Al fin Lasso voltea la tortilla

Guillermo Lasso experimentó estos días, en forma dramática, lo que es ser presidente en horas aciagas. Una situación que saca en general a los mandatarios de sus esquemas tradicionales y los pone a interactuar -con la adrenalina debida- con la realidad tal y como es. No tal y como se la filtran sus asesores.

El presidente Lasso siempre ha confesado sentirse a gusto en la adversidad. Parte de su biografía -que está en sus libros- está escrita desde la convicción de haber vencido condiciones que le eran desfavorables. De ser cierto, mejor que así sea porque esta situación que vive el país, tras los ataques de las bandas criminales, está lejos de ser coyuntural.

Esta vez, el presidente Lasso neutralizó en buena medida en 48 horas la violencia de bandas criminales y la extorsión que le llegó desde la Penitenciaría del Litoral, desde donde algunos presos debían ser transferidos a otra cárcel. Esta reacción, en el campo policial y militar, tuvo una incidencia definitiva en el campo político. Gracias a su postura y a los resultados positivos, el presidente desarmó la intentona golpista propiciada por el correísmo a la que se adhirió la cúpula del PSC. Ahí está el comunicado firmado por Alfredo Serrano.

Lasso lo logró gracias a un cambio radical de actitud: abandonó el fondo de la cancha -como dicen en tenis- y subió a la red a marcar puntos ganadores. Asumió su papel de líder y supo interpretar la angustia del momento y transmitir confianza al país. Ese éxito se notó en la sesión de ayer en la Asamblea concebida por el correísmo como una ocasión para destituirlo. De épica, esa reunión terminó siendo una convocatoria insulsa. El país político se vio forzado por las circunstancias a aterrizar en el único andarivel posible en el capítulo seguridad: no usar políticamente el tema, asumirlo pragmáticamente y establecer con el Ejecutivo una línea de colaboración que redunde en resultados positivos para Ecuador en los campos policial, militar y social.

Nada indica que el correísmo y sus aliados no volverán a intentarlo. Sin embargo, el presidente habrá inaugurado un estilo de liderazgo que la opinión premió: usó su autoridad y los mecanismos de seguridad del Estado para defender al país. Acabó con la ambivalencia (diálogo con los jefes pandilleros o aplicación de la ley) en el manejo de las cárceles. Dejó de ser reactivo y puso la iniciativa de su lado. Produjo hechos políticos basados en acciones reales que, a su vez, fueron la materia prima de la información oficial. Entendió que los hechos (producidos por el poder y cuyos resultados se notan) son el único antídoto para que la opinión no sea abusada, en el tema de la inseguridad, por la propaganda política de la oposición.

El presidente transita en este momento por el terreno de la gran política en el cual un mandatario puede incidir para que sus gobernados, viéndolo enfrentar con valentía la adversidad, admitan la realidad y dejen de pensar con los deseos. Ese es el cambio de chip que Andrés Seminario, nuevo Secretario de Comunicación, pedía que operen los ciudadanos. Se olvidó decir que el cambio de chip lo debe propiciar el líder; no al revés. Y esta vez el presidente aporta la prueba. Algo parecido ocurrió con las vacunas.

Ahí radica el dilema que surge en este momento: ¿el presidente, que asumió este tipo de liderazgo presionado por los eventos, aceptará que ese es el perfil de liderazgo que el país reclama? Que no quiere un gobierno que, ante las críticas, se refugie en la queja de contar con una opinión que tiene “el Sí dañado y el No muy flojo”. Un gobierno que no sea reactivo, como lo ha sido, por ejemplo, en dos casos: ante el desenfreno de Leonidas Iza y el chantaje y la actitud conspirativa de la oposición mayoritaria en la Asamblea.

Lo que ha ocurrido en pocos días genera un manojo de lecciones para el país, pero también, y sobre todo, para el gobierno: la principal quizá es que el presidente no es ministro del Interior, de la Política o de Finanzas: es presidente. Y que el frente político debe crear -basado en acciones de gobierno que cambien la vida de los ciudadanos- hechos políticos. No metáforas en las que es experto Francisco Jiménez, ministro de Gobierno. (JOSE HERNANDEZ – 4 PELAGATOS)

Foto: Presidencia de la República.