El correísmo no puede hasta ahora con su cuco

El más reciente operativo del correísmo para sacar a Fernando Villavicencio de la escena política fracasó: el corazón de la denuncia formulada en contra del presidente de la Comisión de Fiscalización resultó ser más chimbo que billete de tres dólares. El jueves la central de inteligencia del Gobierno, Cies, y ayer, 16 de septiembre, la Presidencia de la República certificaron que el supuesto informe de inteligencia, que era la base de la denuncia que se había hecho ante la Fiscalía y que fue publicado en un opaco blog dedicado a información sobre Venezuela, nunca existió. Ni en esta administración ni en las anteriores. Según Fernando Cedeño, el asambleísta que presentó la denuncia acompañado de Pamela Aguirre, el blog Venezolano News tuvo acceso y publicó un informe de inteligencia del gobierno de Guillermo Lasso, según el cual Villavicencio cobra el 6% de los contratos de compras de medicinas en varios hospitales públicos.

El operativo del que hace parte Cedeño responde a una necesidad vital de los correístas: neutralizar y silenciar a Villavicencio, sobre todo desde que empezó a revelar información sobre la supuesta conexión entre altos cuadros de ese movimiento con el narcotráfico. Cedeño, apareció el viernes en Pichincha, la radio del más rabioso correísmo, para insistir en una información que, a simple vista, resultaba muy difícil de acreditar por el mismo hecho de que Venezolano News advirtió que no podía corroborar si lo que decía su publicación era cierta o no. Correa se sumó a la campaña para apoyar esa supuesta primicia y en un tuit dijo que él se había enterado, por terceros, que ese documento fue elaborado durante el gobierno de Lenín Moreno. «La información que yo tengo, de fuente absolutamente confiable, es que es una investigación absolutamente real del Cies, no en época de Lasso, sino de Moreno». Correa escribió luego de que el Cies dijo que el documento no había sido elaborado por esa dependencia, pero ya no dijo nada luego de que la Presidencia afirmó que ese documento nunca existió.

La denuncia es el colofón de una escalada de los esfuerzos, nada nuevos, que el correísmo ha desplegado para neutralizar a su más enconado rival político en la Asamblea. El operativo arrancó a raíz de la declaración que Villavicencio hizo el 30 de agosto en la Asamblea: allí sostuvo que un importante operador del narcotráfico, llamado Pedro Zamora, alias «el Bambi», es el contacto entre el prófugo Javier Jordán y el correísmo. Villavicencio publicó incluso fotografías donde aparece “El Bambi” participando en presentaciones públicas de Rafael Correa cuando era Presidente. La pareja de «El Bambi», sostuvo, es además asistente de la presidenta de UNES, Marcela Aguiñaga.

La información del asambleísta activó muchos cortocircuitos dentro del correísmo donde, se sabe, muchos creen que Villavicencio tiene más información sobre el tema que podría destapar pronto. Además, de que la información estaría siendo filtrada por gente de UNES. Esto disparó intentos desesperados para desprestigiar a Villavicencio. Los asambleístas Ronny Aleaga y Marcela Holguín lo denunciaron ante la Fiscalía. El primero, por violación a la intimidad y delitos de odio; la segunda por supuesta calumnia al haber dicho que tiene un troll center trabajando en la Asamblea. El correísmo también quiere sancionarlo: Aleaga acusó ante el Consejo de Administración de la Asamblea a Villavicencio por incitar -dice- al odio en el pleno.

Las denuncias hechas por Aleaga, Holguín y Cedeño acompañado de Pamela Aguirre, fueron amplificadas por los medios alineados con el correísmo y su aparato de comunicación en redes sociales, al punto de que el asambleístas fue tendencia con la etiqueta #Villavicenciomiente al menos durante dos días la semana pasada. Prácticamente todos los asambleístas de UNES participaron de dicha tendencia y Rafael Correa replicó los mensajes. Incluso la cuenta de Twitter de la bancada de UNES publicó un comunicado en su contra afirmando que «destilar odio y hacer del Curul un espacio de revanchismo político, pagado con los impuestos de los ecuatorianos, es DETESTABLE».

Los intentos por silenciar a Villavicencio y desprestigiarlo en redes y medios son, en realidad, anteriores a este operativo. Hay al menos tres intentos, documentados por testimonios de asambleístas, de que UNES quiso arrebatarle la Presidencia de la Comisión de Fiscalización. Se la ofrecieron al asambleísta Bruno Segovia, adherente de Yaku Pérez, a cambio del voto que falta en ese organismo para nombrar otro presidente. Segovia, durante la sesión del 8 de septiembre de la Comisión, hizo la revelación: primero,  Roberto Cuero le preguntó si no le interesaba la Presidencia de la comisión, con la promesa de que ellos le darían los votos para acceder a ella. Luego una disidente de Pachakutik, Mireya Pazmiño, insistió en la gestión. El resultado fue asimismo, un no rotundo.

Villavicencio, y esto lo sabe cualquier observador parlamentario o periodista que cubre la Asamblea, es el cuco de los correístas en la Asamblea. Cuando arranca cualquier de sus intervenciones, los asambleístas de UNES interrumpen incluso sus interacciones con sus teléfonos para escucharlo. «Saben que tiene mucha información y eso los pone nerviosos», dice un periodista parlamentario que asiste todos los días a la Asamblea.

El correísmo vio que sacar a Villavicencio de la Comisión de Fiscalización era causa perdida y sus operadores decidieron, entonces, activar este nuevo esfuerzo para quitarle crédito a sus denuncias e iniciar una acción penal en su contra en la Fiscalía. Sin embargo, la denuncia en la Fiscalía promete no ir a ningún lado tras el desmentido del Cies y de la Presidencia y para sancionarlo en la Asamblea no hay los votos: la Izquierda Democrática y Pachakutik ya han dicho que no darán sus votos para aquello. Así, Correa y los suyos poco o nada han podido hacer hasta ahora en contra de su cuco. (MARTIN PALLARES – 4 PELAGATOS)

Foto: Asamblea Nacional