Mesas de diálogo: su equívoco estaba cantado

Las mesas de diálogo entre el gobierno y la dirigencia indígena, así como están, son el perfecto retrato de lo que estaban destinadas a ser: un completo malentendido.

Ese equívoco estaba cantado. En teoría, Leonidas Iza y sus amigos iban a poner a consideración del gobierno 10 reivindicaciones sociales. En realidad, han tratado burdamente de imponer al gobierno, elegido en las urnas, su programa maximalista de gobierno que la ciudadanía no ha validado. Las 10 reivindicaciones se convirtieron en decenas vinculadas con su modelo económico y político -dirigista, terriblemente estatista- que se sienten facultados a imponer por sentirse vencedores luego de 18 días de paralizaciones, violencia y actos de terrorismo.

El balance de las mesas de diálogo, cuyo trabajo concluirá el 12 de octubre, fue dado a conocer por los mediadores de la Conferencia Episcopal en un documento en el que destacan dos hechos: las bondades del diálogo como mecanismo para superar diferencias. Y una certeza que es, en los hechos, un error conceptual del episcopado: creer que un proyecto político debe construirse con la inclusión de todos.

No es así: un proyecto de país sí requiere coincidencias y adhesión, ojalá de todos, alrededor de algunos puntos fundamentales. Un proyecto político debe competir, en cambio, con otros proyectos en las urnas y aquel que logra el favor ciudadano obtiene legitimidad para ser aplicado. Aquí conviene recordar que Guillermo Lasso ganó las elecciones presidenciales; no Iza y sus amigos.

Los resultados parciales de las mesas de diálogo registran, entonces, las distorsiones conceptuales y políticas que albergan desde su inicio. Cuatro en especial.
Uno: los movimientos indígenas se sentaron a negociar tras una asonada violenta en la que cometieron un rosario de delitos.
Dos: sus pedidos, que eran diez, se multiplicaron al punto que hay diez mesas, con temas y subtemas, 54 acuerdos, decenas de desacuerdos y mesas por instalar.
Tres: muchas de las demandas están más allá de un simple pliego de peticiones sociales: son propuestas de gobierno.
Cuatro: su eventual aprobación convierte a esos colectivos políticos en colegisladores, por fuera del marco institucional, o en cogobierno.

Si todo esto no es inconstitucional, es paladinamente antidemocrático. No puede el conjunto de la nación hacerse cargo de compromisos que intenta forzar un grupo minoritario, al amparo de la violencia y en un contexto de nuevas amenazas de violentar al país.

Esta amalgama da lugar a un cuerpo de demandas dispar. Hay acuerdos absurdos. Un ejemplo: fijar porcentajes adicionales a los operativos para frenar el contrabando de productos agrícolas y pecuarios por distrito. Se habla de 10 por ciento. O pretender que el gobierno haga de puente entre los distribuidores y las comunidades para fijar el precio del transporte de gas entre el depósito y el consumidor final. Aunque se da a entender que el cilindro de 15 kilogramos no puede exceder USD 1,60…

Hay acuerdos de cogobierno en el sector de hidrocarburos y minero, como 4P ya mostró. Hay acuerdos para que los líderes políticos se alcen con toda la educación intercultural bilingüe. En este sentido, los llamados diálogos entre la Conaie, la Feine y la Fenocin, resultan concebidos, desde la perspectiva de Iza y sus amigos, para desembocar en un desencuentro.

Ellos no privilegian el mejoramiento real de las comunidades sino la concepción bajo la cual se tiene que hacer. Y, por supuesto, pretenden reemplazar el mercado por el Estado e implantar la rectoría que, sin haber ganado en las urnas, quieren ejercer sobre parte de las políticas públicas del país en general. Esta es la segunda parte del guion. La primera fue poner al gobierno de rodillas mediante la violencia y el terrorismo del cual no quieren hablar.

Queda el colofón, que es el mismo de octubre-2019: volver amnésico al país y, de yapa, pedir indemnizaciones. Andrés Tapia, representante de la Confeniae, ahora convirtió los eventos de junio, en el cual hubo actos de terrorismo, en una mera “disputa de sentidos” y de diferencia de visiones. Ahí radica para él -no en la violencia, no en el secuestro de la sociedad- la supuesta “criminalización de líderes y luchadores sociales”.

Respetar a Iza y a sus amigos implica, entonces, dejarse violentar, aceptar ser víctimas de sus actos terroristas, firmar a ojo cerrado lo que demandan y declararse amnésico. Ah, y competir con sosería en ese concurso de ingenuos en que han querido volver las mesas de diálogo. (JOSE HERNANDEZ – 4 PELAGATOS)

Foto: El Universo