Y sí, el Gobierno la jodió

Noventa días tuvo el Gobierno para poner un cable a tierra. No lo hizo. Y la desconexión con la realidad, representada en este caso por el movimiento indígena, fue elocuente en la clausura de las mesas de diálogo. La euforia de Francisco Jiménez, ministro de Gobierno, desentonó con la parquedad de Leonidas Iza.

Jiménez estuvo prosopopéyico; Iza mezquino. Jiménez habló de 218 acuerdos; Iza dijo que el miércoles, en una mesa de seguimiento que van a crear, dirán cuántos acuerdos hay; pero habla incluso de retrocesos. Jiménez dio por hecho que hay acuerdos en temas económicos, productivos, de salud, educación, derechos laborales y seguridad. Iza sólo celebró “avances bastante importantes” en la mesa de Derechos Colectivos, donde se alzó con el 100% de lo que pedían en Educación Intercultural Bilingüe. Su repaso fue lacónico. ¿Subsidios? No está avanzado. ¿Alivio financiero? No hay concreción. ¿Control de precios? No hay. ¿Minería? No hay acuerdo. Jiménez practica una retórica insufrible; Iza es amigo del refrán popular “plata en mano, culo en tierra”.

Por eso, al hablar de las deudas aprovechó para anunciar que si la gente no puede pagar (eso lo juzgará él), “tendremos que volver a las calles”. Orondo dijo que aquello no es una amenaza. Jiménez habló después de él y se ve que no lo escuchó. Persistió, sin cargo de conciencia, en esa visión torpemente voluntariosa que exhibe desde los hechos violentos que impusieron al país Iza y sus amigos en junio pasado.

De ahí vienen esos 218 acuerdos que promociona el Gobierno y que Iza no reconoce. De ahí viene el discurso rimbombante, según el cual el Gobierno se hizo cargo de tantos años de iniquidades y olvido de las comunidades más pobres. Jiménez vende al país ese discurso que es, en realidad, un peligroso malentendido.

Porque vamos a ver: ¿las comunidades indígenas merecen ser atendidas? Obvio. 4P ha propuesto algunas veces una suerte de plan Marshall para ellas y los más pobres. Pero Iza no es un reformista y Jiménez finge no saberlo. No lo dijo al país. ¿No ha leído Estallido, el libro donde el líder indígena -con una honradez intelectual que se le agradece- confiesa que su plan es destruir este sistema? Y si no leyó, Jiménez podía (o los otros ministros) decir al país los pedidos que llegaban a las mesas de diálogo. Ahora se pueden leer en el “Acta de Cierre de Proceso” que, por error o conveniencia, está incompleta: hace falta la entrega insensata de la educación de los niños indígenas a unos dirigentes políticos fanáticos.

Es inverosímil toparse con algunas de las cosas que aceptó el Gobierno y otras muchas que rechazó. El conjunto, en todo caso, no habla de simples reivindicaciones de luchadores sociales: es el programa político de Iza y otros radicales. Por eso resulta aleccionador leer los desacuerdos. Iza y sus amigos pidieron -por ejemplo y como resultado del paro violento y supuestamente reinvindicativo de junio- que Ecuador no firme el “Plan Ecuador” con Estados Unidos y que el Gobierno les entregue información sobre todos los acuerdos suscritos con ese país.

También trazaron -e impusieron- políticas en el manejo petrolero y minero, en la política de rehabilitación en las cárceles, en la política de seguridad ciudadana, en la política tributaria, en la ley que se hará sobre Petroecuador… Y, por intermedio del Ejecutivo, pretendieron dictar políticas a la Fiscalía. Ahora lo harán con la Asamblea Nacional.

¿Atender a las comunidades más pobres? No hay duda. Pero el Gobierno no está negociando con un líder indígena ortodoxo. Iza es un revolucionario que no se oculta y Jiménez jugó, con entusiasmo y una enorme irresponsabilidad, el papel de ingenuo. Iza le agradeció… mientras en su discurso atacó al presidente Lasso. Como si Jiménez actuara por cuenta propia.

El Gobierno sabía que no debía abrir el compás. Lo hizo. Y Jiménez, colmo de la ironía, se felicita de haber pasado de diez pedidos a 218 acuerdos. La estrategia, ante un político leninista como Iza, parecía sencilla: reducir sus pedidos a temas vitales para sus comunidades y exigirle -poniendo al país de testigo- que el resto (su programa político) lo ponga a consideración de los electores. Si querían neutralizarlo, no lo lograron. Le permitieron chantajearlos y obtener, por esa vía, lo que las urnas no le han dado.

Ahora Jiménez -¿con total acuerdo del presidente?- ha cedido a nombre del Estado y del país ante un puñado de dirigentes que, prevalidos de las ventajas que les otorga la fuerza callejera, quieren cogobernar en unos casos y, en todos los casos, boicotear, mediante la amenaza, la gestión de este gobierno. Y de los sucesivos. Porque además estiran a su antojo los derechos previstos en el marco de un Estado plurinacional. Otra bomba de tiempo. (JOSE HERNANDEZ – 4 PELAGATOS)

Foto: Ministerio de Gobierno.