En Manta, por abandono o descuido, hay muchos perros pitbull en las calles

María Cevallos tiene un perro, 15 gatos y 10 pollos. Pero aquí lo importante no son los gatos ni los pollos, sino el perro: un pitbull de año y medio que se deja quitar la comida de los pollos y a veces hasta de los gatos.

Esta historia es la que María cuenta para dar a conocer que su perro no es agresivo.
Que todo depende de cómo los críes. “Yo puedo decir que es hasta un poco ‘quedado’, porque se deja ver la cara de los gatos”, dice.

Ella ha educado muy bien a Hachico (su pitbull). Le ha enseñado a querer a los gatos y el perro entendió. Ahora juega con ellos y es muy dócil. Le enseñó además a no salir del patio, y el perro lo captó muy bien.

Hachico es un pitbull que ha sido bien educado y vive con María en su casa, ubicada en Las Cumbres.

Datos del Departamento de Bienestar Animal revelan que el pitbull es la segunda raza que más deambula en las calles de Manta; en primer lugar están los perros mestizos.

“No sabemos por qué está pasando esto, pero es algo que se ve a diario”, señala Iván Murillo, jefe de la unidad.

Esta oficina rescata entre 15 y 16 perros pitbull cada semana de las calles de la ciudad.

Los sectores donde más encuentran esta raza de perros abandonados son La Revancha, Urbirríos y Divino Niño. Les siguen otros barrios, pero en menor cantidad.

La razón, cuenta Murillo, es que los dueños dejan las puertas de sus casas abiertas y hay animales que pueden escapar; algunos vuelven y otros no, simplemente se pierden.

De allí vienen los ataques a otros perros y gatos. De allí se forman jaurías que luego la gente reporta y se asustan porque ven que en ese grupo hay un pitbull. 

Murillo dijo que no hay que estigmatizar a las razas de perros, ya que el animal solo acepta y adopta la conducta que le imponen.

“El pitbull es la segunda raza más amorosa en el mundo, después del golden. Lo que pasa es que mucha gente no los sabe educar. Hay personas que se dedican a la cría y reproducción de estos animales para venderlos, y llegará el momento en que se va a restringir”, expresó.

>A ser sociable. Danna Mendoza también tiene un perro pitbull desde hace 15 años.
Cuenta que desde pequeño le enseñó a ser sociable.

Ella comenta que la actitud de esta raza depende de cómo se la ha educado. Hay que enseñarles a convivir con otros animales y con la gente. “Yo, por ejemplo, tengo otra perra de raza pequeña schnauzer y nunca le ha pasado nada”, añadió.

Mendoza comentó que es un error lanzarlos a las calles, donde se vuelven más agresivos; lo ideal es esterilizarlos.
“Tampoco estoy de acuerdo con la  gente que se dedica a hacer crías para venderlos”, dijo.  

Debido a que los perros de razas pitbull y rottweiler son considerados como causantes de daño y severidad de lesiones ante un ataque al ser humano, se determinó que sus propietarios deben contar con una licencia de tenencia.

Esto consta en el Reglamento Nacional de la Tenencia y Manejo Responsable de Perros, que se emitió el 19 de febrero de 2009 para que sea cumplido a nivel nacional bajo las especificaciones realizadas.

Esta disposición consta en el capítulo dos, donde incluso se señala que está prohibido tenerlos como mascotas, hecho que también se aplica para los perros mestizos que sean el resultado del cruce con este tipo de razas.

Quienes deseen tenerlos están obligados a obtener la licencia emitida por el Departamento de Criminalística de la Policía Nacional, esto para que se avale que el dueño del can tiene la capacidad de controlar su comportamiento.

Además, se indica que la reproducción de pitbull, rottweiler y sus mestizos se podrá realizar únicamente en criaderos autorizados por la Agencia Ecuatoriana de Aseguramiento de Calidad del Agro (Agrocalidad), y, en caso de que esto no se respete, se especifica que el Comisario de Salud sancionará con cinco salarios básicos unificados mensuales y los clausurará hasta que el propietario regularice su criadero.
Todas estas reglas están allí, pero los controles son escasos. (EL DIARIO)