¿Qué pasó con los precios al consumidor en 2019?

A inicios de esta semana el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC) publicó las cifras de inflación correspondientes a diciembre de 2019. Según la institución oficial, al cierre del año pasado la tasa anual de inflación en el país fue de -0,1%. Es decir, entre diciembre de 2018 e igual mes de 2019 los precios al consumidor, en general, mostraron una muy ligera caída (pese a lo cual el Gobierno decidió incrementar, una vez más, el salario básico unificado). No obstante, no todos los productos que forman parte del Índice de Precios al Consumidor (IPC) se comportaron de igual manera. En algunos casos los precios cayeron de manera más pronunciada que la tasa general y en otros los precios se incrementaron.

A nivel de grupos, los resultados de diciembre permiten establecer algunas tendencias. Por un lado, entre los productos que muestran las mayores caídas en sus precios están los bienes o servicios “prescindibles”; es decir, aquellos que un hogar puede dejar de consumir o postergar su consumo ante una situación económica difícil como la actual. Es el caso, por ejemplo, de la categoría “prendas de vestir y calzado”, cuyos precios vienen cayendo de manera sostenida desde hace algunos años y que en 2019 mostraron una variación de -2,1%. Otros grupos de productos con caídas de más de 1% en sus precios son muebles y artículos para el hogar (-1,4%) y bienes y servicios diversos (-1,1%), que incluye productos de cuidado personal (peluquería, cremas, perfumes), relojes, gafas y carteras, entre otros. También la categoría “comunicaciones” registró una leve caída en sus precios (-0,3%), que se explica por una baja de más de 16% en el precio de los teléfonos celulares. En otros grupos de productos “prescindibles”, como “recreación y cultura” y “restaurantes y hoteles” los precios permanecieron estables en 2019 (pero habían caído levemente en 2018).

Pese a no tratarse de productos “prescindibles”, la categoría de “alimentos y bebidas no alcohólicas” también registró una caída en sus precios el año pasado (-0,6%), que responde a reducciones en productos como galletas, chocolates, carne, condimentos, agua embotellada y gaseosas, entre otros. Este comportamiento permite establecer una segunda tendencia: más allá de los bienes y servicios “prescindibles”, los grupos de productos cuyos precios se están ajustando son, en casi todos los casos, productos transables; es decir, que se pueden exportar e importar. Aparte de una actitud más cautelosa de los consumidores en un contexto económico complicado, la caída de algunos precios puede deberse a rebajas arancelarias (por ejemplo, para productos procedentes de la Unión Europea) y al fortalecimiento del dólar frente a las monedas de algunos socios comerciales (por ejemplo, el peso colombiano), lo que provoca que los productos de esos países se abaraten comparativamente frente a los producidos localmente.

Por otro lado, los grupos de bienes y servicios cuyos precios mostraron incrementos en 2019 corresponden, de manera casi general, a productos no transables, es decir, aquellos que no se pueden importar o exportar. Dentro de estos grupos destacan la categoría “educación”, cuyos precios aumentaron 3% en 2019 (sobre todo por las alzas en educación inicial, básica y bachillerato) y salud, donde el aumento fue de 1,4% (en parte por un alza cercana al 3% en el valor de las consultas con médicos especialistas y los servicios odontológicos y por aumentos de más de 2% en gastos de hospitalización y exámenes de laboratorio). Otro grupo de productos no transables cuyos precios aumentaron fue el de “alojamiento, agua, electricidad, gas y otros combustibles” (0,4%). Esa alza se explica principalmente por los mayores precios en los alquileres de casas, departamentos y piezas. (También la categoría “transporte” mostró un alza en sus precios, pero ésta responde fundamentalmente al aumento de la gasolina extra que se dio a finales de diciembre de 2018; en realidad, otros productos de esa categoría, como autos y motos, mostraron caídas en sus precios).

En resumen, mientras los productos transables (especialmente los “prescindibles”) registraron en 2019 reducciones en sus precios, servicios que se deben consumir localmente y que son difíciles de reemplazar para los hogares, como educación, salud y alquiler de vivienda, continuaron mostrando incrementos. En ese contexto, la pregunta sería: ¿qué justifica esos aumentos (en los costos de las consultas médicas, de las pensiones escolares o de los alquileres) en un país donde los precios en general están estancados o cayendo? Una parte se puede justificar por el aumento salarial que se aprobó para 2019, pero también parece explicarse por el hábito (que no se puede seguir manteniendo) de elevar los precios de ciertos servicios una vez al año, simplemente por costumbre. (José Hidalgo – 4 Pelagatos)

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