Viaje a la organización criminal de Correa

Carlos Pareja Yannuzzelli es un pentito. Esa es la figura que más temen las mafias en Italia. Al punto de celebrar rituales en los cuales muestran a los nuevos miembros lo que les ocurrirá si traicionan el código de lealtad y silencio: la omertà. Un pentito es un traidor.

A Pareja Yannuzzelli, sin embargo, le han salido mal las cosas. Volvió al país el 11 de agosto de 2017 tras un acuerdo -dice él- con el presidente Lenín Moreno y José Serrano, entonces presidente de la Asamblea. Pareja, que estaba acusado de cohecho, peculado, enriquecimiento ilícito y delincuencia organizada, incluye también en el convenio al fiscal de la época, Carlos Baca Mancheno. Según él lo traicionaron y no dieron paso a la cooperación eficaz que solo él sabe lo que contenía. Se entiende que implicaba una delación a cambio de rebaja de su pena, que purga en la cárcel 4 de Quito.

Esa acuerdo de colaboración eficaz ya no es, por lo que dijo ayer en la Comisión de Fiscalización de la Asamblea, su prioridad. En esto se equivocó la Fiscalía de Diana Salazar en sus alertas, del medio a la mitad. Pareja Yannuzzelli ayer calificó esa posibilidad -a lo largo de su comparecencia que duró 04:15, en dos tiempos y con incidentes- de totalmente irrelevante.

¿Qué quiso, qué quiere? “Ayudar al país con la verdad”: es lo que dijo. Mostrar cómo funcionaba el mecanismo corrupto en el cual Correa convirtió el poder Ejecutivo y el conjunto de las instituciones del Estado. En claro, contar en público lo que él dice haber denunciado al propio Correa, a sus ministros, a sus fiscales, a su Contralor, a su Procurador… Es decir, a la misma mafia. Pareja Yannuzzelli, que nada tiene que perder, quiere sacarse el clavo.

Aquí su caso se vuelve muy valioso para la democracia. Porque es inédito. Él estuvo con Correa, a quien conoció en 2005, desde antes de ser gobierno. Desde que Correa fue ministro de Alfredo Palacio. Y desde que se instaló en Carondelet en 2007 hasta 2016. Las denuncias que ayer hizo públicas se dieron desde 2008 en adelante. Correa y su cúpula las conocían obviamente y las tramitaron como disensiones internas: una lucha por el poder y el control con mucho dinero de por medio.

Correa la administró como hace un capo: lo oyó, lo cambió de puestos, lo sacó del país (lo mandó a Houston como cónsul), lo volvió a traer… Pero lo mantuvo de su lado en cargos públicos. Pareja Yannuzzelli siguió en ese engranaje corrupto porque también sacaba provecho económico. La prueba es que hoy tiene el mismo estatus que Correa y Glas (sentenciado) y, como ellos, tiene delitos que lo esperan en los tribunales.

Lo importante para el país no es que él denuncie casos de corrupción en el sector petrolero. Ni que diga que hay un negociado en el diferencial petrolero. Eso se sabía. Ni que señale a Correa como el jefe supremo de ese engranaje. Lo importante es que él, que es un pentito -es decir un mafioso arrepentido- cuente cómo funcionaba por dentro el mecanismo corrupto en que Correa convirtió el Estado. Que cuente lo que significó -en el campo de los negociados- la concentración de poderes y su total control desde Carondelet.

El testimonio de Pareja Yannuzzelli es doblemente valioso. Porque además prueba que ese sistema estaba bloqueado y era seguro para los corruptos. Acuerdos truchos -como el que relató de diez mil millones de dólares a cambio de 181 millones de barriles, ligados a una operación crediticia ilegal con una garantía soberana ilegal- contaban con funcionarios expertos en ponerles barniz de legalidad. Y firmar.

Todas las ilegalidades denunciadas, incluso por los funcionarios de Correa, eran absorbidas por el mecanismo corrupto: los fiscales -Galo Chiriboga en particular- las archivaba. Los códigos mafiosos estaban interiorizados: el gerente de Petroecuador, por serlo, recibía, apenas era nombrado, un millón de dólares. Pareja Yannuzzelli dio muchos otros ejemplos de todo lo que vivió y procesó el correísmo como conductas normales.

Es dable, entonces, extender el mecanismo corrupto que se movía en el sector petrolero, a los demás sectores del Estado y de la economía. En esas circunstancias, es dable, igualmente, asumir como cierta la denuncia central de Pareja Yannuzzelli: el correísmo fue una empresa de crimen organizado y Correa fue el padrino.

No hay lección de ética en la comparecencia de Pareja Yannuzzelli: sólo un viaje para conocer, de cerca, parte de los engranajes del mecanismo corrupto que gobernó al país durante una década. El guía solo podía ser alguien que anduvo en las entrañas del monstruo. (JOSE HERNANDEZ – 4 PELAGATOS)

Foto: El Universo.