¿Hasta dónde Ecuador se ve en la TRI?

El país está feliz con el triunfo de la TRI ante Catar. Enhorabuena. Eso no solo permite mantener vivo el sueño -un paso a la vez- de pasar a octavos de final. También la convierte en símil obligado en el cual muchos quisieran ver al país en su conjunto. ¿Por qué no ser un equipo como la TRI? Un equipo que aprende y gana.

Habrá que esperar a ver si la TRI ha hecho la pedagogía necesaria en la hinchada que es, presuntamente, la nación entera. Para ver si la masa de sus admiradores ha interiorizado el proceso que ha seguido la Selección desde 2002 cuando clasificó al primer mundial Corea-Japón. Porque una vez puede ser obra del azar; cuatro es ya un método que muestra enfoque y actitud.

Antes de 2002, Ecuador era un equipo que parecía condenado a estar en las últimas posiciones en las eliminatorias mundialistas. Y sin embargo, ya había un proceso en marcha que tuvo protagonistas como Dusan Draskovic, desde 1988, y Francisco Maturana, desde 1995. De manera que la primera clasificación, obtenida de la mano de Hernán Darío Gómez, no se explicó por el número de velas puestas a la Virgen de El Quinche. Fue fruto de un proceso.

Estar en el cuarto mundial no es, entonces, obra de la casualidad. Ecuador avanzó a octavos de final en el mundial 2006 en Alemania y terminó en el puesto 12. Y en todas las eliminatorias ha clasificado directamente; es decir, entre las cuatro mejores selecciones de Suramérica. Ahora tiene cerca de 90 jugadores jugando fuera del país y 31 en equipos europeos.

Estos aciertos resultan de encadenamientos virtuosos. Y la realidad futbolística de la TRI recoge y refleja la evolución y crecimiento de los clubes nacionales. El último gran fenómeno, en ese sentido, es el éxito del Independiente del Valle basado en su estructura deportiva y su creatividad empresarial.

Pero Ecuador no es la única selección que mejora. En ese sentido, el éxito no estriba -ya no solamente- en estar en el Mundial (lo cual es siempre un inmenso logro): estriba en sistematizar el encadenamiento de factores que produce buenos resultados. Una tarea más habitual en selecciones europeas que en las latinoamericanas.

Por eso hay que ver cómo el país evaluará los resultados definitivos de la Selección que reanima, como había ocurrido en otros mundiales, algunas facturas siempre pendientes. La primera es la disonancia entre la capacidad de alegría que dispensan los jugadores de Esmeraldas versus los factores crónicos de pobreza que hay en esa provincia. De nuevo se han empezado a escuchar discursos y promesas para pagar parte de esa deuda y habrá que ver si se materializan.

El hecho innegable es que la Selección vuelve a funcionar como un elemento de cohesión nacional. Esto, mientras gane. Se trata, entonces, de un reflejo netamente emotivo que nutre alguna consigna (sí se puede), pero carece de soportes reales donde afincarse en el país. Lo mismo ocurrió, hace 26 años, con Jefferson Pérez al ganar, por la primera vez para Ecuador, una medalla olímpica. O con Richard Carapaz al ganar, en 2019, el giro de Italia. Esas alegrías son tan poco aquilatadas que resultan insuficientes para generar pedagogías sociales.

En este punto, es posible que el país espere imposibles de la TRI que, en los hechos, va por delante de las realidades económicas y políticas. Maturana siempre dijo que se “juega como se vive”. Las expectativas que acaricia la afición hacen pensar que no ve a su selección como reflejo de lo que es, sino como la ilusión de lo que quisiera ser. Si es así, la TRI no servirá de símil. El país no la verá como el espejo en el cual debería mirarse.

Y claro que Ecuador y cada ciudadano ganarían mucho en convertir la TRI, haga lo que haga en Catar, en un referente. Porque ya está entre las 32 mejores selecciones del mundo. Porque está lista a competir con cualquier otra selección. Porque ha venido de menos a más y es producto de un proceso en el cual ha crecido el equipo en general y cada uno de sus jugadores. Y porque los logros -que ya están ahí y pueden ser potenciados- se han obtenido basándose en el trabajo, en planes trazados, en actitudes. No en actos de fe, rosarios o peregrinaciones.

Pase lo que pase en Catar, la TRI hace felizmente lo suyo. Y seguirá haciéndolo. El país político -para solo establecer esa comparación- sigue estancado. Nada ha cambiado para bien desde hace décadas. Por no decir siglos… (JOSE HERNANDEZ – 4 PELAGATOS)

Foto: Redes