frases que no son descontextualizadas pero que no tienen siquiera relación con el tema racial. Esos mensajes, sin embargo, van empaquetados con un marco gráfico en el que se induce al lector a asumir que se trata de una mirada racista y clasista.

La estrategia, en realidad, es muy sencilla: por ejemplo, se coloca la foto de un periodista como Anderson Boscán con una frase suya completamente descontextualizada a la que se le suma etiquetas sobre racismo y clasismo. Lo mismo se hace con la foto del caricaturista Xavier Bonilla o del periodista Carlos Vera.  Dentro de esas imágenes o memes, se colocan afirmaciones o hashtags que mencionen la palabra racismo o clasismo con el evidente fin de marcar al personaje escogido. #RacistaOfendido, dice una de las etiquetas. #ClasistaOfendido, dice otra.

Cuando la mecánica es citar frases que nada tienen que ver con el indigenado como actor social, entonces el resultado es mucho más burdo y grosero. Por ejemplo, en el caso de este pelagato: se reprodujo un tuit suyo del 6 de noviembre en que critica la pregunta, burda y totalitaria, del comunicador de la Confeniae, Andrés Tapia, de «¿A esto le llamaron secuestro?», que iba a acompañada de una foto en la que aparece un grupo de policías que comen durante el secuestro del que fueron víctimas en el Ágora de la Casa de la Cultura. O en el caso del economista Alberto Acosta Burneo, que escribió asimismo en un tuit, «indígenas quieren la que riqueza sea distribuida de forma equitativa… Traducción: tú trabajas, tú inviertes… y yo vivo de tu trabajo». En ambos casos, no se hace ninguna mención al tema racial pero el texto aparece bajo un lema, escrito en un rojo intenso, que dice «El racismo no construye Ecuador». En el caso de este pelagato, el mensaje de la Conaie va acompañado de la opinión de Apawki Castro (foto), comunicador de la Conaie y asesor, al menos hasta octubre, del Consejo Nacional Electoral. «Martín Pallares ha demostrado una vez más su carácter racista y clasista», pone Castro. ¿Tenía algo de racista lo dicho por el pelagato o lo dicho por Acosta Burneo? Evidentemente que no, pero el encabezado induce al receptor del mensaje a percibir a la frase como producto de un prejuicio racial.

La campaña, por lo pronto, ya tiene algunos objetivos: los periodistas Carlos Vera, Anderson Boscán, Luis Eduardo Vivanco y este pelagato; columnistas como Rafael Lugo y Alberto Acosta Burneo, la catedrática Lolo Miño y los asambleístas Fabricio Villamar y Henry Cucalón. Todos han sido etiquetados, de la misma forma, como racistas y clasistas.

La campaña tiene un objetivo más que evidente: deslegitimar a quienes han sido críticos con la forma en que la dirigencia del movimiento indígena se ha comportado desde las manifestaciones de octubre. Para hacerlo, el equipo de comunicación de la Conaie utiliza como herramienta un concepto como el del racismo con el que la sociedad ecuatoriana tiene una relación muy compleja. Victimizarse echando mano de una idea tan sensible para una sociedad donde hay una mirada de culpa y condescendencia ante el indígena, sin duda ofrece réditos.

El uso de la acusación de racismo también cumple otra tarea importante para la dirigencia indígena: neutralizar con la victimización la imagen de violentos que han proyectado desde los sucesos de octubre  El truco está en mostrarse inmensamente débiles ya no solo frente al Estado al que tachan de represor y opresor sino frente a la opinión pública donde periodistas y activistas de redes sociales tienen un peso específico importante. La idea es excitar el sentimiento de empatía, de compasión frente al débil y muchas veces de culpa que los ecuatorianos sienten frente al indígena. Si fulano de tal aparece como racista, representa todo lo malo y lo feo que lleva dentro un importante segmento de la población.

Cuando los comunicadores de la Conaie, como Apawki Castro y Andrés Tapia, así como los dirigentes Leonidas Iza o Nayra Chalán acusan de racistas a quienes han sido críticos con la Conaie, lo que realmente hacen es pretender que sus pueblos no sean tratados como a iguales. El verdadero respeto al indígena no es opinar sobre sus acciones desde la condescendencia sino desde la igualdad. La condescendencia con la que pretenden que se trate a la dirigencia de la Conaie (no criticarlos es precisamente eso) es una forma de paternalismo. Pretender que no se considere al indígena como un igual, es decir no someterlo al mismo escrutinio que a cualquier otro actor de la vida pública, es perpetuar el paternalismo que no es otra cosa que una actitud colonialista.

Con esta  campaña, el equipo de comunicadores de la Conaie únicamente perpetúa la perversa idea de que el indígena no puede ser visto como un igual. (Martín Pallares – 4 Pelagatos)

En la foto de la Asamblea Nacional, Apawki Castro, comunicador de la Conaie

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