Yaku Pérez: «Como abogado, me pagaron mejor que con el vil metal; con abrazos”

Un frío algo soportable para quien no está acostumbrado a las mañanas cuencanas. Yaku Pérez ha vivido bajo ese ambiente austral desde siempre. Llega a la Casa de la Provincia, sede de la Prefectura del Azuay, en su bicicleta para recibir a EXPRESO en el despacho que ocupa hace casi seis meses.

– EXPRESO publicó el pasado 20 de octubre que usted es el presidente de la compañía Agroazuay tal como refleja la página web de la Superintendencia de Compañías. ¿Es incorrecto?

– Claro que soy el presidente, pero no porque tengo acciones, sino en representación del Gobierno del Azuay porque son fondos públicos.

– ¿Es incorrecto el dato publicado de su pago de impuesto a la renta en 0 dólares que está en la página web del SRI?

– Yo declaro en 0 dólares el impuesto a la renta porque no llego a la base imponible. Y si no llego, no es obligación legal pagar un solo centavo. Mi declaración es el 0.

– ¿Entonces la información es correcta?

– Esa parte sí.

– ¿Considera que figuras públicas como políticos, empresarios, dirigentes sociales deberían ser totalmente transparentes en cuanto a su declaración de impuestos y patrimonio?

– Así debe ser siempre. Porque al ser figuras públicas, incluso los 16 millones de ecuatorianos, pero sí debemos dar ejemplo.

– Entonces, ¿por qué el reclamo a este Diario si lo publicado es correcto y en base a información de libre acceso?

– Sí, mi reclamo no es sobre el Servicio de Rentas Internas… Mi reclamo es porque me hacen aparecer como que soy accionista de una empresa y soy presidente. Cuando he aclarado no por tener acciones a título personal soy el presidente, sino por ser el prefecto electo.

– ¿Cuánto es su sueldo actual?

– Mi sueldo es de 5.500 dólares, legalmente. Sin embargo, mi primer decreto fue bajarme el sueldo a la mitad. Y en este momento me depositan en mi cuenta como 2.200 dólares. El resto va al Seguro Social y la mitad va a un fondo del agua. En el presupuesto de 2020 he pedido que no solo en la práctica se me haya bajado el sueldo, sino que en el sistema informático aparezca que no estoy percibiendo los 5.500 dólares, sino la mitad. Eso ya consta. Por eso también se están bajando (el sueldo) los directores departamentales para que en el presupuesto de 2020 mi sueldo sea la mitad del anterior prefecto.

– Y antes de ser prefecto, ¿cuál era su sueldo y de qué actividades vivía?

– De mis honorarios como abogado en el libre ejercicio profesional.

– ¿Cuánto percibía?

– No recuerdo con precisión. Del Caso Quimsacocha no recibí ni un centavo. Cuando defendí a mis hermanos de Victoria del Portete no gané ni un centavo. Cuando defendí con esta acción de protección con medidas cautelares que paró a la empresa Junefield no cobré ni un centavo. Pero me pagaron mejor que con el vil metal; con el abrazo, las lágrimas de alegría, con ese calor humano. 

La Prefectura tiene la mayoría de acciones de la compañía Agroazuay y por tanto el prefecto, ipso facto, es el presidente. La compañía no es privada. No tengo ni una acción.

– Pero con algo tenía que sustentar los gastos propios y de su familia…

– A más de eso he sido profesor de la Universidad de Cuenca, de la del Azuay y de la Politécnica Salesiana. Y he dado muchas conferencias. Mi estudio jurídico nunca ha estado vacío. Me pagaban para legalización de tierras, adjudicaciones de agua. He cobrado en demandas de prescripción de inmuebles, en casos penales. Es más, puedo decir que vivía en mejores condiciones que cuando estaba en la dirigencia de la Ecuarunari. Ahí fue donde empezó mi declive económico. No tenía mucho tiempo. Tenía para vivir como clase media baja.

– Pero para tener una idea, ¿ganaba al mes 1.500 o 1.800 dólares tal vez?

– Había veces en las que no ganaba nada en dos o tres meses y al cuarto mes me venía un buen casito y ganaba unos 3.000 dólares.

– De acuerdo con el registro de pago de predios del Municipio de Cuenca, usted paga impuesto por dos predios. ¿Le alcanzaban esos ingresos para sustentar el mantenimiento de esos inmuebles, sus gastos personales y los de su familia?

– Los predios los adquirí hace mucho tiempo con crédito en ambas ocasiones. La primera con la JEP y en la otra con el Banco de Pichincha. Eso ya hace unos 10 años. Para pagar estos impuestos que no es mucho, me parece que, si la memoria no me es infiel sumando los dos, son 120 dólares al año. Es una cifra que no es mucho, por lo tanto puedo pagar.

– ¿Son lotes vacíos?

– Son casas. Una casa es donde funciona mi oficina jurídica, que está destinada más para mis retoñas, y la otra es la casa donde yo vivo, que la construimos con mi fallecida esposa. Ella también tenía su sueldo, era docente y pudimos pagarlo. Además, tengo otra propiedad que no está a mi nombre, sino de mi mamá. Ella me regaló el terreno, pero no legalicé. Hicimos una casita y eso ocupa ella. Es en Tarqui, en el campo.

– ¿Cree usted que las realidades de las comunidades indígenas frente a la de sus líderes dirigentes son iguales?

– En las comunidades, por ventura, hay comuneros que fruto de su trabajo han hecho su dinerito. Acá en la zona austral, hay campesinos que no solo tienen su casa de dos o tres pisos, sino que tienen otro terrenito y otro terrenito. Y tienen su carro e hijos estudiando en entidades privadas. Es fruto del trabajo y la emigración. Y eso es un buen porcentaje en la zona austral… Y claro que hay unos que no tienen nada, ni una raya de tierra. Y claro quisiéramos que haya una retribución social. En el caso de otros compañeros qué lindo que puedan tener ingresos.

– Si la necesidad de las comunidades indígenas sigue siendo precaria, ¿quién les falla: el Gobierno o los líderes indígenas? ¿Quién o quiénes?

– La falla es estructural. No podemos culpar a un Gobierno. Ningún Gobierno ha vuelto a pagar esa deuda histórica con el movimiento indígena. No se trata de que los ricos se empobrezcan, sino que los pobres puedan tener un mayor apoyo del Estado. Que los pobres no se vuelvan más pobres y que los ricos no sean más ricos. Hay que corregir esas gigantescas desigualdades sociales para evitar explosiones sociales.

– Si la falla es estructural, entonces parte de la culpa está también en la dirigencia indígena…

– Tal vez por no ser más radicales en su exigencia. Tal vez eso. Nos concentramos en cositas parche. Nos concentramos en el tema de los subsidios cuando es estructural. Que empiece por el tema de la educación, por ejemplo… No creo que ha fallado la dirigencia, jamás. Uno que otro dirigente haya tenido sus exabruptos, pero eso no es regla general. Es una excepción. Y que uno y otro dirigente haya tenido sus errores u horrores puede haber existido. Eso es parte de la cotidianidad. (Diario Expreso)

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