El Estado no puede ser sospechoso: el caso de María Belén Bernal

El 13 de septiembre, la Fiscalía reportó en sus redes sociales la desaparición de María Belén Bernal. Primero, se mencionó que se produjo después de que, supuestamente, Bernal tomara un taxi en el sector de Miravalle.

Después de unas horas, la versión cambió. Bernal habría concurrido a la Escuela Superior de Policía, ubicada en el sector de Pusuquí, para encontrarse con su esposo, un policía en servicio activo.

Según las declaraciones de sus familiares, Bernal ingresó a la Escuela Superior de Policía, en horas de la madrugada del domingo 11 de septiembre, y de ahí no salió.

Con base en esa información, la Fiscalía realizó sobrevuelos y verificaciones en la Escuela y sus alrededores; es decir, para que haya una acción de ese tipo, significa que existen sospechas de que María Belén pudo haber desaparecido en esa área.

Según el ministro Patricio Carrillo, no se puede corroborar si ella abandonó o no la institución policial, debido a “fallas de seguridad”, pues el vehículo en el que salió el esposo el domingo por la noche, a través de una puerta posterior, no fue registrado.

Si una mujer desaparece en unas instalaciones de la Policía Nacional y, después de cuatro días, no se sabe qué pasó, la situación de inseguridad ya es preocupante.

¿Cómo se puede hablar de una falla de seguridad en una institución policial?

Un guardia de seguridad, de cualquier condominio, lleva una bitácora y registra a quienes entran y salen.

Esa respuesta no deja de causarme dudas. ¿Se está encubriendo a alguien? ¿Por qué el ministro se demoró tanto para pronunciarse? Si las redes sociales no se encendían por la desaparición de María Belén, tal vez seguiría callado.

¿Por qué el ministro no ordenó antes la búsqueda de María Belén y suspendió todas las actividades en la Escuela?

Sí, puede ser que María Belén y su esposo tuvieran problemas, pero ella desapareció posiblemente dentro de una institución policial y, en ese contexto, su desaparición no es un asunto privado, se extiende no solo a la Policía, sino al Estado.

Ahora, la situación subió de tono, aunque parece que las autoridades no ven que el único sospechoso no es el esposo de la desaparecida, sino las instituciones que deberían velar por la seguridad de todos: la Policía, el Estado.

Estamos hablando de un oficial de policía, que ha sido capacitado para velar por los derechos humanos y la seguridad de las personas, pero su paradero es desconocido, mientras que la última vez que su esposa fue vista fue en la institución policial donde él se encontraba.

La desaparición de María Belén Bernal ha venido a confirmar que el Estado sí existe, aunque muchos dicen que no, pero al parecer no nos protege.

Todos los días reclamamos por la inseguridad y la violencia, y la respuesta es que el monstruo es muy grande; que las mafias son poderosas, al igual que el crimen organizado y los peces gordos que están detrás.

Pero, ahora, ministro, en una cancha tan pequeña como en el de una Escuela de Policía, ¿cómo es posible que no se sepa qué pasó con María Belén Bernal?

Si la desaparición de Bernal se llegara a confirmar en las condiciones que acabo de describir en este artículo, lo habremos perdido todo. Todos deberían ser sospechosos, menos la Policía, menos el Estado.

Cuando terminé de escribir esta columna todavía no se sabía nada del paradero de María Belén Bernal.

Ella tiene que aparecer viva. Ella tiene que estar bien.

Fuente: primicias.ec

Yasmín Salazar Méndez Profesora e Investigadora del Departamento de Economía Cuantitativa de la Escuela Politécnica Nacional EPN. Doctora en Economía. Investiga sobre temas relacionados con pobreza y desigualdad.

Primicias.ec: https://www.primicias.ec/noticias/firmas/desaparicion-bernal-escuela-policia-ecuador/